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martes, 23 de junio de 2015

VOLVER


Los que vivimos en Japón nos topamos cíclicamente con una noticia que, llenándonos de orgullo y satisfacción momentánea, nos acaba siempre por defraudar como un fugaz y frustrado amor de verano.  Me refiero, en este caso, al anuncio del añorado vuelo directo que una por fin nuestros dos países, y que nos haría sin duda que volver a casa fuera más cómodo y accesible.

Actualmente la única opción de llegar a Tokio u Osaka es hacer escala. Las opciones de vuelos son, eso sí, variadas en cuanto a localización, precio, horarios y calidad. Lo más corto es sin duda hacer la parada en Europa, pero es evidente que las compañías aéreas del viejo continente cada vez convencen menos con sus servicios, y muchas veces es preferible aceptar unas pocas horas más de trayecto para disfrutar de empresas como Emirates o Qatar Airways, que hacen el mismo trayecto haciendo escala en los aeropuertos de Dubai y Doha respectivamente. Si lo que nos interesa es el precio, depende de la época del año encontraremos opciones para volar de unos u otros, pero las que suelen tener las tarifas más económicas durante todo el año suelen ser la rusa Aeroflot o la asiática Air China. Allá cada cual con sus gustos y exigencias.

Y es que volver a casa nos es una necesidad vital. No    lo    es. Pero sí es una obligación emocional que nos mantiene unidos a nuestras raíces, a los pueblos que sentimos muy dentro, y de los que decidimos irnos un día ya lejano por aquellas caprichosas circunstancias de la vida. Yo me fui porque quise, lo admito y no tengo queja, pero retomar el contacto físico con los míos me hace falta cada cierto espacio de tiempo. Y es algo que se repite una y otra vez, y que no te deja dormir tranquilo hasta que no haces cuentas con los que te quieren y les pagas con creces hasta el último abrazo que les dejaste a deber.

Esta mañana he vuelto a ilusionarme leyendo lo que muchas otras veces tuve que leer en esta noticia. Parece que debemos ser más optimistas en esta ocasión, ya que Aena está ya sentada a la mesa con varias compañías aéreas discutiendo la posibilidad de hacer realidad el vuelo Madrid-Tokio, y lo que es más importante, conseguir que estos sea posible durante este 2015 con una frecuencia de al menos tres vuelos semanales en cada sentido.



Sólo el tiempo nos dirá si finalmente fragua este proyecto que, a buen seguro, dará un impulso tanto  a las relaciones entre ambos países como al turismo de uno y otro lado. A nosotros, a unos pocos irreductibles que resistimos en la aldea nipona, nos acercarán un pasito más a nuestra tierra; esa tierra que a veces necesitamos sentir bajo nuestros pies para poder seguir caminando por el mundo.

miércoles, 27 de mayo de 2015

SÓLO EN JAPÓN

Se dice que uno nunca se da cuenta de lo que tiene...hasta que lo pierde. Esto puede ser más o menos cierto dependiendo de lo que ocupe la conversación que estamos teniendo. Lo que si parece más creíble es que a veces nos despistamos y se nos olvida valorar lo bueno que nos está ocurriendo en un momento concreto de la vida.

Ayer me tuvieron que recordar una de las cosas que más me gustan de vivir en Japón, de esas que en silencio te hacen la vida más fácil, relajan tu espíritu y te ayudan a vivir en paz con lo que te rodea.

Del siguiente vídeo os hablo:


Una explicación gráfica tan simple como compleja de la honradez de este pueblo. Y es que las cosas se construyen desde la base, y entender la educación como una cuestión de respeto a los demás no es más costoso que cualquier otra forma de educar, pero en este punto concreto es evidentemente mucho mejor.

También podrían venir los que nunca se creen nada, a decir que todo está manipulado y que esas imágenes no demuestra nada. Cierto, Jordi Hurtado, pero no me habrás oído a mí decir tal cosa. Sólo te cuento que la realidad que yo he vivido estos años en Japón me ha demostrado que la gran mayoría de la gente es así de honrada, humilde y respetuosa. Este vídeo sólo me ha servido como recordatorio de una realidad que la experiencia se ha encargado de demostrarme.

Y si no quería yo caldo, pues dos tazas. Hace escasos diez minutos he pasado frente al rincón de objetos perdidos de la cafetería, y allí me he topado con una de esas cosas que me hacen sonreír, todavía, después de tanto tiempo aquí: mil yenes (casi diez euritos) esperando tristes y desconsolados a su dueño, que supongo que sonreirá mucho más que yo cuando se encuentre con ellos y se de cuenta de que, si todos somos buenos, esto funciona.


martes, 27 de enero de 2015

2015

Números. Esas facturas recordadas por impago que nos llevan a momentos puntuales de nuestra existencia. Forman parte del ideario y entretenimiento popular; nos divierte jugar a pensar que están ahí por algún motivo, que son parte de algo místico y profundo que nos guía hacia caminos con sentido, que nos dan pautas de cómo debemos gobernar todo lo que nos acontece. Aunque no creo yo que sean más que cifras al azar, que sirven de matrícula para que lo importante no se alíe con el olvido.

2014

Mi año mariano, el amor de mis amores, el momento en el que decidí dejar de ser uno más del rebaño para asumir riesgos. R   i   e   s   g   o   s. Una época de cambios complicada por lo inestabilidad obvia del asunto, pero enormemente satisfactoria precisamente por el mismo motivo. Cuando uno deja de tener los bastones que le ayudan a andar cada día, no queda más remedio que levantarse a pulso. Y caminar, caminar a tientas, casi a ciegas, en ocasiones con dolor del que pica, pero con la ilusión de quien hace algo por primera vez, pero cada mañana...motivado, imparable.

