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domingo, 23 de marzo de 2014

MAMÁ, QUIERO SER VIVIDOR

Cuando uno toma una decisión de ese calado, uno de los momentos más delicados es, precisamente, hacérselo saber a tu señora madre. Las madres son esos extraños y curiosos seres que tienen un nivel de preocupación tal, que son incapaces de sentir nada más. Nunca dejan de desvelarse por lo que le pueda ocurrir a sus pupilos; jamás. Una buena madre vive en un estado de preocupación y alerta perpetúa que, de alguna forma, la hace estar feliz y refunfuñando todas las horas del día. Yo puedo coger un avión intercontinental y no se lo digo a mamá y no pasa nada. Ahora, como la llame y le cuente que voy a subir el metro para ir a una cena, me indica (amablemente) que tengo que darle un toque en cuanto llegue al restaurante. Y si se me olvida hacerlo (cosa que ocurre continuamente) me llama y me echa una bronca del copón bendito. Y la edad que tenga no importa ni va a importar. Si por ellas fuera no saldríamos a la puerta de la calle porque "¿para qué?" si "donde mejor se está es en casa que por ahí no hay más que gentuza". Hay que ver lo que quiero yo a mi madre.

Esta es mi última semana de trabajo. A partir del 1 de abril empieza una nueva etapa en mi vida donde el capitán de mi barco seré sólo yo. Las motivos por los que he decidido este cambio radical no los tengo claros ni yo, puede que no pudiera ni enumerarlos aunque ese fuera mi propósito (que no lo es), lo que os puedo confirmar es que lo hago porque es lo que realmente quiero hacer. Supongo que todo esto va un poco sobre la política de sufrimiento cero que ya promulgué hace un tiempo, y de que la vida es nada más que un ratico.

Necesito este tiempo para mí. 

La llama que se encendió con fuerza hace más de tres años cuando comenzó mi etapa japonesa estaba perdiendo poco a poco intensidad por el peso de la rutina. Y ahora quiero volver a avivar ese fuego para seguir progresando, aprendiendo, ¿madurando?, y para enfrentarme a nuevos retos que, por lo que me han contado, ya deben estar de camino. Y si no vienen ya iré yo a buscarlos donde haga falta.

¿Y ahora qué vas a hacer? Es la inevitable pregunta que me hacen cada día, y que yo mismo tuve que formularme hace no tanto. Pues ahora soy yo el que decide por dónde sale el sol cada mañana, así de sencillo. Quiero aprovechar este tiempo para mejorar mi japonés (porque mi base seguirá siendo Tokio), para hacer deporte, para viajar como un loco (pero despacico, sin agobios), para levantarme a la una un martes o trabajar una mañana de domingo, para visitar a amigos que hace tiempo quiero ver…haré todo lo que uno no puede hacer cuando es esclavo del tiempo.

¿Y de qué vas a vivir? Sabía que ibas a preguntarme eso malandrín. Pues no lo sé. Y realmente no me lo he planteado en serio. Espero y deseo que vayan surgiendo cosas, y que los proyectos que llevo en paralelo funcionen y me ayuden a ir tirando. Pero es lo que menos me preocupa en este momento. El maldito dinero es una de las principales razones que nos impide tomar decisiones de este tipo, que nos ata en corto y no nos permite ser del todo libres, y que por lo tanto quiero que tenga el menor peso posible en toda esta historia.

Así que amigos ese es el nuevo plan: disfrutar de la vida. De momento, voy a esperar a que vengan los viajeros de Albacete Japón Express 2014 para irme con ellos una semana de juerga flamenca por Japón. Tras lo cual partiré rumbo al sudeste asiático en un viaje iniciático que me muestre cómo he de vivir este nuevo tiempo que se me ofrece. Tailandia será mi primer destino, con la idea de tomar contacto con un país en el que estamos pensando organizar un viaje (del mismo tipo del que hacemos por Japón) para este próximo mes de agosto. Después, vendrán otros países, continentes y aventuras, pero de todo esto ya iremos hablando tranquilamente estos meses venideros. Gracias por seguir siempre ahí leyéndome, que no os lo digo mucho pero es algo que agradezco sinceramente.

