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miércoles, 27 de mayo de 2015

SÓLO EN JAPÓN

Se dice que uno nunca se da cuenta de lo que tiene...hasta que lo pierde. Esto puede ser más o menos cierto dependiendo de lo que ocupe la conversación que estamos teniendo. Lo que si parece más creíble es que a veces nos despistamos y se nos olvida valorar lo bueno que nos está ocurriendo en un momento concreto de la vida.

Ayer me tuvieron que recordar una de las cosas que más me gustan de vivir en Japón, de esas que en silencio te hacen la vida más fácil, relajan tu espíritu y te ayudan a vivir en paz con lo que te rodea.

Del siguiente vídeo os hablo:


Una explicación gráfica tan simple como compleja de la honradez de este pueblo. Y es que las cosas se construyen desde la base, y entender la educación como una cuestión de respeto a los demás no es más costoso que cualquier otra forma de educar, pero en este punto concreto es evidentemente mucho mejor.

También podrían venir los que nunca se creen nada, a decir que todo está manipulado y que esas imágenes no demuestra nada. Cierto, Jordi Hurtado, pero no me habrás oído a mí decir tal cosa. Sólo te cuento que la realidad que yo he vivido estos años en Japón me ha demostrado que la gran mayoría de la gente es así de honrada, humilde y respetuosa. Este vídeo sólo me ha servido como recordatorio de una realidad que la experiencia se ha encargado de demostrarme.

Y si no quería yo caldo, pues dos tazas. Hace escasos diez minutos he pasado frente al rincón de objetos perdidos de la cafetería, y allí me he topado con una de esas cosas que me hacen sonreír, todavía, después de tanto tiempo aquí: mil yenes (casi diez euritos) esperando tristes y desconsolados a su dueño, que supongo que sonreirá mucho más que yo cuando se encuentre con ellos y se de cuenta de que, si todos somos buenos, esto funciona.


domingo, 2 de marzo de 2014

EL VÁTER PARA NO INICIADOS

Uno de los mayores temores del viajero que emprende rumbo a Japón es si va a ser capaz de comprender o, al menos, hacerse entender en este país. Lo más optimista que podría deciros es que sí, pero tampoco sería del todo cierto, así que os diré que de hambre uno no se muere, pero en que ciertos momentos la comunicación es del todo imposible sino hablas japonés. Así, te puedes ver frente a la puertas de unos baños públicos sin saber cual es la puerta de los maromos y cual la de las señoras, porque sólo hay un kanji que tú no entiendes, y ningún símbolo universal que te de una pista de donde debe amerizar tu nave.

Como de todo hay en la viña del señor, hay quien se preocupa de las personas que no dominan el idioma para guiarlas y llevarlas por el buen camino. Y así me encontré yo este artilugio la pasada semana en los servicios de una empresa:


Una consola de mandos para manejar el típico váter japonés, pero en este caso con un esquema en inglés adjunto para explicarte las funciones básicas: apertura y cierre de las tapas (sino ya me contarás tú a mí como empezamos), presión de agua del chorrico (cinco posiciones para trabajos mas y menos arduos), botón para parar (imprescindible en un sistema adictivo como éste), y lo que ellos llaman limpieza frontal (dibujo cara de chica) y limpieza trasera (dibujo del ojete), que no es más que la orientación que seguirá el chorrico en su parábola celestial. Visto así, fácil fácil.

Lo que ocurre es que esto no termina aquí. Este sencillo esquema esconde un sistema mucho más complejo que se descubre abriendo una tapa de la consola que nos deja al descubierto un nuevo mundo incomprensible que estaba ahí, pero que en nuestra bendita ignorancia desconocíamos que existía:


Las funciones básicas siguen estando ahí, pero muchas otras se agolpan a los lados esperando a ser aprovechadas para nuestra propia higiene y beneficio. ¿Sabéis cuáles son esas funciones disfrazadas ahora de kanjis? Pues eso me pasa a mí cada diez minutos en estas tierras dejadas de la mano de Dios.

¡Buena semana majetes!

domingo, 9 de febrero de 2014

DIEZ COSAS QUE HE APRENDIDO DE LOS JAPONESES

Después de vivir en un lugar nuevo durante algún tiempo, parece de recibo, además de adaptarse a las costumbres propias del sitio, aprender los aspectos positivos de la cultura que te toca compartir. En un principio no resulta sencillo; todo es nuevo y habitualmente eso nos satura. Pero una vez que somos capaces de comprender ciertos comportamientos, sería absurdo no recolectar lo bueno, hacerlo un poco nuestro, y conseguir así el objetivo de mejorar día a día.

En esta ocasión me centraré en lo bueno, pero con esto no quiero decir que no haya descubierto cosas negativas. Las hay, a docenas, pero de esas ya hablaremos otro día. Hoy hablamos de lo que me gusta, de lo que he aprendido y me encanta de aquí. Como ya os haréis una idea, ¡oh! inteligentes lectores, todo ello está basado en mi experiencia personal; lo que he podido aprender en el círculo social en el que me muevo, en la empresa para la que trabajo….por lo que cualquier parecido con la realidad de otro individuo sería, probablemente, mera coincidencia.  

1.- Respeto y responsabilidad

El respeto es el icono de los japoneses en todo el mundo, y esto no va a pillar por sorpresa a nadie. Pero aunque bien sabido, no deja de ser un gustazo poder disfrutarlo cada día. Hay mucho (mucho, mucho) más respeto en este país que en ningún otro donde haya estado. En el trabajo, entre amigos, en la propia calle e incluso, por ejemplo, practicando deporte. No oirás un tono de móvil en el metro, ni te molestará nadie por la calle con alguna milonga. Aquí todo el mundo es igual de importante, y no se debe molestar al vecino por el beneficio propio. Eso no quita que haya excepciones puntuales: irrespetuosos haberlos, haylos.