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El día de la marmota. En uno como esos me planté en el despacho de mi señor jefe para explicarle mis sensaciones. Necesitaba cambiar de rumbo y se lo dije sin ambages: "quiero unos meses para mí; necesito unos meses para mí". Comprendió mi mensaje pero, con todo el cuidado y la empatía posibles, me dijo que no existía una fórmula administrativa que supiera entender mis sentimientos, por lo que no iba a poder ser. "Entonces me voy definitivamente", espeté sin dudarlo. No había otra, si quieres algo no puedes dejarte dominar por las circunstancias, así que buscaría una solución a los problemas que acarreara mi decisión cuando fueran llegando. Probablemente sin seguir un orden lógico.

1

Fue tan sólo uno el órdago que le eché sin cartas a mi admirado sensei. Y logré descolocarlo por completo. Pensándose que era un problema económico, fui tentado no por menos de tres veces para que aceptara mejorar mis condiciones, tantas como tuve que negarme agradecido. Cuando comprendieron que sólo había un camino, mi mano se hizo fuerte, invencible, y aceptaron mi propuesta original, y por fin me regalaron el fantástico tiempo sabático que disfruté.

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El mes que tuve que despertar del plácido sueño vivido, para cumplir con mi parte del trato y volver al cubo de cemento desde donde entonces paso la mayor parte de los días. Duro en los inicios, tedioso, mucho, pero aceptable cuando asumes el peso de la rutina y te centras en lo positivo de esta nueva etapa. Me han atrapado de nuevo señora, pero he aprendido para la próxima y no me volverán a coger vivo. Lo juro.

35

Una cifra nueva y desconocida para mí, que se apunta este año para recordarme que han pasado ya otros tantos otoños con sus inviernos. Y de momento parece que sigo plantando cara y dando guerra, aunque supongo que no debe ser mas que cosa del destino. Muchísimas gracias por todas esas felicitaciones de cumpleaños. Un abrazo muy grande majetes.




lunes, 27 de octubre de 2014

I ENCUENTRO DE PADEL EN JAPÓN - EL VÍDEO -

Ya os conté hace unos meses del I Encuentro de Padel en Japón, además de cómo y por qué surgió aquel evento, también pudimos disfrutar de las fantásticas fotos del gran Ikusuki (y de Teresa). Pero es que este chaval no sólo toma buenas instantáneas, sino que además le das una cámara así sin avisarle; y te graba, procesa y edita un vídeo como un verdadero profesional. Equilicuá.


¡Feliz semana! 

lunes, 7 de abril de 2014

CORTADOR DE JAPÓN

El gran capitán cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul. Quien no conozca el inicio de esta obra de maestra del genio Sabina no tiene excusa, pero como hoy ha salido bueno y hace solete, le perdono, y además le invito a estos cincos minutos de poesía musical española. De nada.

Probarme otras vidas. 

Ese es otro de los objetivos sin fecha de mi retiro espiritual. Ser científico puede ser apasionante y gratificante, pero no me gustaría perderme los experimentos que investigan aquellos que se dedican a otros tantos oficios. No podré decir si me gustan o menos hasta que no los haya latido por mí mismo, porque me temo que eso sería hablar por hablar. Otra vez.

En una semana de jubilado ya me he puesto el disfraz de dos de esas vidas: ayudé al gran Rubén en una fiesta de la embajada, y el pasado domingo me puse cuchillo y afilador por montera para hacer de cortador de jamón en la tienda que la marca española Desigual tiene en pleno Shibuya. Con cuchillos de la gran llanura albaceteña, no te lo pierdas.


Ahí me tenéis posando con mi amiga Tomo-chan, que casualmente trabaja en la misma tienda y con la que fue un placer trabajar. Lo hice lo mejor que pude; repartí jamón y alegría, practiqué mi pobre japonés con los niños que se acercaban y conocí a un montón de gente simpática que se sorprendían de ver ahí un manchego en medio de una tienda de moda dándole al violín sin descanso.

Por lo demás, mis primeras sensaciones de esta nueva vida son positivas, tengo que decir que estoy muy contento. Mi rutina diaria hasta que aterricen los viajeros se basa en ir a clases de japonés, después hacerme un par de horas de deporte y por las noches buscarme alguna jarana flamenca de las buenas. Y así pasan los días, y con ellos las semanas y los meses...

A colarme en el traje y la piel de los hombres que nunca seré.

¡Buena semana majos!

domingo, 9 de febrero de 2014

DIEZ COSAS QUE HE APRENDIDO DE LOS JAPONESES

Después de vivir en un lugar nuevo durante algún tiempo, parece de recibo, además de adaptarse a las costumbres propias del sitio, aprender los aspectos positivos de la cultura que te toca compartir. En un principio no resulta sencillo; todo es nuevo y habitualmente eso nos satura. Pero una vez que somos capaces de comprender ciertos comportamientos, sería absurdo no recolectar lo bueno, hacerlo un poco nuestro, y conseguir así el objetivo de mejorar día a día.

En esta ocasión me centraré en lo bueno, pero con esto no quiero decir que no haya descubierto cosas negativas. Las hay, a docenas, pero de esas ya hablaremos otro día. Hoy hablamos de lo que me gusta, de lo que he aprendido y me encanta de aquí. Como ya os haréis una idea, ¡oh! inteligentes lectores, todo ello está basado en mi experiencia personal; lo que he podido aprender en el círculo social en el que me muevo, en la empresa para la que trabajo….por lo que cualquier parecido con la realidad de otro individuo sería, probablemente, mera coincidencia.  