Pues eso madre, que ya lo siento, pero que me hago vividor.



¡Un abrazo grande!

martes, 14 de enero de 2014

VOLAR EN TURISTA vs VOLAR EN BUSINESS

La mayoría de los mortales entendemos volar en clase Turista como la única de las opciones posibles a la hora de viajar. Y es normal. Buscamos el destino en cuestión e intentamos ajustarnos a la tarifa más económica que nos ofertan ya que, aún así, volar sigue siendo en general algo que se considera caro en la actualidad.

Así lo he hecho yo siempre, pero recientemente he tenido la oportunidad de volar en clase Business en mi vuelta desde España. Tenía acumuladas suficientes millas en la tarjeta de Emirates, y decidí darme el capricho, y de paso comprobar de primera mano cómo viajan esos a los que miro con odio mientras me dirijo a mi asiento en la parte trasera del avión. 

Basándome en esta experiencia os voy a contar las diferencias que yo encontré. Me centraré concretamente en la compañía aérea Emirates (ya que he volado con ella en ambas clases, por lo que con otras compañías lo que digo podría variar ligeramente), y en un vuelo intercontinental (los vuelos de corta duración no suelen contar con los mismos servicios).

FACTURACIÓN

Hasta que llegamos al aeropuerto todos somos iguales, pero a la hora del check-in comienzan las diferencias. Existe un mostrador especial para la clase Business, que además normalmente está vacío, por lo que la espera para facturar es cero. Esto nos permite llegar al aeropuerto con menos antelación de la habitual. En mi caso llegué una hora y media antes y me sobró tiempo. 

Además, tendréis derecho a facturar una segunda maleta sin coste adicional y a disfrutar de más peso en el equipaje de mano. Os etiquetarán la maleta con un cartelito donde pone Priority, lo que hará que vuestra maleta salga la primera en las cintas al llegar a destino.

En Turista deberemos esperar una cola considerable para facturar, tiempo que debemos calcular para llegar antes al aeropuerto, y sólo tendremos derecho a facturar una maleta, que normalmente tarda una eternidad en salir de la cinta. Con Emirates, al menos, tendremos hasta 30 kilos de peso por maleta facturada, cuando lo habitual son de 20 a 23 kilos en otras compañías.



CONTROL DE SEGURIDAD

Al pasar por el mostrador de facturación, con las tarjetas de embarque de Business nos entregarán un pase especial para el control de seguridad (en inglés el llamado Fast Track), que nos permite pasar por un control distinto y exclusivo para las clases Business y First Class. Una vez más encontraremos que no hay que hacer espera alguna, pasando a la zona de embarque en menos de un minuto.

Los pasajeros en Turista pasan por el control normal, que en ocasiones tiene unas colas tremendas y puede darnos un susto si vamos con el tiempo demasiado pegado. Os lo digo porque me ha pasado.

SALA DE ESPERA

Nuestro billete de Business nos da derecho a disfrutar de la Sala VIP que Emirates tiene en casi todos los aeropuerto importantes. Allí nos esperan cómodos sofás, bebidas y comidas de cierta calidad gratuitas, internet Wi-Fi, prensa, revistas y un ambiente relajado para pasar los momentos previos al vuelo.

En Turista no nos dan nada de nada. No nos queda más que esperar frente a la puerta viendo como algunos viajeros se ponen incomprensiblemente en cola mucho antes de que empiece el embarque sin saber muy bien por qué. Y eso que tienen su asiento reservado y les esperan interminables horas en el avión. Y es que hay gente pa´ tó.