De la mano de ese respeto pasea la responsabilidad nipona. No recuerdo haber tenido que dar mi tarjeta de crédito para reservar un hotel nunca. Ni reservando para mí, ni cuando lo hago para treinta personas. Si digo que voy, es que voy, y si no puedo ir aviso con suficiente antelación. Cuando eso pasa, te dan las gracias por la cancelación y te invitan a acompañarles en otra ocasión. Estas situaciones sólo pueden funcionar cuando la mayoría de la gente es responsable y respeta el oficio y el esfuerzo de los demás. Y doy fe de que la cosa funciona y que es un placer que las cosas sean así.

2.- Perfección en el servicio 

Seguro que no os resulta rara la situación de ir a tomar un café a un bar cualquiera, o a echar gasolina en el coche, y encontraos al típico dependiente maleducado con cara de vinagre al que parece que le haces un favor por comprar en su comercio. No es lo habitual, pero pasa en muchos sitios del mundo con más frecuencia de la debida. Gente que debería atender al cliente correctamente y en lugar de eso te estropea el día con un detalle desagradable. Pues amigos, eso creo que en Japón no me ha pasado todavía. Aquí casi todo el mundo es muy profesional sea cual sea el trabajo que desempeñe. Vas a una cafetería y tienes 5 personas corriendo como descosidos para servirte el café cuanto antes, en las mejores condiciones, con una educación envidiable y, si ese día tienes suerte, con una bonita sonrisa de oreja a oreja.

Os contaré una anécdota del primer viaje Albacete-Japón Express que explica muy bien a lo que me refiero. Cuando llegamos al hotel tradicional de Nikko, el director del establecimiento pasó a saludarnos antes de empezar la cena. Lo sorprendente del asunto es que se había preparado un pequeño discurso de bienvenida ¡en español!. Y sin haber estudiado jamás una palabra en nuestro idioma se las arregló para estar un par de minutos hablando. Increíble.

3.- Te digo que no sin decírtelo

Término conocido como Haragei (leer este artículo de Japonismo), y que yo considero más un arte que una habilidad. Se trata de una  parte de la comunicación japonesa mediante gestos o insinuaciones pero sin expresar lo que se siente con claridad. Las primeras veces me las comí con patatas claro. Pedía ayuda a un compañero de trabajo para un experimento y él me decía "sí, sí….creo que mañana puedo…aunque es un poco difícil…" mientras ladeaba su cabezón 36 grados este. Y al día siguiente a la hora acordada estaba yo allí sólo haciendo el curro porque resulta que mi compa, que me había dicho que sí, en realidad me estaba mandando a Cuenca, por la parte sur concretamente. Pero ahora ya no, ahora ya domino la técnica milenaria de "me río de tí y no te das cuenta", y la utilizo a mi favor cuando alguien me pide algo incómodo de hacer. Y oye, va la mar de bien.


4.- Las cosas no son lo que parecen

Y es que cada cultura es un mundo. Los gestos tienen diferente significado en distintos países: la manera de contar con los dedos, la forma de señalarse a uno mismo, la de expresar conformidad o, la tan manida costumbre de hacerle saber a alguien "que se puede ir a tomar por culo en cuanto tenga un ratejo". De la misma forma la percepción de los colores puede ser también diferente. Para los japoneses el color que nos da paso en un semáforo es azul (ao-青) y no nuestro verde que te quiero verde (midori-緑). Ocurre lo mismo cuando nos referimos a una fruta inmadura, para nosotros está verde, y para nuestros coleguitas orientales es azul. Todo ello tiene una historia fantástica, que podéis leer con detalle en este artículo de Kirai.

5.- Hospitalidad

Es otro de los tópicos al hablar de cultura japonesa, pero una vez más no debemos pasarlo por alto sólo porque sea conocido. Por lo general se es amable y cordial con el extranjero y, además de por la entendible curiosidad por lo exótico, tienden siempre a hacer que nos sintamos cómodos en un país que no es el nuestro. No os extrañe estar en un bar tomando una cerveza y que se os acerque alguien simplemente para saber más de vosotros, o simplemente por poder tener una conversación con las tres o cuatro palabras que conocen de otro idioma. Al contrario de lo que podría parecer, no resultan pesados ni molestos, ya que normalmente aplican aquí también la educación y el respeto de los que hablábamos anteriormente. Antes de acercarse y después de haberse ido, os pedirán disculpas trescientas veces pares por si os han molestado en algún momento. Haciendo además repetidas veces lo que explico en el siguiente punto.

6.- Sanas costumbres: agachar el lomo y descalzarse

Me encanta el asunto de las reverencias, ya que me parece una forma muy elegante de mostrar respeto a la persona que tienes delante. Lo hago a todas horas: cuando alguien me abre una puerta, cuando me presentan gente nueva o cuando le cedo a una señora el asiento en el tren. Tened cuidado porque una vez que te picas puedes quedar enganchado para siempre. Y así me podéis ver en situaciones cómicas agachando el lomo cuando voy conduciendo en la moto y alguien me cede el paso (o devolviendo el gesto a la señora a la que dejo cruzar en un paso de cebra), o hablando por teléfono o por skype pegando unos cabezazos que ni en mis mejores tiempos mozos.

Quitarse los zapatos antes de entrar a una casa o un restaurante es otro acierto en todos los sentidos. Por un lado, consigues no introducir la suciedad de la calle, y por otro, es más cómodo caminar descalzo cuadro te acostumbras a ello. Y todo hay que decirlo, de rebote uno cuida bastante más la integridad de sus calcetines, por aquello de la vergüenza.

