miércoles, 27 de mayo de 2015

SÓLO EN JAPÓN

Se dice que uno nunca se da cuenta de lo que tiene...hasta que lo pierde. Esto puede ser más o menos cierto dependiendo de lo que ocupe la conversación que estamos teniendo. Lo que si parece más creíble es que a veces nos despistamos y se nos olvida valorar lo bueno que nos está ocurriendo en un momento concreto de la vida.

Ayer me tuvieron que recordar una de las cosas que más me gustan de vivir en Japón, de esas que en silencio te hacen la vida más fácil, relajan tu espíritu y te ayudan a vivir en paz con lo que te rodea.

Del siguiente vídeo os hablo:


Una explicación gráfica tan simple como compleja de la honradez de este pueblo. Y es que las cosas se construyen desde la base, y entender la educación como una cuestión de respeto a los demás no es más costoso que cualquier otra forma de educar, pero en este punto concreto es evidentemente mucho mejor.

También podrían venir los que nunca se creen nada, a decir que todo está manipulado y que esas imágenes no demuestra nada. Cierto, Jordi Hurtado, pero no me habrás oído a mí decir tal cosa. Sólo te cuento que la realidad que yo he vivido estos años en Japón me ha demostrado que la gran mayoría de la gente es así de honrada, humilde y respetuosa. Este vídeo sólo me ha servido como recordatorio de una realidad que la experiencia se ha encargado de demostrarme.

Y si no quería yo caldo, pues dos tazas. Hace escasos diez minutos he pasado frente al rincón de objetos perdidos de la cafetería, y allí me he topado con una de esas cosas que me hacen sonreír, todavía, después de tanto tiempo aquí: mil yenes (casi diez euritos) esperando tristes y desconsolados a su dueño, que supongo que sonreirá mucho más que yo cuando se encuentre con ellos y se de cuenta de que, si todos somos buenos, esto funciona.


martes, 19 de mayo de 2015

EL NIDO, ISLA DE PALAWAN, FILIPINAS

Volver a viajar. Después del intenso último año errando por el mundo, se me estaba haciendo especialmente duro este comienzo de 2015. No es que tenga mucho de que quejarme, pero cuando se ha sido libre, libre de verdad, resulta tedioso rodearse de nuevo de hormigón y cemento para seguir construyendo esta obra de teatro a la que llamamos vida.

Y así empezó todo. Disponía de unos días de vacaciones en mayo, así que abrí mi explorador para buscar billetes de avión, algo que es en sí mismo una manera de relajar el estrés de un mal día. No es raro que mis pulgares apunten a Filipinas, un destino cercano y del que guardo tan gratos recuerdos. Y es allí donde encontré una combinación interesante que me cuadraba en fechas. 

Lo habitual hubiera sido pensarlo dos veces, pero esta vez no fue el caso, y compré el boleto sin más con el objetivo de no acabar pagando el doble, como me pasa casi siempre. No tenía ni compañeros de viaje ni todas las vacaciones confirmadas, pero había hecho lo más difícil, convertir ese viaje en mi prioridad absoluta, ahora él mandaba sobre cualquier otra lluvia de mayo. Y lo demás vendría solo. 


El Nido es un pequeño pueblo al norte de la Isla de Palawan de apenas tres mil habitantes. Para llegar hasta allí vía aérea existen dos opciones: volar directamente al pequeño aeropuerto de El Nido desde Manila (con la agencia Island Transvoyager Inc), o la opción barata: volar hasta Puerto Princesa, y desplazarse hasta allí con bus (6 horas, 450 pesos, 9 euros) o furgoneta compartida (5 horas, 500 pesos, 10 euros). Hay varias compañías que vuelan a Puerto Princesa, pero sin duda la que ofrece mejores precios y horarios es la filipina de bajo coste Cebu Pacific.



Una vez en El Nido, las opciones son fantásticamente escasas. Lo primero es buscar alojamiento adecuado, y una vez allí ponerse las chanclas y el bañador, atuendo que no volveremos a guardar en el ropero hasta abandonar el lugar, ya que así lo dicta la ley de la playa. Lo segundo, alquilar una moto (negociando bien puede salir a unos 400 pesos, 8 euros, cada día), porque hay mucho sol que coger e infinidad de playas que visitar en los próximos días. Así, sin calentar, el primer día nos decidimos por la playa de Las Cabañas.




Primeras horas de adaptación para el grupo, porque, aunque aún nos había contado, finalmente hasta cinco fuimos los integrantes de la expedición. No todas a la vez, cada uno un poco a su bola, pero haciéndonos compañía a ratos y dejando atrás recuerdos imborrables de un tremendo viaje juntos. O casi.