EMBARQUE

Los primeros en subir al avión son los pasajeros de clases superiores, una vez más el tiempo de acceso desde Business es prácticamente cero. En dos minutos estás en tu asiento sin problemas de espacio para dejar tu equipaje de mano. Tienes varios compartimentos para guardar tus pertenencias personales, e incluso un hueco para dejar tus zapatos.

En Turista tendrás que esperar un ratico para subir y luego te tocará pelearte a codazos con esa señora tan pesada que se piensa que lo de las maletas es sólo para ella. Esos momentos de entrada y salida del avión los odio especialmente. Pero eso es una cosa mía porque lo de estar parado en una cola esperando es algo que mi mente no terminar de aceptar.



DENTRO DEL AVIÓN

Aquí es donde empieza la fiesta de verdad, la juerga flamenca, lo de antes no era más que una pequeña broma. Por este motivo divido el asunto en las distintas partes a tener en cuenta una vez sentados y preparados para un largo vuelo.

ASIENTO

Sin duda el punto más fuerte para mí de la clase Business. No sabría decir cuánto espacio más que en Turista hay, pero es mucho muchísimo más. Da igual lo grande que seas (aunque no es el caso), podrás estirar las piernas y no tocarás el asiento de delante. Además de eso, el sillón es más cómodo, tiene función de masaje de cuerpo entero, todo se controla electrónicamente y, lo que es más importante, hay separación física (con una pequeña mampara opaca) entre cada pasajero, lo que te da privacidad, si es que la quieres.








Pero lo mejor viene a la hora del descanso, ya que el asiento se hace completamente cama. No estoy diciendo que se recline mucho, no, es que se hace una cama donde puedes dormir a pierna suelta. No os digo más que la azafata me tuvo que despertar como si fuera mi madre un domingo por la mañana, porque estábamos aterrizando y yo seguía durmiendo como un chiquillo pequeño.

En Turista ya sabéis bien como es la cosa: poco espacio y, si no tienes suerte, encajonado entre asientos. Dormir, duermes, pero llegas con un dolor de espalda tremendo. Y eso que Emirates tiene una de las mejoras clase turista que he probado.


SERVICIO Y COMIDAS

En Business hay distinción entre azafatas y servicio de restauración, es decir, hay camareros propiamente duchos para servir las comidas y bebida en vuelo, y además están bien preparados. Desde el momento que subes al avión te llaman por tu nombre, te dan la bienvenida con una copa de champagne y te indican que por favor pidas lo que necesites.

Tras el despegue comienza lo bueno. La cena no se sirve como en Turista, aquí la cosa lleva su tiempo (unas 2 horas en total) y todo está preparado para que el tiempo de vuelo se haga más ameno. Hay carta de vinos y otras bebidas, y también se puede elegir la comida entre varias opciones. Esta es la parte que yo encuentro más floja. La comida es mejor sin duda, pero no tiene nada de especial, y no es acorde al resto de servicios. Es una de las grandes tareas pendientes de las compañías aéreas, aunque están dando pasos hacia el buen camino últimamente con la contratación de grandes cocineros. Lo mejor sin embargo es que consiguen que el tiempo se pase casi sin darte cuenta: una copa de vino por aquí, un pequeño aperitivo, y así se ve la vida de otra manera.

ACCESORIOS

Emirates ya tiene detalles en Turista con sus clientes, regalándole una pequeña bolsa de aseo con cepillo de dientes, calcetines de descanso y antifaz. Se dispone también de una pantallas (y auriculares) con un sistema de entretenimiento de música, televisión, juegos y películas muy completo.

Como no podía ser de otra manera, en Business la cosa mejora: la bolsa de aseo es mejor que la mía, las mantas son más suaves, y hasta las almohadas están más mullidas. Menudo gustico. Además se dispone de espacio de sobra para dejar el equipaje, con servicio de guardarropa incluido, para que las chaquetas y abrigos lleguen impolutos a destino. La pantalla de televisión también es mucho mayor y los cascos con mejor sonido. Las películas son las mismas, pero no es igual ver una película que ver una película. Esto es así.





