Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2011

HIROSHIMA, LA CAMPANA DE LA PAZ

"A quien construya mil grullas de papel, le será concedido un deseo".

Dada su naturaleza, es común que los japoneses recuerden esta leyenda en tiempos difíciles. Mucho se habló de grullas durante las pasadas semanas aquí, y muchos las ven como un símbolo de prosperidad y recuperación.


La campana de la Paz está situada en Heiwa-kōen, o Parque Conmemorativo de la Paz, en Hiroshima. Este monumento es un homenaje a la pequeña Sadako Sasaki. Esta niña, sufrió una leucemia causada por los efectos de la bomba atómica que cayó sobre la ciudad el 6 de agosto de 1945. Ella se propuso hacer mil grullas de papel, para pedir por su curación y por la definitiva paz en el mundo. Murió cuando tenía 644 hechas.


Sus compañeros de escuela se propusieron acabar entonces lo que Sadako había empezado, y construyeron las grullas que a ella le faltaron. Después , se levantó este monumento, con una niña levantando una grulla dorada, en recuerdo de la pequeña Sadako, y de todos los niños que murieron a causa de la bomba.



En la base de la estatua se puede leer:



"Este es nuestro grito, esta es nuestro rezo: paz en el mundo"

lunes, 13 de diciembre de 2010

HIROSHIMA, LA CÚPULA DE GEMBAKU

Soy de los que piensa que en los lugares donde ha habido mucho sufrimiento, éste se queda para siempre impregnando el ambiente. Los muros, árboles y objetos saben bien lo que ha pasado, y tengo la impresión de que son los más rencorosos. Jamás olvidan lo vivido. Me ha pasado otras veces y me volvió a pasar en la ciudad de Hiroshima. Caso especialmente grave por lo catastrófico y brutal de lo allí acontencido hace ya 65 años.


Me resulta extraño pensar que un legado de un desastre de tal magnitud, pueda convertirse en uno de los mayores iconos de la paz mundial. Que la herencia de un acto fruto de la estupidez humana, pueda ser plataforma de la tolerancia cero con las armas nucleares. Pero así es.



Como tantas veces nos intentaron hacer creer, no fue el único edificio que quedó en pie. Algunos otros cerca del epicentro de la explosión aguantaron el envite. Aunque sí es el más emblemático, por lo que ha quedado para que recordemos lo que no debe volver a suceder jamás.




Curioso fue poder observar el edificio sin más turistas que nosotros mismos. Una soledad que hace que los escalofríos sean más agudos. Estás allí un rato. Miras, observas e, inevitablemente, piensas. Pero no te quedas mucho tiempo, algo te empuja a tratar a este lugar con sumo respeto y a alejarte pasados unos minutos.





Enorme el contraste que ofrecen los habitantes de esta ciudad al sur de Japón. Han conseguido reconstruir una ciudad viva y digna de ser descubierta mas allá de aquel absurdo 6 de agosto de 1945.

¡Un abrazo!