7.- Gastronomía

Tengo el pico fino, eso es así. Siempre me ha gustado comer bien, y es algo que me viene de fábrica. No necesito mucho; prefiero calidad a cantidad. Tampoco tengo problemas con ningún alimento, pruebo lo que me pongan en el plato, y ya decido después si me gusta más o menos. Antes de venir había comido poca comida japonesa, pero desde que estoy aquí soy un adicto a comer japonés. No hay semana que no coma sushi o sashimi; me flipa el ramen, el udon, la tempura, el okonomiyaki, el kusiage, las gyoza y prácticamente cualquier plato de su gastronomía. Antes los comía porque vine aquí a vivir y es lo que había, pero ahora disfruto de ello tanto como de la gastronomía española. Y también me ha dado por el té verde (cosa que en la vida imaginaba que pasaría) y por algunos tipos de sake. Los japoneses disfrutan muchísimo de la comida (propia y ajena) y forma parte importante de sus vidas. Así que yo, igual.



8.- Relaciones laborales

Esto es algo más a título personal, porque depende de la experiencia de cada cual, pero al fin y al cabo es algo que he aprendido aquí. En el país donde la jerarquía en el trabajo es un referente, a mí me han tocado los dos mejores jefes a los que uno puede aspirar en cuanto se refiere al trato personal. Ni haciendo un esfuerzo hercúleo podría recordar una sola vez que me hayan faltado al respeto en estos tres años. 

Los dos son completamente diferentes: uno de ellos es afable, educado, cariñoso y se desvive porque te encuentres cómodo trabajando. El otro es más despistado e independiente, pero no oirás jamás una mala palabra de su boca, es muy natural y posee el don de la empatía: si yo estoy contento o disfrutando por algún motivo, se alegra instantáneamente por ello y además me lo hace saber, por si no me había enterado. Estos jefes no son de los que deciden que hay reunión a las cuatro y punto y se acabó, sino que te preguntan educadamente qué tal te iría sobre las cuatro, y que si tienes algo que hacer buscamos otro momento sin más problema. Estos jefes son de los que te dicen que si estás cansado, que te vayas a casa que lo primero es sentirse bien. Estos jefes son de los que disfrutan cuando les cuentas lo bien que fueron tus vacaciones, en lugar de ponerte todas las trabas y malas caras del mundo cuando quieres cogértelas. Estos jefes son los JEFES, y los quiero mucho y jamás podré estar lo suficientemente agradecido por todo lo que han hecho y siguen haciendo por mí.

9.- El chorrico

Es inconcebible que el váter japonés no haya ya conquistado el mundo entero. Aunque por lo general provoca algún recelo entre los que lo prueban por primera vez, la mayoría acaba rendido a un invento tan simple como higiénico. Muchas son las funciones novedosas que presenta este artilugio creado por los dioses: tapa que se abre y cierra automáticamente (que evita la eterna discusión entre sexos), música ambiental para amortiguar los incómodos sonidos corporales, chorro de agua de posición y temperatura regulables (según la ubicación del ojete de cada cual), asiento con calefacción para las crudas mañanas invernales o aire caliente para dejarte listo y limpio para el resto de la jornada.



10.- Tranquilidad

Dejo el último punto para lo que más me gusta de vivir aquí: la tranquilidad. Esa es la sensación que tengo el 99% del tiempo. El índice de delincuencia es tan bajo, que en este tiempo aquí no he podido siquiera percibirlo. Nunca pasa nada malo: no te roban, nadie te intimida y, en general, se puede disfrutar de la vida sin incidentes importantes.

Mi moto está siempre aparcada sin candado en la calle y en ocasiones (por desgracia demasiadas) con las llaves puestas porque se me olvida cogerlas. La puerta de casa muchas veces se queda abierta y por allí no entra ni un gato pardo, y mi portátil se queda en las mesas de la cafetería mientras yo voy a pedir algo o al baño sin amo que le cuide. También puedes dormir plácidamente en el metro sin miedo a que te roben (ver foto). Todas estas cosas y muchas más hacen que vayas relajándote poco a poco, que desaparezca el estrés, y que entres en un estado superior de confianza que va genial para el día a día.



Y eso, no tiene precio.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

EMPUJADORES

Se apagan pausadamente las elevadas temperaturas que nos han mantenido activos y pletóricos durante los últimos meses. Se oscurecen las tardes prematuramente, se mueren los rayos de sol antes siquiera de poder calentar un ápice de esa piel que ya pierde su color caoba por momentos. Se apaciguan las ruidosas y alegres risas estivales para dar paso a una época tenue, fría, casi dañina para el carácter.

Se ha terminado el verano.

Y en verano los blogs se duermen, y éste para no ser menos, ha permanecido latente, hablando pero flojo, a raticos nada más, esperando a que septiembre le diera paso para repasar cada una de las noches de verano. Muchas noches llenas de viajes recorriendo nuevos rincones de Japón, España e Indonesia. No todo tiene que ser malo (o al menos es hora de querer verlo así) y partir de este mismo momento aquí estaré contando historias sobre esas aventuras pasadas y sobre ilusiones y proyectos futuros. Esto es lo que hay cuando vives en una rutina de ciclos infinitos.

Y en una pequeña parte de uno de esos diabólicos bucles es cuando suena fuerte el despertador de nuevo, cuando llega el momento de levantarse temprano para comenzar el primer día de trabajo. Esa primera y depresiva jornada de vuelta a la rutina. Y para colmar los males, uno se dirige a coger el transporte público para que la cruda realidad le devuelva a la vida de antes de aquel fantástico verano.

Y allí encuentra a quien le de un empujoncito para tomarse el retorno de otra manera.