OTROS PUNTOS CURIOSOS A TENER EN CUENTA

- Si viajas mucho en Business serás pronto más gordo y más alcohólico, pero la culpa no será tuya. No hay forma de decir que no a tantas cosas ricas y al Cardhu de 12 años conservado en barrica que te ofrecen como si fueran piruletas.

- En general, se tiene la opinión de que la gente que viaja en clases superiores es una estirada. Como casi todas las generalidades es una estupidez, tontos (como en tu pueblo) hay en todas las zonas del avión (y probablemente en  la misma proporción). Yo mismo cuando me había bebido dos vinos buenos, me vine arriba y entablé conversación con mi vecino de la izquierda, y era un tío que parecía rico sí, pero también muy majo.

- El 30% de la gente que va en Turista y pasa por los asientos de business dice algún comentario del tipo "¿de verdad nos tienen que pasar por aquí? o "¡qué putada ver esto!" o "si hay asientos libres deberían aprovecharlos y pasar a alguien a esta zona". Somos humanos y eso me mola.

- Todos ellos tienen razón. Es una absoluta crueldad hacer pasar a la gente por esa zona antes de estabularte cual res en Turista, aunque la labor de esa acción de marketing es innegable. TODO el mundo quiere viajar ahí.

- Cuando eres tú el que estás sentado viendo pasar a la gente te sientes tremendamente observado, y tú pones cara como de no darle ninguna importancia, como si fuera lo más normal, aunque estés flipando y te mole mucho tu nuevo asiento de rico. Y además le das pequeños sorbos a la copa de champagne como si supieras lo que haces.

- Incluso las clases superiores (incluida First Class) deben pasara a recoger su equipaje por la cinta. En el último vuelo de ida a España estaba yo esperando el mío cuando me di cuenta de que el elemento que estaba a mi lado era Fernando Alonso, y allí estaba como todo hijo de vecino para coger su maleta de Ferrari.

- Viajar en Business cuesta aproximadamente 3 veces más que hacerlo en Turista. Si merece la pena pagarlo o no, dependerá de cada persona, del dinero que tenga y de en qué prefiera gastarlo. Me parece que yo ya me he despedido de ello hasta dentro de unos años. Maldita sea.

- Un amigo mío decía: "la buena vida es cara, pero lo otro ni es vida ni es nada".


miércoles, 8 de enero de 2014

2014

Os escribo aún desde las tenebrosas tinieblas del jet lag, ese invisible enemigo al que, al menos yo, no logro doblegar ni lo más mínimo. Una y otra vez se presenta de la misma manera; puntual, tedioso y molesto, haciendo que durante dos o tres jornadas no pueda ser ni una sombra de mí mismo. Ya que son escasas las horas que me quedan a su lado, voy a aprovechar para salir simultáneamente de este molesto desfase horario y del año que dejamos atrás (que también cuesta lo suyo). Al fin y al cabo es algo que antes o después todos debemos que hacer. El 2013 se ha terminado.

Aeropuerto de Narita, Japón

Estas vacaciones en España han servido para recargar la despensa emocional de momentos familiares, de recuerdos de vidas pasadas, de alegrías compartidas con amigos a los que ahora veo de uvas a peras, pero con los que nada cambia pese al paso del tiempo y lo poco que conseguimos vernos. Cada uno ha cogido su camino, pero todos parecen estar bien. Parecen        estar        bien.

Cada vez se hace más raro volver.

Porque la que creías tu casa lo es menos cuanto más tiempo llevas viviendo en tu nuevo hogar. Nada cambia allí de donde vengo, me encuentro todo tal cual lo dejé en mi última visita, pero yo ya no soy el mismo que se fue. Ese es el problema. Si es que eso es un problema para alguien. Tengo la impresión de que ya no podría volver aunque quisiera, o al menos no de la misma forma.