1.- Respeto y responsabilidad

El respeto es el icono de los japoneses en todo el mundo, y esto no va a pillar por sorpresa a nadie. Pero aunque bien sabido, no deja de ser un gustazo poder disfrutarlo cada día. Hay mucho (mucho, mucho) más respeto en este país que en ningún otro donde haya estado. En el trabajo, entre amigos, en la propia calle e incluso, por ejemplo, practicando deporte. No oirás un tono de móvil en el metro, ni te molestará nadie por la calle con alguna milonga. Aquí todo el mundo es igual de importante, y no se debe molestar al vecino por el beneficio propio. Eso no quita que haya excepciones puntuales: irrespetuosos haberlos, haylos.

De la mano de ese respeto pasea la responsabilidad nipona. No recuerdo haber tenido que dar mi tarjeta de crédito para reservar un hotel nunca. Ni reservando para mí, ni cuando lo hago para treinta personas. Si digo que voy, es que voy, y si no puedo ir aviso con suficiente antelación. Cuando eso pasa, te dan las gracias por la cancelación y te invitan a acompañarles en otra ocasión. Estas situaciones sólo pueden funcionar cuando la mayoría de la gente es responsable y respeta el oficio y el esfuerzo de los demás. Y doy fe de que la cosa funciona y que es un placer que las cosas sean así.

2.- Perfección en el servicio 

Seguro que no os resulta rara la situación de ir a tomar un café a un bar cualquiera, o a echar gasolina en el coche, y encontraos al típico dependiente maleducado con cara de vinagre al que parece que le haces un favor por comprar en su comercio. No es lo habitual, pero pasa en muchos sitios del mundo con más frecuencia de la debida. Gente que debería atender al cliente correctamente y en lugar de eso te estropea el día con un detalle desagradable. Pues amigos, eso creo que en Japón no me ha pasado todavía. Aquí casi todo el mundo es muy profesional sea cual sea el trabajo que desempeñe. Vas a una cafetería y tienes 5 personas corriendo como descosidos para servirte el café cuanto antes, en las mejores condiciones, con una educación envidiable y, si ese día tienes suerte, con una bonita sonrisa de oreja a oreja.

Os contaré una anécdota del primer viaje Albacete-Japón Express que explica muy bien a lo que me refiero. Cuando llegamos al hotel tradicional de Nikko, el director del establecimiento pasó a saludarnos antes de empezar la cena. Lo sorprendente del asunto es que se había preparado un pequeño discurso de bienvenida ¡en español!. Y sin haber estudiado jamás una palabra en nuestro idioma se las arregló para estar un par de minutos hablando. Increíble.

3.- Te digo que no sin decírtelo

Término conocido como Haragei (leer este artículo de Japonismo), y que yo considero más un arte que una habilidad. Se trata de una  parte de la comunicación japonesa mediante gestos o insinuaciones pero sin expresar lo que se siente con claridad. Las primeras veces me las comí con patatas claro. Pedía ayuda a un compañero de trabajo para un experimento y él me decía "sí, sí….creo que mañana puedo…aunque es un poco difícil…" mientras ladeaba su cabezón 36 grados este. Y al día siguiente a la hora acordada estaba yo allí sólo haciendo el curro porque resulta que mi compa, que me había dicho que sí, en realidad me estaba mandando a Cuenca, por la parte sur concretamente. Pero ahora ya no, ahora ya domino la técnica milenaria de "me río de tí y no te das cuenta", y la utilizo a mi favor cuando alguien me pide algo incómodo de hacer. Y oye, va la mar de bien.


4.- Las cosas no son lo que parecen

Y es que cada cultura es un mundo. Los gestos tienen diferente significado en distintos países: la manera de contar con los dedos, la forma de señalarse a uno mismo, la de expresar conformidad o, la tan manida costumbre de hacerle saber a alguien "que se puede ir a tomar por culo en cuanto tenga un ratejo". De la misma forma la percepción de los colores puede ser también diferente. Para los japoneses el color que nos da paso en un semáforo es azul (ao-青) y no nuestro verde que te quiero verde (midori-緑). Ocurre lo mismo cuando nos referimos a una fruta inmadura, para nosotros está verde, y para nuestros coleguitas orientales es azul. Todo ello tiene una historia fantástica, que podéis leer con detalle en este artículo de Kirai.

5.- Hospitalidad

Es otro de los tópicos al hablar de cultura japonesa, pero una vez más no debemos pasarlo por alto sólo porque sea conocido. Por lo general se es amable y cordial con el extranjero y, además de por la entendible curiosidad por lo exótico, tienden siempre a hacer que nos sintamos cómodos en un país que no es el nuestro. No os extrañe estar en un bar tomando una cerveza y que se os acerque alguien simplemente para saber más de vosotros, o simplemente por poder tener una conversación con las tres o cuatro palabras que conocen de otro idioma. Al contrario de lo que podría parecer, no resultan pesados ni molestos, ya que normalmente aplican aquí también la educación y el respeto de los que hablábamos anteriormente. Antes de acercarse y después de haberse ido, os pedirán disculpas trescientas veces pares por si os han molestado en algún momento. Haciendo además repetidas veces lo que explico en el siguiente punto.

6.- Sanas costumbres: agachar el lomo y descalzarse

Me encanta el asunto de las reverencias, ya que me parece una forma muy elegante de mostrar respeto a la persona que tienes delante. Lo hago a todas horas: cuando alguien me abre una puerta, cuando me presentan gente nueva o cuando le cedo a una señora el asiento en el tren. Tened cuidado porque una vez que te picas puedes quedar enganchado para siempre. Y así me podéis ver en situaciones cómicas agachando el lomo cuando voy conduciendo en la moto y alguien me cede el paso (o devolviendo el gesto a la señora a la que dejo cruzar en un paso de cebra), o hablando por teléfono o por skype pegando unos cabezazos que ni en mis mejores tiempos mozos.