*Vídeo grabado y cedido a este blog por el gran Chema.

miércoles, 10 de abril de 2013

SAKURA 桜

Resulta complicado comprender cómo Japón es capaz de vender tan bien al mundo sus tradiciones. Quién no conoce la genialidad de sus templos, la amabilidad de sus ciudadanos, las preciosas chicas en kimono paseando por Gion, o el perfil griego del Monte Fuji que les hace de bandera por todo el planeta. Después de un par de semanas ya viviendo aquí, yo diría, no sin temor a equivocarme estrepitosamente de nuevo, que el secreto de todo está en que les apasiona de corazón su propia cultura.

Chica en kimono contemplando las flores del cerezo en Kioto

La punta de lanza de mi argumento es sin duda el Sakura, o florecimiento de los cerezos. Que sí, que en primavera llegaba el solete y florecían las planticas, eso yo ya lo sabía. Pero cuál fue mi sorpresa cuando vi que aquí eso representaba un acontecimiento festivo sin parangón. El asunto es que el país está plagado de estos árboles tan peculiares, y que cuando a marzo ya le flaquean las fuerzas o nada más se despereza abril (según los años y las zonas del país), las flores empiezan a asomar por los brotes de los cerezos regalando un manto blanco que cambia el aspecto de todo lo que se encuentra a su alcance.



Sakura en un templo de la Isla de Miyajima

Es pocas palabras; en todos los sitios hay flores, pero ningunas son más famosas especiales como las que brotan en Japón. Pero lo mejor de todo es que en esta época además todo se inunda de alegría. La gente sale a los parques aprovechando el buen tiempo, se sienta debajo de los árboles y come y bebe junto a amigos o compañeros de trabajo, en una danza popular conocida por todos como hanami 花見 (contemplación de las flores). 



Templo Kyomizudera durante la floración, Kioto


Una de las calles de mi barrio en Tokio

Todo esto trae como consecuencia que la gente esté más contenta, tanto por el momento en el que se vive, como porque ello representa una puerta de entrada hacia la llegada del buen tiempo y las vacaciones. Un extra de motivación vital que se ha convertido en un círculo vicioso de felicidad, belleza y esperanza, y que los japoneses y residentes aguardamos cada año con impaciencia. Con semejante panorama, ahora seguro que nos resulta más fácil entender la buena venta que tienen estas sencillas flores en el mercado exterior.  Y es que todo quisqui quiere venir a verlas al menos una vez en la vida.

Cerezos en las orillas del lago Kawaguchiko, frente al Monte Fuji


En poco más de dos semanas el viento nos recuerda que el secreto del éxito de los cerezos se esconde en lo efímero. Y todo lo visto queda atrás para darnos paso a la primavera y el verano. Cosa que celebro alegremente, que me parece a mí que suficiente frío hemos pasado ya.

¡Un abrazo!

lunes, 9 de abril de 2012

SAKURA

Ayer pudimos sentir por fin que la primavera había llegado. Los veinte grados que reinaban y el sol radiante hacían que permanecer dentro de un edificio fuera considerado delito de pena mayor. Ha sido un invierno duro, mucho tiempo de espera, pero ayer viniendo al laboratorio me dí cuenta que los cerezos estaban por fin en plena explosión. Totalmente blancos, repletos con miles de flores parecían mucho más grandes que de costumbre, orgullosos y rebosantes de vida. Recuerdo esa misma sensación hace un año, y recuerdo que más tarde pensé en lo rápido que se había desvanecido toda aquella fiesta de colores.

Por la tarde tuvimos el hanami de la empresa. Si quieres montar uno sólo necesitarás cinco sencillos ingredientes: lona azul, abundante comida (ojo que ayer pidieron paellas a domicilio), bebida como para una boda, compañía (agradable si es posible) y un imponente cerezo. A partir de ahí no hay más que hablar de cualquier cosa menos de trabajo y mirar con cara de bobo las flores. Si lo mezclas bien todo es imposible que no te vayas a casa con una gran sonrisa en la cara.

No había empezado la reunión cuando una pequeña ráfaga de aire me devolvió a la realidad. Los primero pétalos ya volaban arrastrados por el viento, cubriendo paso a paso el suelo con ese precioso manto blanco que sólo saca del armario un par de días al año. Había estado esperando durante meses, sabía que sería pasajero, pero no pude dejar de sorprenderme por lo rápido que estaba ocurriendo todo de nuevo. Puede que la magia de esta fiesta esté precisamente en lo efímero.

Viajar esta semana con los amigos del Albacete-Japón Express me ha permitido ver el sakura en muchos sitios distintos que seguro no hubiera disfrutado si no hubieran venido. Me quedo con estas cuatro fotos para compartirlas con vosotros de sitios míticos de Japón que lo son mucho más en cuanto al árbol que tienen al lado le da por florecer.


Templo de Asakusa, Tokio




Templo Hasedera, Kamakura


Cruce de Shibuya de noche (tomada desde la estatua del perro de Hachiko), Tokio

domingo, 25 de marzo de 2012

TODO A SU SERVICIO



No me cansaré de comentar las bondades del excelente servicio de atención al cliente que se despacha habitualmente en este país. Muy mala suerte tendrás si te toca un dependiente o camarero con poca educación o que te atienda con cara de perro. Los empleados de cualquier oficina, cafetería e incluso (y sorprendentemente) gasolinera se desviven por ofrecer un trato eficiente y rápido. No importa cuál sea el negocio, todo el mundo sabe comportarse y tratar a los clientes de una manera fantástica. Seguramente pensaréis que exagero si os digo que no recuerdo un sólo incidente en todo mi tiempo aquí relacionado con el tema. Pues vale, será que exagero.