Atardecer en Albacete, España

Es hora de verse las caras con el nuevo año. Como es ya habitual, propósitos imposibles, proyectos eternos y sueños (y los sueños, sueños son) inundan nuestros pensamientos durante estos primeros días de Enero. Hay que tener cuidado, porque si no lo evitamos, todas esas fantásticas ideas se esfumarán tan rápido como vinieron para no volver hasta que se dejen ver las primeras luces de 2015. Y en esas estamos en estos momentos.

En intentar no dormirme para conseguir que 2014 traiga una cosecha diferente y prolífica a partes iguales. Un año que venga lleno de viajes, de aventuras, de cambios que me permitan ilusionarme y emprender nuevos caminos que tan difícil son de tomar. Por el momento voy a ordenar y desempaquetar planes, que los tengo todos apilados en cajas viejas de supermercado.

Y veremos a ver de qué soy capaz en estos próximos meses.

Jameos del Agua en Lanzarote, España

¡Feliz 2014!

domingo, 24 de noviembre de 2013

¡LA FIESTA DE ESPAÑA EN LOS MEDIOS!

Levantarse hoy ha sido duro como ningún otro lunes. Tengo dolores de todo lo que se pueda tener dolores. Y es que estar con el lomo doblado para cortar los dos jamonazos que me he cortado de pezuña a hueso en dos días te deja de todo menos fresco. Mi padre me diría que es la falta de costumbre, que como no he trabajado en la vida, pues que soy un blando. Y no le falta razón. Tengo que ponerme a hacer zanjas para solucionarlo, a ver si pronto tengo un rato y me pongo con ello.

Aunque a uno se le pasan todos los males cuando las cosas salen como estaban previstas, y puedo decir que estoy satisfecho de lo conseguido en casi todos los aspectos del evento. Todo se puede mejor, cómo no, pero para eso seguiremos aquí en primera línea de fuego. De momento, me alegra ver que incluso los medios españoles se interesaron por el proyecto. ¡Ayer por la noche salimos en los Informativos de Telecinco! Ahí salen Oskar y Manuela preparando pinchos de tortilla como si no hubiera un mañana.


También la agencia EFE estuvo presente en la fiesta y ha difundido la noticia sobre el evento, nota de prensa que se puede ver en muchos periódicos de habla hispana, y donde salgo contando alguna de las tonterías de las que acostumbro a decir diariamente. Podéis ver la noticia completa pinchando aquí. 



martes, 8 de octubre de 2013

CUESTIÓN DE SUERTE

Siempre he imaginado lo interesante que resultaría poder disponer de los datos exactos que rodean tu vida. De esta forma, tendrías números y estadísticas fiables sobre qué, cómo y cuántas veces hiciste todo aquello que muchas veces mencionas con tus amigos entre vagos recuerdos. Además así, podrías estudiar analíticamente como unos acontecimientos determinados te llevaron a otros, y de que manera podrías mejorar ese proceso para hacerlo más eficiente para la siguiente ocasión en la que se te presente. No es algo que considere vital ni mucho menos, tan sólo digo que esas miradas retrospectivas podrían generar momentos de felicidad que de otra manera se esfuman en el limbo de los sueños perdidos. Por eso nos hace tanta ilusión ver un vídeo casero de hace muchos años, porque nos muestra sin perder un detalle lo que aconteció en un instante concreto de nuestras vidas. No hay sitio para la duda, allí se puede ver la realidad tal cual fue entonces, y eso nos crea un sentimiento que no puede igualar una historia contada por ese gran colega tuyo que no para de hablar. Por cierto, historias que tantas veces han sido contadas, y que ya no se sabe ni dónde ni cuándo fueron, y en ocasiones ni siquiera recuerdas  con claridad si tú estabas allí. 