Quitarse los zapatos antes de entrar a una casa o un restaurante es otro acierto en todos los sentidos. Por un lado, consigues no introducir la suciedad de la calle, y por otro, es más cómodo caminar descalzo cuadro te acostumbras a ello. Y todo hay que decirlo, de rebote uno cuida bastante más la integridad de sus calcetines, por aquello de la vergüenza.

7.- Gastronomía

Tengo el pico fino, eso es así. Siempre me ha gustado comer bien, y es algo que me viene de fábrica. No necesito mucho; prefiero calidad a cantidad. Tampoco tengo problemas con ningún alimento, pruebo lo que me pongan en el plato, y ya decido después si me gusta más o menos. Antes de venir había comido poca comida japonesa, pero desde que estoy aquí soy un adicto a comer japonés. No hay semana que no coma sushi o sashimi; me flipa el ramen, el udon, la tempura, el okonomiyaki, el kusiage, las gyoza y prácticamente cualquier plato de su gastronomía. Antes los comía porque vine aquí a vivir y es lo que había, pero ahora disfruto de ello tanto como de la gastronomía española. Y también me ha dado por el té verde (cosa que en la vida imaginaba que pasaría) y por algunos tipos de sake. Los japoneses disfrutan muchísimo de la comida (propia y ajena) y forma parte importante de sus vidas. Así que yo, igual.



8.- Relaciones laborales

Esto es algo más a título personal, porque depende de la experiencia de cada cual, pero al fin y al cabo es algo que he aprendido aquí. En el país donde la jerarquía en el trabajo es un referente, a mí me han tocado los dos mejores jefes a los que uno puede aspirar en cuanto se refiere al trato personal. Ni haciendo un esfuerzo hercúleo podría recordar una sola vez que me hayan faltado al respeto en estos tres años. 

Los dos son completamente diferentes: uno de ellos es afable, educado, cariñoso y se desvive porque te encuentres cómodo trabajando. El otro es más despistado e independiente, pero no oirás jamás una mala palabra de su boca, es muy natural y posee el don de la empatía: si yo estoy contento o disfrutando por algún motivo, se alegra instantáneamente por ello y además me lo hace saber, por si no me había enterado. Estos jefes no son de los que deciden que hay reunión a las cuatro y punto y se acabó, sino que te preguntan educadamente qué tal te iría sobre las cuatro, y que si tienes algo que hacer buscamos otro momento sin más problema. Estos jefes son de los que te dicen que si estás cansado, que te vayas a casa que lo primero es sentirse bien. Estos jefes son de los que disfrutan cuando les cuentas lo bien que fueron tus vacaciones, en lugar de ponerte todas las trabas y malas caras del mundo cuando quieres cogértelas. Estos jefes son los JEFES, y los quiero mucho y jamás podré estar lo suficientemente agradecido por todo lo que han hecho y siguen haciendo por mí.

9.- El chorrico

Es inconcebible que el váter japonés no haya ya conquistado el mundo entero. Aunque por lo general provoca algún recelo entre los que lo prueban por primera vez, la mayoría acaba rendido a un invento tan simple como higiénico. Muchas son las funciones novedosas que presenta este artilugio creado por los dioses: tapa que se abre y cierra automáticamente (que evita la eterna discusión entre sexos), música ambiental para amortiguar los incómodos sonidos corporales, chorro de agua de posición y temperatura regulables (según la ubicación del ojete de cada cual), asiento con calefacción para las crudas mañanas invernales o aire caliente para dejarte listo y limpio para el resto de la jornada.



10.- Tranquilidad

Dejo el último punto para lo que más me gusta de vivir aquí: la tranquilidad. Esa es la sensación que tengo el 99% del tiempo. El índice de delincuencia es tan bajo, que en este tiempo aquí no he podido siquiera percibirlo. Nunca pasa nada malo: no te roban, nadie te intimida y, en general, se puede disfrutar de la vida sin incidentes importantes.

Mi moto está siempre aparcada sin candado en la calle y en ocasiones (por desgracia demasiadas) con las llaves puestas porque se me olvida cogerlas. La puerta de casa muchas veces se queda abierta y por allí no entra ni un gato pardo, y mi portátil se queda en las mesas de la cafetería mientras yo voy a pedir algo o al baño sin amo que le cuide. También puedes dormir plácidamente en el metro sin miedo a que te roben (ver foto). Todas estas cosas y muchas más hacen que vayas relajándote poco a poco, que desaparezca el estrés, y que entres en un estado superior de confianza que va genial para el día a día.



Y eso, no tiene precio.

domingo, 24 de febrero de 2013

EL PROBLEMA ES LA COMUNICACIÓN

Demasiada comunicación. Parafraseando a Homer Simpson, uno de los hombres con el que hemos aprendido a relativizar el éxito, andaba yo pensando el otro día en algo que es de capital importancia cuando se respira a muchas millas de la lengua materna. Comunicarse, qué cosa señores.

Un día, hace ya de tres a cuatro lunes, salí yo con lo puesto de mi casa en Albacete. Era un chaval sencillo,  sin malicia, con el poco inglés que el maltrecho sistema educativo español lleva décadas ofreciendo cruelmente a nuestros niños pero, sinceramente, sin demasiado miedo. Así, una vez llegué a Japón, tuve que adaptarme a mi nuevo ecosistema para poder sobrevivir. Se habían acabado las bromas, había que ponerse a hablar sí o sí, y así sucedió casi sin darme cuenta. Pero en este caso había dos tazas de sopa en lugar de una, y si alguna vez quería yo encontrar la sal en los estantes del super, tendría que hacerme con un nivel de japonés al menos básico. Ya estaba bien de comer paella dulce; eso tenía que terminarse inmediatamente.