Cabría entonces indagar sobre los motivos de tal fenómeno. Y creo que ya lo tengo. Deben ser las grandes propinas que aquí se dejan. Error. Este es el único país que un servidor ha pisado en chanclas en el que no sólo no se tienen que dar propinas, si no que como se te ocurra hacerlo salen a por tí a la calle para devolverte el dinero que hayas dejado. Si no es eso, la respuesta tiene que estar necesariamente en que se cobran unos sueldos muy altos. Y en Japón los salarios sí que son superiores a la media en España, pero en el sector servicios suelen ser, como en otros sitios, bastante normalitos. No cobran mucho y no ganan propinas. Y allí están siempre con una gran sonsrisa dispuestos a ayudarte y en ocasiones corriendo (literalmente) para darte la bienvenida a su negocio.

El truco a mi entender está en que hay mucha gente trabajando en todos sitios. Esto mejora considerablemente el servicio y además hace descender la tasa de desempleo, lo que parece una inteligente estrategia conjunta en una nación con visión de conjunto como ésta. Acostumbrado a ésto, cuando vuelvo a España es como encontrarse de bruces con un gran jarro de agua fría. No quiero decir que no haya buenos trabajadores, al contrario, los hay por miles. Pero estaréis de acuerdo conmigo en que no es extraño encontrarte el primer incoveniente, cara larga, falta de educación o simple desidia en cuanto has entrado a cinco comercios distintos en una misma mañana.

¿Y a qué viene esta reflexión primaveral? Pues a que hace unos días tuve que llevar la moto a repararla. Tenían que cambiarle una pieza (me temo que de nuevo la junta de la trócola) que iba a tardar unos diez días en llegar. Mi taller habitual es un garaje que regenta un señor achaparrado y tímido de unos cincuenta años pasados ya de largo. Un pequeño negocio que pases a la hora que pases tiene al dueño detrás de su persiana entreabierta. Pues bien, resulta que durante el tiempo de espera me dijo que me podía prestar una moto de sustitución sin cargo alguno. Así que, aún intentando salir de mi asombro, salí contento y motorizado dando cien veces las gracias mientras el señor me correspondía con mil reverencias desde la puerta del local.



¡Buena semana!

miércoles, 22 de febrero de 2012

SI NO ES SUYO, ¿POR QUÉ LO VAN A COGER?

Me comentaba de forma natural una amiga al poco tiempo de llegar a la ciudad. Su argumento intentaba aplacar los miedos que hacía pocos segundos había mostrado por la temeridad (o al menos eso me parecía a mí) de dejar los móviles y el bolso en las mesa mientras íbamos a pedirnos algo de comer a la barra. Lo que aquel día me pareció ininteligible hoy es parte de mi rutina; vivo en el país más seguro de los que haya visitado nunca, y eso te ofrece una fantástica tranquilidad que aprendes a valorar cuando no puedes disfrutar de ella.

Esto no quiere decir que no haya nunca robos, ni que la delicuencia sea un cero absoluto, pero en mi corta etapa aquí jamás he visto a nadie haciendo el mal por las calles, ni conozco cuento o leyenda que verse sobre alguien atracado ni nada semejante. Que una chica vuelva a casa sola a las tres de la mañana por un callejón oscuro no tiene nada de particular, y bajo mi punto de vista no supone un riesgo.

Pongamos unos ejemplos tangibles de mi vida diaria para intentar explicaros a lo que me refiero.

Voy al trabajo en moto. Cuando la compré me regalaron un candado que nunca he usado y ahí sigue anclado buscando su propio destino. Creo que hay que tener más cuidado de aparcar bien para no dar con la policía, que de proteger tu vehículo de los ladrones y malhechores. Veamos esta foto.



Y os preguntaréis con sorna, ¿para qué nos enseña este precioso motocarro? Este tipo de vehículos son las que suelen usar los mensajeros y demás repartidores de pizzas y anchoas a domicilio. Anda que no me da envidiaca cuando llueve y van ellos tan a gustico debajo de su parapeto. Pero lo interesante del asunto está en el detalle, señora, fíjese en el detalle. Dale zoom chiquitins.



Llaves puestas. No es que la gente se vaya a casa y deje las llaves en el contacto de rutina, pero de manera habitual pueden verse estas situaciones, y tener por seguro que el dueño tendrá su moto intacta cuando vuelva. Yo no las dejo nunca, pero más de un huevaco de veces me he ido y me las he olvidado mientras hacía la compra, o incluso toda la noche en un par de ocasiones.




Ojo que esta vez vamos con la foto de un insulso sofá. Se encuentra situado en una zona donde el personal de mi planta puede relajarse tomándose un café o simplemente charlando. Esta habitación es utilizada por unas doscientas personas aproximadamente. Pero acerquémonos sin miedo amigos, vamos a dar rienda suelta a nuestra observación por un sólo día.



Esos 110 yenes estuvieron en ese asiento dos días sin que nadie los tocara. No es que sea una pasta desde luego, pero lo que sería un euro y poco al cambio sería suficiente para que hubiera desaparecido en algún que otro lugar del mundo. O eso me temo.

Además de estas pequeñas anécdotas, es bastante normal que se reserven mesas con carteras o teléfonos móviles, encontrar gente en el metro dormida profundamente con consolas portátiles o tabletas encima, que en las cafeterías se vaya al baño o se salga a fumar y se deje el ordenador en la mesa triste y desamparado, dejar las bolsas en la cesta de la bici mientras se pasa a comprar a otro sitio, o pasar a comprar a una tienda de ropa y que las chicas dejen el bolso en un banco en una punta del establecimiento mientras miran o se prueban alguna prenda en la otra.



Pues eso, un gustaco. No os robo más tiempo.