Pero si sigo otro párrafo sin explicar a qué viene todo esto, entonces seré el único que consiga seguirme. La semana pasada recibí de Oskar un mensaje con una de esas tablas de datos numéricos sin números que asustan. Era escueto y decía literalmente: "Clases de cocina -- Jurado del Cervantes -- Cocinero tortillas -- Supein Matsuri -- Yoyogi Matsuri". Mensaje sin sentido para nadie excepto para mí, que me hizo pasarme lo que restaba de día sonriendo.

Pero para entender toda buena historia hay que comenzar por el principio.

Desde que hablé con Víctor, compañero de colegio, en aquella Navidad del año 2011 no podía quitarme de la cabeza la idea de montar una noche de monólogos en Japón. Él es ahora representante de artistas, y quedamos en pensar en ello entre risas y, sinceramente, sin mucha esperanza de poder llevarlo a cabo. Como a cabezón me llevé muchos premios de pequeño, un día me planté en el Instituto Cervantes para hablarle de mi proyecto a Teresa, una compañera de trabajo de nuestra querida y maldita Nerea. Enseguida pude ver en ella una persona activa y con ganas infinitas de hacer cosas, de las que a mí me molan. Entre Teresa, un servidor y nuestro empeño mútuo conseguimos traer en junio de 2012 a Tokio a Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, en una noche mágica que será difícil olvidar. Aunque de eso ya hace mucho tiempo, pero más tiempo hace aún desde que yo decidiera empezar a impartir clases de cocina española para japoneses. Y como se suele decir, de aquellos polvos vinieron estos lodos, y cuando Teresa organizó el I Concurso de Tortilla Española en Tokio, amablemente pensó que yo podría servir como jurado para tamaño y gastronómico evento. Aquel concurso fue justamente ganado por un señor de encantadora apariencia llamado Misaki, que regenta un bar español en el barrio de Akasaka. No sólo ganó porque fue el mejor, sino que hizo una tortilla perfecta en todos los aspectos, una de las mejores que he probado nunca. Así que allá que me fui a darle mi sincera enhorabuena personalmente y pedirle la dirección de su local, al que tenía que hacer una visita. No tardé más de una semana en presentarme en el pequeño bar decorado con pequeñas baldosas como las del Parque Güell de Barcelona. Resultó que además de ser un excelente cocinero, Misaki es un señor de los pies a la cabeza, un tipo amable y risueño de esos que da gustico tener cerca. No podía entonces pensar en otro que no fuera él cuando organizamos la I Feria de Albacete en Japón el pasado septiembre, también conocida en japonés como Supein Matsuri. Fiesta que fue todo un éxito de participación y juerga flamenca, y donde Misaki hizo las delicias de propios y extraños con sus tortillas de patata.

Y con esto nos acercamos al fin y comienzo de todo.

Hace dos semanas me mandaron un correo electrónico desde la organización de una fiesta española que va a celebrarse en Tokio el próximo noviembre con motivo de los 400 años de relaciones entre España y Japón. Se trata de un evento en el céntrico parque de Yoyogi pensado para que unas ochenta mil personas disfruten de cultura española durante todo un fin de semana. Contactaron con el Cervantes para localizar a algún español que pudiera ayudarles, y esa información llegó a Teresa, que tuvo a bien pensar en un servidor para semejante responsabilidad.

Y entre Teresa, Víctor, Oskar, Joaquín Reyes, Nerea, Misaki, mis alumnos de la clase de cocina, Guille, Ernesto Sevilla y muchos muchos más que no están en este relato, pero que que forma parte fundamental de esta historia, asumí el papel de Asesor de Proyectos de la fiesta española más gorda que se ha hecho nunca en Japón. Y de ahí el mensaje de marras del gran Oskar, que parecía que no decía nada pero decía de todo: "Clases de cocina -- Jurado del Cervantes -- Cocinero tortillas -- Supein Matsuri -- Yoyogi Matsuri"