Otras de las actividades que permiten la leyes del paraíso es el conocido como Island Hopping, que aunque suene a británico subido, no es más que subirse en un barco e ir brincando de isla en isla entre baños, cañas y zumos de mango, a ser posible. Plan estratega que dejamos para la segunda jornada. Existen cuatro tipos de tour que operan todas las agencias: A, B, C y D, y cada uno recorre una zona diferente. Nosotros hicimos el C por recomendación de otras viajeros, y nos gustó señora, nos gustó.





Los alojamientos en El Nido son abundantes y variados. Podéis encontrar desde 400 pesos (unos 8 euros) habitaciones/cabañas dobles con ventilador en la zona interior. De ahí para arriba, las opciones son muchas: pensiones, hostales, bed and breakfast, posadas y hostales pueblan la zona para que todo el mundo pueda escoger a su gusto. Casi todas ellas incluyen un sencillo desayuno. Además de en el  propio pueblo, los alojamientos se extienden por las playas aledañas de Corong Corong o Las Cabañas.

Como somos un poco pijos, nosotros nos decidimos por unas cabañas en el pueblo y justo frente al mar (con aire acondicionado), pero sobre todo con unas vistas mañaneras que te sacaban del sueño de la forma más dulce posible. Un salto, y tocábamos la arena, dos saltos, y dentro del agua. Y si no, mira mira.



Fue mi sexta visita a Filipinas, y desde luego este lugar pasa a ser mi favorito hasta la fecha del país de las sonrisas.Y es que El Nido es sudeste asiático en estado puro: playas de aguas claras, buceo de calidad, clima templado, tranquilidad, gente sencilla, viajeros con muchas historias que contar, zumos de frutas, atardeceres, fiesteceta y precios asequibles que invitan al visitante a relajarse y disfrutar, a olvidarse por unos días de sus rutinas para zambullirse en las de otros; esas que nos quedan tan lejanas y distantes y que tanto apreciamos.

¿Qué más se le puede pedir a unas vacaciones?

Atardecer en la playa NacPan






Atardecer en la playa de Las Cabañas


miércoles, 22 de abril de 2015

RESTAURANTE OGASAWARA-HAKUSHAKU-TEI

Existen tres restaurantes de comida española en Tokio que destacan sobre los demás por su elaborada cocina. Habrá a quien le parezca mucho, pero en una ciudad de tan desmesuradas dimensiones, a mi me resulta todo lo contrario. Necesitamos más gente que mime la buena y cuidada gastronomía española. Y la necesitamos pronto.

El Sant Pau de Carme Ruscalleda es uno de ellos, del que ya os hablé hace algún tiempo, aunque lamentablemente, y siempre según mi modesta opinión, ha bajado su nivel en los últimos tiempos de forma preocupante, sin que los precios se hayan movido un ápice. Se torna complicado que me vean de nuevo por aquella sombría tierra. Zurriola es uno de los locales de moda de la capital tras haber conseguido este año (no sin polémica), la segunda Estrella Michelin a base de deleitar a sus clientes con cocina vasco-francesa. Elegante lugar que visité hace unos pocos meses, y del que hablaré seguro pronto.

Y el tercero, aunque no por ello el último de la lista, es el que nos ocupa en esta entrada: Ogasawara. Restaurante ubicado en una antigua y curiosa residencia de estilo europeo dirigido en cocina por el maestro Gonzalo Alvarez

Aquí va otro de los Restaurantes del Tío Chiqui.

Calsots y Salsa Romescu y Bollo Preñao

Vamos a pedir una cerveza y a sentarnos a la mesa para empezar con el menú degustación. Porque aquí no se elige, uno se sienta relajado a la mesa y se deja aconsejar por manos expertas. Para acompañar la caña nos sirvieron una divertida versión de calsots con salsa de romescu y un panecillo relleno de chorizo. Sencillo, sin locuras, pero adecuado como aperitivo.





Calamar, Clorofila de Hojas Verdes y Aceite de Picada

Me suele pasar en casi todos los menús degustación que el pescado me defrauda. No es que no me gusten, pero uno espera de estos sitios mucho más que lo dejen a uno indiferente. No fue el caso con el calamar que nos sirvieron en segundo lugar, que sin ser mi plato favorito, destacaba por la calidad del producto de mar, y el original sabor que otorgaba esa mezcla con la clorofila.

Era el turno del arroz, ese gran placer amado por casi todos pero que tan difícil es cocinar de forma sublime. Aquí vino el que considero el plato fuerte del menú: arroz negro con bacalao. En primer lugar por el punto del arroz, perfecto y servido a la temperatura correcta. Pero además, suave por el sabor del bacalao, con un punto cítrico desconcertante y coronado con un crujiente de queso Idiazabal. Y para rematar; por el truco gastronómico, ya que se trata de un arroz negro no por la habitual tinta para teñirlo, sino porque la variedad de arroz japonesa usada para cocinarla es de color negro natural. Gigante la propuesta.