¡Un abrazo!

martes, 31 de enero de 2012

LOS JAPONESES Y EL TRABAJO

Tema recurrente el que nos ocupa un primero de febrero cualquiera. Se escribe, se comenta y sobre todo se inventa y conjetura acerca de costumbres, hábitos y leyendas de cualquier civilización que se nos plante por delante. Sólo hay que añadir a un absurdo argumento como "un amigo de mi primo estuvo allí" para darle peso a una opinión a base de añadirle kilos de paja. Lo siguiente no pretende aclarar las mentes de los confusos, ni coronar las opiniones de los preclaros, tan sólo trata de narrar mi experiencia personal tras un tiempo compartiendo microscopios y gomas de borrar con algunos personajes de este país.

PRECAUCIONES

Se habrá de tener en cuenta antes de sacar conclusión alguna que trabajo con científicos, lo que ya de por sí conlleva un halo de rareza congénita que nos ha condenado para siempre a ser llamados frikis, geeks, ratas de laboratorio o nerds (esto último pronunciado alargando mucho la "e" para que resulte más dañino y ofensivo).

HORARIO

Se dice que los japoneses trabajan muchas horas. En esta, mi empresa, esto es categóricamente cierto. La mayoría de los empleados invierten alrededor de 14 horas diarias de su tiempo en dar vida al laboratorio. Desayuno, comida y cena se hacen dentro de este bloque de cemento de lunes a viernes. Me consta que en otras empresas de amigos se trabajan las horas que tocan y punto.
Un pequeño porcentaje viene también el fin de semana dependiendo de las circustancias, aunque trabajar esos días es absolutamente voluntario y no hay ningún tipo de presiones para hacerlo. Sin ninguna duda el que mas curra es el jefe, normalmente 7 días a la semana y a casi todas horas.

MÉTODO

Es bien conocida la fama de Japón como sociedad de grupo, sin embargo en mi trabajo la gente es muy individualista. Hay ciertas taréas programadas que son de equipo por norma, pero fuera de ellas cada cual va a su rollo de una manera increíble. La gente con sus cascos, sus experimentos y su culo. Si necesitas ayuda, eso sí, te será prestada amablemente, pero la próxima vez aprende a hacerlo solo por favor.
Un aspecto sorprendente son lo inflexible de las reglas. Las cosas se llevan haciendo así mucho tiempo y así es como se seguirán haciendo. No importa que coincida un interesante congreso en el instituto con el día en el que se hace limpieza de laboratorio; a las cuatro de la tarde cero minutos se para toda actividad para cambiar las bolsas y sacar las cajas al reciclaje. Diez minutos después, se vuelve al congreso. Se lleva la disciplina a un grado superior.

RELACIONES

La cordialidad, la educación y el compañerismo reinan en la oficina. Nunca hay broncas y no he visto a nadie jamás enfadado, o al menos, demostrándolo. Pero aquí la persona que está compartiendo codos contigo es tu compañero de trabajo, no tu amigo. Esto me choca especialmente porque cuando trabajaba en España tenía grandes amigos en la universidad. Es un lugar donde pasas más horas que con tu familia, por lo que creo que es una gente que debería tener cierta importancia en tu vida.
Existe la costumbre de salir de vez en cuando de nomikai 飲み会 (reunión para beber) a tomar cervezas en un izakaya hasta caer rendidos. El ambiente siempre es bueno en esas cenas y no importa que los jefes también estén presentes. Muchas cañas y muchas risas, pero de amistad ná de ná.

MITOS Y LEYENDAS

Los japoneses son muy eficientes y productivos. Pues ni sí ni no. Aquí se produce mucho porque se trabajo mucho, pero no considero que la eficiencia sea muy alta. Esto no debe extrañar a nadie, porque no es posible estar al cien por cien tantas horas seguidas. Se pierde la mitad del tiempo haciendo el mono, aunque esto ya lo había visto en cualquier otro sitio antes. A la peña, como es normal no le gusta trabajar, y ningún jurado popular, salvo el que tiene en nómina el señor Camps, los condenaría por ello.
Algunos japoneses duermen en el trabajo. En mi empresa el jefe tiene su saco de dormir siempre extendido y listo en una de sus oficinas, y alguna otra gente se queda a dormir toda la noche en la silla de vez en cuando, pero tengo que decir que son los menos. Lo que es más habitual es que la gente duerma pequeñas siestas delante de su ordenador o incluso en las reuniones o congresos, sin que nadie se espante por ello. Veinte minutos sobando como una bestia y aún he visto a ese genio con pelotas suficientes para despertarse y hacer una pregunta sobre la charla.

jueves, 19 de enero de 2012

DAIKAN 大寒

La semana pasada recibíamos los primeros copos blancos de la temporada en Tokio. Friaco que hizo esa mañana y enorme la nevada con la amaneció la ciudad, susurrándonos a voz en grito que nos quedáramos en casa al amparo de nuestra manta. No pudo ser, y con las mismas un servidor, que no es muy listo, montó valiente su moto y llegó al trabajo como un jodío chuzo de punta.

Lo que yo no podía imaginar es que esa repentina ola de frío no fue un capricho invernal cualquiera. Y es que el pueblo es soberano y sabe más que nadie. Ese día era la víspera de lo que en Japón denominan como Daikan 大寒, o como entenderíamos nosotros, en una traducción libre y casera , "la de Cristo bendito de frío".



El primer kanji 大 (dai) significa mucho o grande, y el segundo 寒 (kan) quiere decir frío (también se puede leer como samui). Y todo junto nos indica que el 21 de enero es el día que los japoneses consideran tradicionalmente el día más frío del año.

Esta jornada ha quedado además como preludio del Setsubun 節分(literalmente separación de estaciones), una celebración que se festejaba en cada cambio de estación, pero que actualmente se celebra sólo el 3 de febrero para festejar que se deja atrás al invierno y dar la bienvenida a la esperada primavera. El Setsubun tiene asociados algunos curiosos rituales que algún día os contaré. O no, ya veremos.