Entonces es cuando llega el serio momento de hablar con gente. Ya no hay vergüenzas ni historias, hay que intentar decir lo que quieres decir buscando las mañas que sean necesarias y cometiendo los errores garrafales que te enseñarán el camino para no volver a encontrarte con ellos de nuevo. Y es en esa interacción con el interlocutor de turno donde yo encuentro la clave de todo. Hay personas con las que es tremendamente sencillo comunicarse. Saben escuchar, miden las pausas, te corrigen con tacto, se apoyan en su lenguaje corporal, encuentran el modo de ordenar tu desordenada gramática o tienen un jodido don divino. No lo sé. Pero son capaces de hacerte sentir a gusto en un idioma que dista horizontes de ser el tuyo, motivándote en cada frase, ayudándote con refuerzos positivos que no mereces, convirtiéndose al fin y al cabo, en una comprensiva mamá idiomática que te arropa cada noche en tu aprendizaje.

Y como no hay dos sin tres, ni cuatro pies le busques al gato de la vecina, también están los individuos a los que se les negó la comunicación por decreto. No es que no sepan hablar; de hecho en muchas ocasiones son inteligentes, cultos y dominan varios idiomas, sino que se pasan las conversaciones buscando el fallo del que no sabe, puntualizando los errores de manera que roza lo maleducado, riéndose de la pronunciación del que tienen enfrente y, en resumen, frustrando al que aprende y llevando a esa persona con la que hablan a que tenga ganas de callar para no pecar. Personajes impacientes (menos mal que son pocos), que uno juraría que nacieron doctorados y con honores. Así que con esos que hable su padre, que es el único que tiene obligación familiar y moral.

Evaluarse a uno mismo es complicado, pero desde que soy consciente de esta realidad que era ajena a mí hasta hace un tiempo, intento mejorar en ello todo lo posible y cuando hablo con alguien que está aprendiendo español o inglés, procuro parecerme todo lo posible a uno de los buenos, y me invade una empatía que me hace explayarme en ánimos con quién sea que esté charlando.

Pero no perdamos el rumbo con el que salimos de puerto. Volvamos a la paráfrasis que inspiró todo lo anterior. Tan importante considero yo la existencia de comunicación como su parcial ausencia. Y es que en determinadas ocasiones no tener un 100% de comunicación con una persona no sólo es que no sea negativo, sino que puede evitar situaciones desagradables y daños qué solo pueden hacerse con los giros del lenguaje; esas simpáticas y ofensivas puyas que todos usamos alguna vez en nuestro idioma y que aderezadas con mala leche no generan nada bueno.

Pues de todo eso nada, te haces el loco cuando no te interesa, y a otra cosa. Grande Homer.

¡Buena semana a todos!

lunes, 4 de febrero de 2013

EL PISTO DE HACERSE VIEJO


Se acercaba el 24 de enero y pensaba yo que algo habría que hacer algo para celebrar que alcanzaba la tierna e inocente edad de 33 años. Lo suyo habría sido aprovechar que este año mi aniversario elegía jueves, para montar una fiesta que sirviera como excusa para ver a viejos amigos ese mismo fin de semana. No resultaría tan fácil, ya que después de meses de negociaciones, la fecha elegida para despedir la soltería de un amigo sería precisamente el viernes posterior al día que me hacía mayor. De esa manera, mi onomástica servía de tapadera para liar al homenajeado, y que creyera que iba a un cumpleaños con gorros de fiesta, mata-suegras y bocadillos de mortadela de aceitunas del Mercadona, en lugar de dirigirse de cabeza al matadero municipal.


Aunque el sorprendido en ese caso también sería yo, porque aprovechando la clara nos disfrazaron a los dos, nos llevaron a un restaurante muy guapo de Ginza, y celebraríamos allí todo junto como si jamás fuera (o fuese) a volver a salir el sol por Antequera. De todo lo acontecido sólo diré que fue una noche épica. L e g e n d a r i a. Y que afortunadamente sólo tengo esa foto para demostrarlo.


Antes y después de todo aquello ya había recibido yo viandas y regalos en el trabajo, donde entre compañeros y amigos me hicieron sentirme un poquito más cerca de casa durante el día de marras y toda la semana posterior. Me tocó más de una noche salir de cervezas después del trabajo. Y si hay que hacerlo, se hace, maldita sea.

El problema radicaba por entonces en que llevaba a la espalda unas cuantas celebraciones y aún echaba mucho de menos a  esos que se añoran cada día aunque no puedas verlos en muchos meses. Y eso no podía ser de ninguna de las formas. Así que decidí pasar por alto los avisos de la casera de no celebrar fiestas en mi piso (el último sonó como un ultimátum muy jodido), y montar un sarao gitano este sábado para saldar mi deuda vital con los que me quedaban. Y cosas que pasan, en pleno invierno japonés, amaneció un día soleado en el que disfrutamos de 18 grados. Manga corta y terraza, nos os digo más.


Bueno, y que esta entrada lo que pretendía ser es un enorme agradecimiento por todo lo bueno recibido. Felicitaciones, regalos, insultos variados (necesarios), collejas virtuales e incluso algún abrazo perdido. De los de cerca y de los de lejos. Que de vosotros tampoco me olvido.

¡Mil gracias a todos!

miércoles, 23 de enero de 2013

TOKIO ILUMINADO


Lo sé porque lo he vivido otras veces. No con este monte infinito de edificios de cemento y mares de neón, desde luego, pero de una manera similar detrás de bastidores, allí donde sólo puede conocerse de veras como son los actores que interpretan la gran obra. La vida de cualquier individuo es una sucesión de acontecimientos que empiezan sin motivo alguno, evolucionan en parte por lo que controlamos, lo incontrolable e incluso lo azaroso, y terminan antes o después dejando un poso de experiencia que acaba influyendo en el siguiente acontecimiento. En realidad, no se trata de una sucesión lineal, sino que podríamos describirlo como un conjunto de todos los acontecimientos paralelos que forman parte de todo lo que nos sucede. Lo que ocurre es que no todos estos eventos son de la misma magnitud, ni los clasificamos con el mismo rango de importancia. Y es exactamente ahí donde yo quería llegar.