Arroz "Negro" de Bacalao, Queso Idiazabal y Notas Cítricas

No dejábamos todavía el mar de lado, porque a la mesa llegaba desde cocina una gamba de Hokkaido que en sala nos aseguraban que llegaban vivas cada mañana desde el norte. Una escenificación del fondo marino que combinaba la preciada gamba, con erizo de mar y algas, aunque de haber podido elegir habría comido más gambas y menos algas. Esmerada presentación, aunque seguíamos recuperándonos del arroz y tal vez no nos dejó quedarnos con todos los matices del plato.



Fondo Marino

Aunque hoy os cuento este menú, he ido a comer a Ogasawara en otras ocasiones, por eso yo ya sabía  de antemano que la carne con la que terminan las hostilidades en este restaurante no defraudaría. Secreto ibérico, como deber a la gastronomía de la tierra, con salsifis  y una salsa de vino amontillado muy conseguida y sabrosa. Bien, de verdad, el segundo gran acierto de la tarde y como veis, con un emplatado acorde al nivel de la propuesta.



Secreto Ibérico, Textura de Sasifis, Minicoles y Salsa de Amontillado

Llegaba un momento que suele pasar desapercibido para mí. No soy un gran fan de los postres, y es precisamente esto lo que me hace ser el más exigente con esta parte de la fiesta. De los dos que vinieron en fila me quedo sin duda con el que me ha dejado, aún ahora, su sabor en mi recuerdo: un granizado alcohólico de ponkan y yuzu que ponía el toque final cítrico que yo necesitaba. Muy bien por el cambio de sabor, la frescura y el toque de sake como digestivo.

 Granizado de Ponkan, Gelee de Yuzu y Crema de Sake


Ganache de Chocolate Negro, Sopa de Frutos Rojos y Texturas Crujientes

En definitiva, un lugar que merece la visita y el precio; menú de siete mil yenes a mediodía y dos opciones por la noche (diez mil y quince mil yenes). Tras impuestos y bebidas debéis calcular unos cuatro mil yenes extra. El local es curioso porque se sale del estándar japonés, dándonos la sensación de haber vuelto a Europa al cruzar sus puertas. Se echa de menos más nivel de idiomas del personal en la sala, algo desgraciadamente común en Japón.

Una de las mejores cosas que encontraréis entre sus paredes es la pasión de Gonzalo Alvarez, un amante de la gastronomía que no sólo cocina como un jabato, sino que sabe transmitir al comensal las ideas que emanan de sus platos. Porque comer con la cabeza también alimenta. Y mucho.

¡Buena semana para tod@s!

miércoles, 15 de abril de 2015

GRANDES VIAJES


Un buen viaje no tiene una definición propiamente dicha. No existe fórmula matemática que logre descifrar la perfección de una experiencia lejos de nuestra zona de confort. Y no la hay, porque no existe un sólo tipo de viajero, los hay tantos como personas diferentes, y eso hace florecer una fantástica diversidad en formas y hábitos de moverse por este mundo. Hazlo como más te guste, como más cómodo y satisfecho te haga sentirte al terminarlo.



Da por hecho que te intentarán convencer de lo contrario. Los mochileros te dirán que no hay nada como la forma en la que ellos se integran con los pueblos, como se consiguen mover con un presupuesto ajustado o como comen en cualquier rincón lo que se les ponga por delante (siempre que no los inviten claro, cuando les invitan se les olvida todo mágicamente y jalan foie como si fueran franceses). Y los amantes del Todo Incluido te dirán que para pasar penurias mejor no salen de casa,  que bastante jodidos estamos, y que ellos llevan a rajatabla aquello de "pagar para no pensar". Manera todas ellas respetables, pero que deben a su vez respetar las tantas otras que existen y están por inventarse. 





¿Y por qué se habla hoy de esto? Si hablo hoy de grandes viajes, es porque apenas si he salido como he podido de la resaca del Albacete Japón Express de este año 2015: ALBACETE JAPÓN EXPRESS 4.0



Por cuarta vez consecutiva repetíamos experiencia, y este año de nuevo Viajes Flexibles organizaba otra expedición para que albaceteños y todo el que se quisiera unir a ellos, descubrieran Japón de una manera que entendemos diferente. De nuestra manera diferente. 