Y aún habrá por ahí quien diga que esto no es más que una cuestión de suerte.



domingo, 19 de mayo de 2013

MEMORIAS DE LA FERIA

Este no es un lunes cualquiera. Y son varios los motivos. En primer lugar, y aunque supongo que ya os habrá resultado evidente, porque estreno diseño del blog y dominio propio (a partir de ahora seré conocido como www.tiochiqui.com). Todo ello gracias al trabajo de Andrés Jarit, al que llevo dando por saco toda la semana para que todo quedara como yo lo tenía en mi cabeza. ¡No olvidéis actualizar vuestros feeds majos! 

Para continuar, porque quería contar hoy cómo fue el pisto de la Feria de Abril que organizamos la semana pasada en Tokio. No ha podido ser antes porque la resaca de la fiesta vino con marejada. Trabajamos muy mucho y además había que procesar las cientos de fotos y reflexionar bien sobre lo allí acontecido. Así lo hemos hecho; tanto tanto, que hemos decidido que hoy lo compartiríamos con vosotros todos juntos. Por lo tanto, éste no es más que el 25% de un gran post que hoy voy a publicar conjuntamente con Oskar, Guillermo y Flapy. A ver si encontráis tres patas para un banco como esas. Ya me contáis ya.


Las ocho de la mañana y el sol ya se dejaba sentir desde hacía un buen rato en Tokio. Mi misión consistía en recoger a todos los integrantes de la organización casa por casa; y por tutatis que eso hice. Debíamos estar a las once para abrir el bar y comenzar a prepararlo todo. Os mentiría si os digo que dormimos plácidamente. Entre que la compra del día anterior acabó tarde, que quedaban platos pendientes por ser cocinados y los nervios lógicos del asunto, seguro que ninguno de los cuatro cerró el ojo más de dos o tres horas. Poco importaba todo eso en aquel momento: estábamos ilusionados y activos hasta la médula. 

Se acercaba peligrosamente la hora del encendido del alumbrado...


 Nanami, que cuidó de la puerta de forma magistral












A partir de las doce del mediodía la gente fue llegando poco a poco. Al principio familias con niños principalmente, y es que el día había amanecido soleado y primaveral, y qué mejor manera que pasarlo que yendo a una caseta del recinto ferial de Sevilla. La fiesta se calentaba a fuego lento, y las primeras tapas y bebidas salían ya de cocina cantadas en un micrófono por Guille y Germán, que se pegaron una soberana paliza a cocinar ese día. Tortilla, croquetas, pollo al ajillo, ensaladilla rusa, torrijas, queso manchego, jamón ibérico...





Bien comidos y bebidos, los asistentes entendieron que no era suficiente, que había que pedir más. Y es que les habíamos prometido también flamenco del bueno, por lo que había llegado la hora de que el gran Niño Cagao se pusiera a la sala por montera y demostrara por qué jamás le faltará trabajo en este país. Alegría, salero, gracia, desparpajo, bondad infinita. De todo eso este señor tiene por arrobas. No se me ocurre alguien mejor para animar cualquier sarao que se precie. Mil gracias de nuevo Chema, te vamos a echar muchísimo de menos.




Hasta tuvimos actuaciones de flamenco fusión con piano y saxo en directo, no os digo más. Y como no podía ser de otra forma, tras unas horas de buen cante y buen bebercio, llegó el esperado free style. Era el momento de que los genios se hicieran visibles, de que los cracks salieran de la cueva, de que los allí presentes sacaran su lado flamenco a pasear y nos mostraran la gracia andaluza. Luego, cuando algún gurú experto en oriente os cuente que los japoneses son unos secos y unos samugazos, vais y le hacéis caso. 