Hace dos años que vine a vivir a Tokio. Y convendrán conmigo los que hayan tenido un acontecimiento parecido a éste en sus vidas, que comenzar una etapa en un país extranjero no sabe igual todos los días. El sabor dulce, casi obsceno, te lo da conocer gentes, culturas diversas, experimentar realidades ajenas y distantes a las de tu entorno habitual o darte cuenta de que eres capaz de mucho más de lo que imaginabas, y ser consciente de que de eso no te habrías dado cuenta de no haber salido de aquella calentita cueva donde pasabas los inviernos hibernando junto a mamá. Eso sí, los días que viene regusto amargo, esos días, estarás pero que bien jodido. Porque los problemas, como las alegrías, parecen más gordos en un lugar que pasa de ser apacible mientras el sol brilla, para ser terriblemente hostil en cuanto asoman las primeras nubes negras. Aquí no habrá nadie para sacarte las castañas del fuego, y la soledad es seca como el esparto, o al menos así se siente cuando sientes a los tuyos tan poco tuyos. Aunque no sea este el caso que me ocupa hoy precisamente.

No ha sido difícil elegir una imagen para esta entrada, más que nada porque es la imagen la que ha escogido que yo escribiera esta entrada. Es exactamente como en la fotografía que encabeza el artículo como yo veo mi vida en Tokio actualmente; como una urbe que se ilumina ante mí y en la que sólo puedo apreciar belleza. Después de 19 días y 500 noches de adaptación aquí, este lugar me lo está dando todo en este momento. Estoy en ese punto de explosión interna. Comprendo mucho mejor la cultura, lo que me lleva a poder respetarla, a entender por qué otros hacen las cosas como las hacen. Soy capaz de mal-comunicarme con japoneses, de pedir lo que sea que me haga falta, o aquello que se me antoje como capricho. De una u otra manera he mejorado en ese aspecto, y eso se traduce en una ligera pero fantástica integración en una sociedad que antes me era prohibida. Me rodeo de gente que me encanta, dispares y diversos hasta límites que no sabría ni tendría permiso para explicaos, y que entre todos refutan mi teoría de que en este planeta prácticamente todo el mundo es bueno, aunque nos empeñemos casi siempre en darle cancha a los malos. Y sigo conociendo muchas personas prácticamente cada día, a un ritmo que muchas veces abruma, pero que da gustico del bueno.

Aquí además también se me ofrece la oportunidad de organizar historias de esas que a mi tanto me molan. Es un país con mucha gente y con un dinamismo tal que siempre hay personas que reaccionan y participan en todo tipo de actividades. Además, ser extranjero en este caso juega bazas a mi favor claramente, como en otras ocasiones las juega en mi contra. Y ahí sigo con las clases de cocina española para japoneses, con los viajes de albaceteños a oriente, o con colaboraciones con varias empresas y personas para proyectos disparatados que ya os iré contando a su debido tiempo. No tengo tiempo de aburrirme, siempre hay algo que hacer, incluso tengo que planificarme los fines de semana con muchos meses de  antelación, porque la saturación de eventos y viajes a veces es brutal. Punto también vital éste de los viajes, ya que estoy aprovechando para conocer muchos nuevos países y eso es algo que considero fundamental y que no pospondría de ninguna forma. Los viajes en mi contrato no son negociables.

En resumen, que estoy más a gustico aquí que "en brazos". En ese punto exacto en el que todo va como la seda, en el que todo se mueve como una máquina perfectamente engrasada que no produce un solo ruido, con esa armonía inquietante que asusta que pueda terminarse en cualquier instante. ¿Y esto va a durar para siempre? Rotundamente NO. Se acabará en algún momento para dar paso a un nuevo acontecimiento, o se transformará en algo que no será ni parecido. O sí. Porque así es como funcionan las cosas. Y porque además sino sería tremendamente aburrido.

Y esa ha sido mi rayada para un fresco día de enero. A uno lo da por pensar por todo y por nada de vez en cuando.

O igual tendrá algo que ver que hoy sea mi cumpleaños.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Beisbol 野球

Siendo el deporte nacional aquí, parece que estaba feo no ir a un partido de beisbol. Mi amiga Yoshiko, osakeña orgullosa, me propuso entonces ir a ver a su equipo: los Hanshin Tigers, los temidos Tigres de Osaka.



Es bien sabido que el carácter de los habitantes de Kansai es muy diferente al de lo tokiotas. Fama tienen de bromistas y fiesteros, y no defraudaron. Siendo un partido en Tokio, la mitad del estadio estaba lleno de aficionados de los Tigers.


La cosa va como sigue: la afición del equipo que batea es la encargada de animar, mientras que la que recibe se mantiene en silencio. Cuando hay cambio, se tornan los papeles. Y así todo el partido. Sencillo. Me sorprendió mucho ver como se respetaba este turno a rajatabla, cosa que no puedo ni imaginar en otros escenarios. Ni insultos entre aficiones, ni silbidos, ni reproches al árbitro. De locos.



Un deporte un poco lento de ritmo para mí, pero con un gran ambiente que no deja que te aburras. También parecían ayudar los cientos de vendedores de cerveza que se paseaban escaleras arriba por las gradas aplacando la sed de los asistentes. A este de Sapporo le dimos el coñazo unas cuantas pares veces.