El asunto es que en mi instituto hacen una fiesta con este motivo; la Setsubun Party (hernia inguinal le dió al que le puso tal nombre), y que, sin saber bien por donde me ha venido la tollina, me han nombrado coordinador del evento y tengo que organizar comida, bebida y entretenimiento para ciento y la madre a caballo.



¡Feliz semana!

martes, 17 de enero de 2012

EL DESCONSUELO CONTROLADO

Necesito huevos para el rebozo de las croquetas. Ese fascinante pensamiento ocupaba gran parte de mi cabeza anoche, mientras salía del gimnasio para coger el ascensor que me llevara a la planta baja de unos de los edificios del Sunshine City. Lo cierto es que no me apetecía absolutamente nada tener que ir ahora al supermercado. Hacía mucho frío y quería manta y mi pijama, que es mío. Mientras me quejaba amargamente a mí mismo por algo que iba a terminar haciendo de todas maneras, ya había enfilado aquel largo pasillo que, sin tener que salir más que dos minutos a la calle, me dejaría directo en la puerta del Seiyu.

Salí fuera, y cuando apenas había alcanzado el paso de peatones junto a la entrada, una chica pasó llorando desconsoladamente a mi espalda. Era jovencita, iba vestida de blanco impoluto, muy shibuyera, con un gorro de piel de conejo alpino y unos tacones imposibles. Aunque había llegado a mi altura corriendo como loca, de repente se detuvo a sólo a unos metros de mí. Miraba en todas las direcciones mientras sus lágrimas no cesaban y le gritaba a otra chica que se apresuraba hacia donde ella estaba. Entre las dos se preguntaban una y otra vez "¿dónde está? ¿dónde está?", tras unos instantes alcancé a entender que habían perdido a un niño pequeño. Al comprobar que no se encontraba por la zona decidieron tomar el mismo rumbo que yo llevaba. Se acercaron entonces, parándose junto a mí. No me lo podía creer. Y aún no sé como me contuve para no decirles nada. El semáforo estaba rojo para los peatones, de acuerdo, pero son las diez de la noche y no se ve un coche a muchos metros de distancia. ¡Y hay un niño perdido! Yo mismo habría cruzado si ellas no hubieran estado allí. No entendía nada, pero decidí permanecer inmóvil esperando a que este mar de normas nos diera paso, más por ellas que por mí.

Verde. Las dos chicas salen disparadas, mientras el llanto de la primera, amargo, se apaga dos calles más allá junto al estruendo de sus botas.




jueves, 8 de diciembre de 2011

PAELLA AMERICANA EN JAPÓN



O lo que sería rizar el enrizado rizo. Este plato envasado fue visto en una tienda de la cadena estadounidense Costco, compañía especializada en la venta de alimentos al por mayor, y que tiene varios establecimientos distribuidos por Japón.

Gran descubrimiento, por cierto. Y no me refiero a la paella claro, que es muy jodida. Sino a la posibilidad de comprar cantidades ingentes de comida a unos precios muy inferiores a lo que es habitual en los carísimos supermercados tokiotas. No era el caso concreto de esta paella valenciana auténtica, con sus almejicas y sus mejillones como le gustan a mis valencianitos preferidos, porque esa pequeña bandeja costaba 12 euracos.



¡Buen final de puente!

NOTA MENTAL: Este domingo 11 de diciembre a las 23:59 (hora española) cierro EL CONCURSACO y la suerte quedará en el aire para que uno de vosotros se lance volando a por ella. La semana que viene, vuestro numericos para el sorteo de Navidad del Tío Chiqui.

martes, 29 de noviembre de 2011

PÓNGAME UNOS HIELOS

Este fin de semana tuve ocasión de asistir a mi segunda boda en Japón. Fue un verdadero honor acompañar a la gran Gladys y a su ya esposo en este día tan especial para ambos. La ceremonia y posterior celebración se realizaron en Tsukuba つくば市, en la prefectura de Ibaraki, donde saben mejor que los tokiotas lo que es sufrir terremotos, ya que se ubica en una zona donde se han registrado numerosos temblores desde aquel lejano ya 11 de marzo.

Fue allí donde encontré esta original manera de malgastar de un modo hereje y despiadado unos buenos cubitos de hielo, cosa que yo nunca había visto.



Entiendo que con la intención de ayudar con la limpieza y frescura de los urinarios, pero me gustaría saber si alguno de vosotros puede darme una explicación más científica y descriptiva de la función concreta que tiene el hielo en esos retretes. La más convincente u original se lleva 4 numeracos extra para El Concursaco del blog.

¡Un abrazo!

lunes, 8 de agosto de 2011

HOTEL-SPA PARA PERROS

Esas cosas que oyes, que lees, que se rumorean, pero que nunca viste. Aunque siempre surge el típico listo que tiene un primo que sí lo ha visto. Normalmente un primo sin nombre, sin edad, género ni raza, pero que es el que se encarga de confirmar todos los rumores infundados que sean necesarios; amparándose en el genial argumento de la presunción de verdad que se otorga por pura educación social.


Pero allí estaba delante de mí, así que me lo tuve que creer. En un centro comercial del barrio de Roppongi, un establecimiento para hacer las delicias de los canes más pijos y pudientes de la gran manzana tokiota.

En el vestíbulo, podemos encontrar una tienda con todo lo "necesario" para los perricos.




Si nos adentramos un poco más, descubrimos la zona de peluquería y estética. Fundamental servicio para esas fantásticas recepciones en casa del embajador.



Una vez bien peinados y vestidos como dios manda, qué mejor que un relajante baño con masaje en el Spa. Adjuntaría los precios del asunto, pero iba a herir algunas sensibilidades y qué necesidad tenemos de esos disgustos.