Canarios, catalanes, vascos, manchegos y hasta mexicanos se convertían en una sola brocha para dibujar un nuevo lienzo que yo me había preocupado en dejar bien blanco, impoluto, antes de recibirlos con los brazos abiertos. Era el momento de ver de qué eran capaces y cómo gestionarían un país saturado de estímulos como este. Y pintamos, pintamos desde Kobe hasta Tokio, pasando por los templos de Kioto, por las flores de los cerezos de Osaka y por las históricas calles de Kamakura. Nos metimos en baños termales, dormimos en un hotel cápsula, comimos sushi, gyozas, takoyaki, ramen...,pusimos nuestras rodillas sobre el tatami, degustamos la mejor ternera del mundo y nos reímos, señora, nos reímos bastante.



Es algo que no deja de sorprenderme: cada año, uno tras otro, el viaje es totalmente distinto al anterior. Y en principio podría pensarse que esto no tiene mucho sentido, ya que los aspectos comunes son precisamente la mayoría, y lo que cambia, no es otra que las personas que lo forman. Y no sólo las personas en sí como individuos, sino los lazos que forman entre ellas para compartir algo que es nuevo para todos. 


Y este año ha sido tan distinto como cada uno de los otros. Me lo he pasado en grande con ellos, me encanta ver a la gente descubrir lo que hace ya muchos años yo tuve que descubrir, y me gusta pensar que tengo cierta parte de culpa en que los demás estén disfrutando de unas vacaciones diferentes. Es enorme, y este año he sentido la gratitud de los viajeros más que nunca. Probablemente no sea más que cosa de mi propia percepción, pero es que señores, yo también voy cambiando con los viajes. 

Con los propios y con los ajenos.


¡Muchas gracias a tod@s!

martes, 27 de enero de 2015

2015

Números. Esas facturas recordadas por impago que nos llevan a momentos puntuales de nuestra existencia. Forman parte del ideario y entretenimiento popular; nos divierte jugar a pensar que están ahí por algún motivo, que son parte de algo místico y profundo que nos guía hacia caminos con sentido, que nos dan pautas de cómo debemos gobernar todo lo que nos acontece. Aunque no creo yo que sean más que cifras al azar, que sirven de matrícula para que lo importante no se alíe con el olvido.

2014

Mi año mariano, el amor de mis amores, el momento en el que decidí dejar de ser uno más del rebaño para asumir riesgos. R   i   e   s   g   o   s. Una época de cambios complicada por lo inestabilidad obvia del asunto, pero enormemente satisfactoria precisamente por el mismo motivo. Cuando uno deja de tener los bastones que le ayudan a andar cada día, no queda más remedio que levantarse a pulso. Y caminar, caminar a tientas, casi a ciegas, en ocasiones con dolor del que pica, pero con la ilusión de quien hace algo por primera vez, pero cada mañana...motivado, imparable.

18

El día de la marmota. En uno como esos me planté en el despacho de mi señor jefe para explicarle mis sensaciones. Necesitaba cambiar de rumbo y se lo dije sin ambages: "quiero unos meses para mí; necesito unos meses para mí". Comprendió mi mensaje pero, con todo el cuidado y la empatía posibles, me dijo que no existía una fórmula administrativa que supiera entender mis sentimientos, por lo que no iba a poder ser. "Entonces me voy definitivamente", espeté sin dudarlo. No había otra, si quieres algo no puedes dejarte dominar por las circunstancias, así que buscaría una solución a los problemas que acarreara mi decisión cuando fueran llegando. Probablemente sin seguir un orden lógico.

1

Fue tan sólo uno el órdago que le eché sin cartas a mi admirado sensei. Y logré descolocarlo por completo. Pensándose que era un problema económico, fui tentado no por menos de tres veces para que aceptara mejorar mis condiciones, tantas como tuve que negarme agradecido. Cuando comprendieron que sólo había un camino, mi mano se hizo fuerte, invencible, y aceptaron mi propuesta original, y por fin me regalaron el fantástico tiempo sabático que disfruté.

10

El mes que tuve que despertar del plácido sueño vivido, para cumplir con mi parte del trato y volver al cubo de cemento desde donde entonces paso la mayor parte de los días. Duro en los inicios, tedioso, mucho, pero aceptable cuando asumes el peso de la rutina y te centras en lo positivo de esta nueva etapa. Me han atrapado de nuevo señora, pero he aprendido para la próxima y no me volverán a coger vivo. Lo juro.

35

Una cifra nueva y desconocida para mí, que se apunta este año para recordarme que han pasado ya otros tantos otoños con sus inviernos. Y de momento parece que sigo plantando cara y dando guerra, aunque supongo que no debe ser mas que cosa del destino. Muchísimas gracias por todas esas felicitaciones de cumpleaños. Un abrazo muy grande majetes.