Y es que como dijo el sabio Homer Simpson (mientras contemplaba un partido de besibol) en otro arrebato de genialidad:

"No me había dado cuenta de lo aburrido que es este deporte sin cerveza"

¡Un abrazo!

jueves, 21 de abril de 2011

EL FÚTBOL ES ASÍ

Saca lo peor de cada casa. Pero a veces también es motivo de unión y reunión, asi que como casi todo, bien utilizado puede ser muy satisfactorio. Total, que quedaba yo el pasado miércoles a ver la final de la Copa del Rey. Puede parecer fácil, pero aquí el partido comenzaba a las 4:30 de la de madrugada del jueves. Shibuya fue el lugar elegido. Unas cervecitas para animar el cotarro y seis elementos en día de diario a disfrutar del espectáculo en plena y solitaria noche tokiota.

Como reinaba mayoría culé, decidí hacerme una foto y colgarla en facebook para, si era posible, desquiciar un poco al tío Joel.


En pocos minutos, entraba a mi muleta como el Miura de buena raza que es. Pero lo que comenzó con un diminuto grano, no tardó en parecerse a una montaña. Y el pequeño hueco creado en la red se convirtió en un foro futbolero que albergaba a tarados de varios puntos del planeta. Me explico con imágenes mejor.


En directo y desde cuatro franjas horarias distintas, Joel (hijo de kalel), Priscila, la Princesa Melón, un librero judío, Guacimara y un servidor "discutimos" durante todo el tiempo que duró el encuentro. Innumerables puyas y todo tipo de improperios volaban vía internet de una parte a otra del mundo. Como si fuera gratis.


Todos separados muchos kilómetros de distancia, pero disfrutando del partido alrededor de una misma e improvisada mesa. Puede ser que no fuera nada más que una casualidad. O puede ser que necesitáramos pasar un rato juntos después de tanto tiempo. Cualquier cosa es posible. Lo que me pareció evidente es que se intuían sonrisas desde todos esos reinos. Y que poco importaba quien ganara la copa.

domingo, 10 de abril de 2011

HANAMÓN


Era algo que había que hacer. Pero la decisión debía ser inmediata, ya que las flores en los cerezos aguantan nada más que lo justo. Este domingo se hizo la convocatoria, se corrió la voz y vinieron aficionados ibéricos de todos los rincones de Japón. Cientos de miles según los organizadores, tres según la policía y delegación de gobierno.


Escogimos un buen sitio bajo los árboles, y montamos el chiringuito lo mejor que supimos, para que el ansiado jamón se encontrara a gusto. Y sin piedad, comenzó el despiece, cuchillos de Albacete mediante, orquestado por el maestro Miguel.


Y a partir de ahí, todos los ingredientes propios que un festival nunca debe dejar de tener. Incluidas visitas de las meriendas vecinales solicitando probar el sagrado manjar, en ocasiones acogiéndose a su derecho, no, a su deber de catar semejante alimento. No se les puede culpar a las criaturicas.










Y la cosa acabó como se esperaba: con muchas risas,un hueso para caldo y la ceremonia de clausura del Primer Hanamón Amiguetes Tokiotas.

¡Buena semana!

jueves, 31 de marzo de 2011

YA ESTÁN AQUÍ


Puntuales a su cita como cada año, las primeras flores empiezan a despertar en los árboles, para anunciarnos la llegada del Hanami (literalemente "ver flores"). Mi primera experiencia con la primavera de este país, de la que sólo he oído cosas buenas.


¿Y en qué se traduce todo esto? Pues la idea básica es dirigirse a algunos de los parques de la ciudad, repletos de cerezos, para contemplar el espectáculo del florecimiento. Qué poético, dirán algunos. Ciertamente tiene su parte. Pero también la suya festiva. Reuniones de amigos, de compañeros de trabajo, mezcladas con barbacoas y muchas cervezas, completan el menú diario de primavera de Tokio.


¿Hanami-Jamón?

Esa idea de Miguel hay que hacerla realidad sin falta.

¿Quién se apunta?

miércoles, 30 de marzo de 2011

JAPÓN, 30 DE MARZO DE 2011

Han pasado sólo 19 días desde que la tierra sacudiera con fuerza las vidas de todos los que vivimos en este país. Y aquí estoy otra vez. No hablo de la sensación global, pero para mí han ocurrido tantas cosas, que me empeño en mirar el calendario con recelo para asegurarme de que son sólo algo más de dos semanas. No me cabe lo sucedido por mucho que lo ordeno. Puede ser sencillamente que no quepa.

Han sido infinitas idas, venidas, risas, cañas, abrazos, miradas, reencuentros y otros cuentos, pero esa maldita sensación amarga, llámalo tristeza si quieres, no les dió un metro de ventaja. Se hizo por momentos casi invisible, tan pequeña que parecía que iba a desvanecerse, pero no me dejó andar solo ni un solo minuto. Lo hablamos entonces, y aceptó mezclarse con alegrías y grandes personas. Fue su última oferta.

Con los pies pisando Osaka la noto más débil. Me gustaría tener el derecho aquí y el izquierdo allí, pero hasta que no se me ocurra cómo, voy a poner los dos en esta tierra. Tengo fuerzas suficientes, ya las tenía antes de irme de vacaciones a casa. Lo que sí he aprovechado es para renovar el cariño, que se me estaba caducando.

Ahora ya estoy en casa, y me encuentro bien. Contento por lo que estaba triste, y triste por lo que me hacía sentir contento. Muchos me han tomado por loco o imprudente, pero no tengo miedo. Yo los entiendo, les explico, pero estamos en sitios distintos y mis razones no son mejor que las suyas. Nadie acierta ni se equivoca.

Sentado en mi silla, la primera réplica de esta nueva etapa me saca de mis pensamientos.