Me hubiera gustado poner fotos del hotel, pero sólo es accesible para clientes alojados en el mismo, y la entrada estaba custodiada por dos feroces caniches que ríete tú de Rantanplan.

Un lugar perfecto para que los pobres ricos puedan meter esos sacos de dinero que ya no caben en casa. Criaturicas.

¡Un abrazo!

lunes, 11 de julio de 2011

EL BOSQUE DE LOS SUICIDIOS

Polémico y espinoso asunto el del suicidio en Japón. No lo es menos en otras partes del mundo, pero la poca claridad en los datos oficiales que ofrecen las autoridades niponas, hace que aumente la curiosidad del mundo por la alta tasa de estos sucesos en el país.


Wataru Tsurumi, señalaba en su novela "El completo manual del suicidio", a Aokigahara (青木ヶ原) o El Bosque de los Suicidios, como el lugar perfecto para quitarse la vida. Mucho tuvo que ver este influyente libro en el auge de la fama de este peculiar lugar, ubicado a las faldas del sagrado Monte Fuji.


Fuerte contraste el que ofrecen las bonitas vistas del monte desde el mismo bosque, con la trágica historia que esconde su frondosa vegetación. Las leyendas lo inundan todo aquí, donde una atmósfera de misticismo pretende quebrar la quietud de este tranquilo paraje. Fantasmas, espíritus, objetos abandonados e historias de curiosos que allí estuvieron. Además, es relativamente sencillo perderse en su interior, ya que las brújulas y GPS no funcionan, debido a los yacimientos de hierro cercanos. Aunque haya explicaciones para todos los gustos al respecto.

Allí estuvimos el pasado otoño dando un pequeño paseo (de día por supuesto). Y lo que encontramos a la entrada fue realmente impactante; este cartel que nos invita a la reflexión.


"Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo"

Se cuenta que no es extraño encontrar objetos diversos y cordones policiales en algunas zonas; recuerdos macabros que nadie se molestó en retirar con el paso del tiempo. Así, nos dimos una vuelta por caminos principales, hicimos unas pocas fotos, y salimos de allí echando leches.

Paseo por Aokigahara from Fernando Picazo on Vimeo.

Que nosotros no creemos en absoluto en meigas, pero no sé si lo sabe usted señora, haberlas haylas.

lunes, 13 de junio de 2011

HOTEL RYOKAN IWASO, MIYAJIMA, JAPÓN

¿Dónde alojarse en Japón? Es una pregunta muy común entre los normalmente perdidos visitantes. Yo siempre recomiendo probar, al menos un par de noches, un alojamiento de los llamados tradicionales. Tendréis que olvidar la cama por unas horas y disfrutar de la experiencia de relajarse y dormir en un futón encima del típico tatami.


Los Ryokan datan del Período Edo, y nacieron debido al gran tránsito de personas existente entre Edo y Kyoto, principalmente por la Ruta de Tokaido o Camino del Mar del Este. El creciente número de viajantes desde entonces, hizo que su desarrollo fuera imparable, estableciéndose en el país una cultura hotelera que refleja la vida y costumbres tradicionales de los japoneses. Mucho han cambiado estos establecimientos desde entonces, pasando de ser hospedajes para viajantes ocasionales, a convertirse en los actuales hoteles de lujo y descanso orientados a turistas.

Estos hoteles suelen ser de una tranquilidad absoluta y muchos se encuentran en contacto directo con la naturaleza. Por lo general tienen jardines y baños comunes (onsen), y normalmente es obligatorio contratar además del alojamiento; el desayuno y la cena. Podréis, a cambio, degustar platos tradicionales y preparados con un gusto exquisito. Además, el trato es familiar y cercano, cuidado al detalle, por lo que resulta un buen lugar para conocer de cerca la popular hospitalidad japonesa.

Os dejo con un vídeo del Ryokan Iwaso, uno de los mejores hoteles tradicionales de la preciosa Isla de Miyajima.


Nombre: Hotel Ryokan Iwaso (página web)


Precio: 340 euros habitación doble (MP, Desayuno y Cena tradicionales)

Valoración: Muy caro, pero me parece una experiencia fundamental para un viaje completo a Japón. Limpieza extrema y trato muy cálido y familiar (aquí se puede disfrutar de la auténtica hospitalidad japonesa), desayuno y cena (estilo kaiseki) tradicionales de excelente calidad, acceso al onsen (baños) incluido en el precio. Bajo mi punto de vista el mejor hotel de la isla de Miyajima.

Puntuación global del Tío Chiqui: 8.8





lunes, 6 de junio de 2011

BIG BEACH FESTIVAL´11

Fecha: 5 de Junio de 2011

Lugar: Makuhari kaihin park (幕張海浜公園), Chiba (千葉市), Japón (日本)



No diré nada más.

jueves, 31 de marzo de 2011

YA ESTÁN AQUÍ


Puntuales a su cita como cada año, las primeras flores empiezan a despertar en los árboles, para anunciarnos la llegada del Hanami (literalemente "ver flores"). Mi primera experiencia con la primavera de este país, de la que sólo he oído cosas buenas.


¿Y en qué se traduce todo esto? Pues la idea básica es dirigirse a algunos de los parques de la ciudad, repletos de cerezos, para contemplar el espectáculo del florecimiento. Qué poético, dirán algunos. Ciertamente tiene su parte. Pero también la suya festiva. Reuniones de amigos, de compañeros de trabajo, mezcladas con barbacoas y muchas cervezas, completan el menú diario de primavera de Tokio.


¿Hanami-Jamón?

Esa idea de Miguel hay que hacerla realidad sin falta.

¿Quién se apunta?

martes, 8 de marzo de 2011

ME BAJO EN LA PRÓXIMA




*Visto en la línea Shonan-Shinjuku, dirección norte.