Ya te dije que en Kioto hay muchos templos. Tantos, que a veces el cansancio acumulado no te va a dejar ni pensar con claridad, ni disfrutar de ellos como merecerían. No pasa nada, sólo eres una persona. Te veo la cara y está claro que has alcanzado la saturación budista. Detente. Respira. Y ven conmigo, que te voy a llevar a un sitio que te va a sacar con un golpe de vista del ostracismo.
Lo más fácil sería rendirse, pero es que es digno de tus últimas energías. Después de todo, no son más que unos metros y después habrá tiempo para echarse unas cañas como buda manda. Y hemos tenido suerte, porque además es un sitio que gana enteros con los días soleados.
¿Qué te había dicho?





Construido en 1397 como lugar de descanso del
shōgun Ashikaga Yoshimitsu, fue reconvertido en un templo budista por su hijo años más tarde. El estanque es llamado Kyōko-chi, y en días claros, parece un espejo que lo dobla todo. El también llamado Pabellón Dorado, debe su nombre al recubrimiento de hojas de oro puro de las dos plantas superiores del edificio.
Ale, ya podemos ir a por esas cervecicas.
*Destino ALBACETE-JAPÓN EXPRESS