Bienvenido a casa.

jueves, 10 de marzo de 2011

SATURACIÓN

NUEVA ACTUALIZACIÓN: De momento seguimos sin salir del parón general. Los planazos del finde ya se reducen al 50% y van camino de quedarse en nada, así que ni saturación ni na de na. Las réplicas a estas horas del sábado siguen sucediéndose. En la siesta me pareció contar tres. Esto es como estar montado en un barco, llevo una mareazo que te cagas

Un viernes por la mañana sólo permite pensar en lo que nos depararán los dos días más felices de la semana. Y este viene fresco. O fregggco fregggco, que diría el señor Bono. Esta noche de madrugada me embarco en una excursión que no puede pintar más atractiva; visitar un onsen desde el que puedes contemplar amanecer el monte Fuji mientras te remojas en agua calentica.


Una vez saludado el sol, desayuno con diamantes y vuelta para Tokio, donde nos vamos al doblaje del anime japonés. Aquí, un pequeño avance de este corto ambientado en Barcelona. ¿Quién seré yo Señorrr?...¿quién?.




Varias alcachofas más tarde toca coger el metro y dirigirse a una de las famosas reuniones del Club del Filetaco. No puedo decir más. La primera norma del Club del Filetaco es que no se habla del Club del Filetaco.


Sin tiempo para digerir todo lo vivido, el domingo hay que levantarse para apagar las farolas y aprovechar para ir a pasar el día a la montaña. Jornada de esquí donde recibí aquel regalaco de cumpleaños, con posterior onsen y cena.



Cansa hasta pensarlo. Tenía que haberme quedado unos días más en Mamada.

jueves, 3 de marzo de 2011

DOBLAJE DE UN ANIME JAPONÉS

Vamos que aunque no pusiera nada más ya estaría claro. No me va a dar un dolor en el cabezón con el esfuerzo de pensar el título. Pues eso, que el fin de semana que viene voy a participar en el doblaje de una película de anime japonés. Este corto se podrá ver junto al largometraje Ghost in the Shell: Stand Alone Complex: Solid State Society, que se estrena el próximo 26 de marzo en salas de cine 3D.


Xi avant es el nombre del corto en cuestión. Y está ambientado en una España futurista no muy lejana, donde se han producido grandes avances en la tecnología de la información. Ambos proyectos son del conocido director Kenji kamiyama.


La cosa es que hay que ir allí, te hacen unas pruebas de voz y te dan el papel que mejor encaje con tu perfil sonoro. Vamos que te puede tocar decir sólo alcachofa, y tener que repetirlo trescientas veces pares hasta que les suene en el tono friki adecuado. Pero a mí me mola pasar por la experiencia, así de tarado que está uno.

Las grabaciones se realizarán en los estudios del Hamacho Tokyo TV Center, en una sala como la que podéis ver debajo.


Ya me estoy viendo detrás del cristal haciendo el mono con unos cascos de esos gigantes, que voy a parecer lo menos la fallera mayor. Con todo el respeto a los valencianitos, claro.

¡Buen fin de semana!

lunes, 24 de enero de 2011

OMEDETOO おめでとう

Todo está en continuo cambio. Las relaciones interpersonales y la manera de entenderlas se han visto asaltadas por internet y las redes sociales. Ayer pude recibir felicitaciones por correo electrónico, por facebook, por twiter, en los comentarios del blog, en conversaciones en messenger, por mensaje en el móvil o en llamadas a través de skype. Estoy donde Cristo perdió el zapato izquierdo y, sin embargo, contactar conmigo es más fácil que levantarse a preparar otra taza de café. De igual manera, yo tengo un hueco donde agradecer tanto cariño recibido, y que se puede consultar desde cualquier punto del planeta. Asusta.



La cosa empezó el fin de semana. Fiesta con los amigos tokiotas y risas mil. Pude además tener a dos amigas, Lolín y Mireia, en representación de la tierra. Gracias por la asistencia, por los momentos y por los muchos regalos. No te digo más que hubo una conga al son de Georgie Dann y su barbacoa. Calzones con plátano, mochila, bufanda, pistolas, gafas, utensilios de cocina y hasta un viajezaco a la nieve. Y un mono.


El día de autos, ya ayer lunes, me esperaban algunos regalos de compañeros de trabajo en mi escritorio y hasta algún que otro cheque en blanco. Mi sorpresa vendría de la mano de las cinco y media de la tarde, cuando las camareras de la cafetería, vinieron a mi mesa con una tarta con velas encendidas en forma de 31. Esto, que puede parecer tan normal, fue una muestra de espontaneidad japonesa impensable. Lo que me acabó por descolocar por completo es que habían puesto Chiqui (siempre me llaman Fernando), y que el pastel tenía el siguiente aspecto:


El logo del blog, que me dicen que leen aunque no sé muy bien cómo, plasmado en la tarta. Después hubo merienda-cena con ellas y con mis compañeras de intercambio de conversación, que también trajeron regalicos y dulces. Madre mía qué bonicos.


Cuando el día ya agonizaba, los investigadores-maestros-vividores-desfaenados de Albacete, liderados por Priscila y Conchi, organizaban una fiesta (vía evento facebook) para celebrar mi cumpleaños sin mí. Y lo peor es que mi hermana estaba en el ajo.


Gracias por todas las felicitaciones, las canciones, los mensajes y los regalos recibidos. Sé que no es muy cortés tener que elegir cuál fue el detalle más bonito de todos, pero me tenéis que dar la licencia sólo para esta vez. Y es que se acumulan los meses sin ver a una persona que crece muy rápido. Y yo no puedo verlo. Es la espina que más pica en esta fantástica etapa. Menos mal que le recuerdan cada poco que tiene un tío metido en una pantalla, y que ahí, dentro de ese ordenador, hay un sitio que se llama Japón. Gracias pequeña.


Cumpleaños en Tokio, sobrina from Fernando Picazo on Vimeo.


¡Un abrazo a tod@s!