Un día absolutamente redondo, donde fuimos capaces de darle de comer y de beber a casi 250 personas. Donde bailamos, donde nos reímos y, donde si los hubo, no recuerdo un solo problema. Y de todo eso la culpa es casi toda vuestra, que allí estuvisteis con el buen rollo por bandera como siempre, disfrutando de una cultura diferente, de unas tradiciones que no son las vuestras, pero que por algún motivo os laten tan fuerte dentro de cada uno de vosotros. ¡Muchas gracias!

Y gracias a Germán, Oskar, Manuela, Namami, Sato-san, Akane y Guille por trabajar como bestias sin protestar ni una vez en todo el día. Gracias a Chema, Akari, Alicia, Isami y Ryu por hacer del escenario una fiesta durante diez horas. Y por último gracias a Jamones Nico, Marquesado de Hita y Bodegas Latúe, que se embarcaron a ciegas en este proyecto con nosotros, ayudándonos a conseguir la calidad que nos habíamos propuesto alcanzar.

¡Un abrazo enorme a todos!

*Fotos de Nerea, Flapy y de un servidor.

jueves, 9 de mayo de 2013

ENTREVISTA EN RADIO EUSKADI

A propósito de la gran liada de este domingo 12 de Mayo, de nuestra particular Feria de Abril de Tokio, ayer miércoles, Felipe (del fantástico blog Eurowon), encendió la mecha en twitter para que esta mañana temprano (noche en España) hayamos acabado charlando animadamente con la gente del programa La Noche Despierta sobre la tremenda fiestaca que se nos viene encima.

Querían saber más, diría yo que muchísimo más que más. Y entre Oskar y Germán (y lo que yo he podido ayudar), les hemos ofrecido los detalles de tamaño evento ibérico en el mismo centro de Japón. Aquí os dejo a continuación el audio, para que seáis vosotros los que decidáis si nos merecíamos esta oportunidad en las ondas.






¡Veremos cómo se da la cosa majos!

lunes, 11 de marzo de 2013

YO DOCTOR

Las percepciones que los miembros de una comunidad tienen de un asunto que les concierne son una parte fundamental de su cultura. Esa sociedad imaginaria (más grande o más pequeña) entiende los distintos aspectos que le afectan y reacciona ante ellos influenciada por la educación recibida, por el legado de generaciones anteriores o por los poderosos mecanismos de comunicación y propaganda (controlados generalmente por los gobiernos que las administran). Me refiero a la opinión  que tiene de la mayoría de un país sobre algo concreto, dando por seguro que habrá diversidad en las opiniones y pensamientos, como la habrá de individuos en esa comuna.

Pero yo he venido hoy aquí a hablar de mi libro, y quiero contaros cómo entiendo yo la percepción que se tiene de la ciencia y la investigación en dos sociedades tan distantes como la española y la japonesa. Y en este caso, enfocado simplemente desde lo que yo escucho de la gente cuando saben que te dedicas a esta locura. Es decir, éste es mi punto de vista personal e intransferible. Así que no preguntes que no se vende.

En España la sociedad tiene conocimientos escasos sobre investigación. Es algo que considero normal ya que se trata de estudios en ocasiones muy complicados y que requieren una base fuerte para poder comprenderlos. Sinceramente no creo que haya países que tengan mucho más nivel en este aspecto. La gente quiere soluciones a problemas, pero no todo el mundo puede entender todos los entresijos de cada  problema. Los humanos nos especializamos y perdemos el horizonte de materias que se alejan de nuestro campo de acción. 
Otra cosa muy distinta es la opinión que tenga la gente sobre qué importancia en general tiene la ciencia en el desarrollo de su sociedad. Y creo que en España hay poca preocupación por ese asunto. Ni nos interesa demasiado, ni realmente hay una buena valoración de la figura del científico. Quedando todavía esa antigua imagen de tíos raros en bata, improductivos y sin vida social.

En Japón los conocimientos acerca de la investigación me parecen básicamente iguales. La gente sabe lo que es el cáncer, o han oído hablar de enfermedades o tratamientos, pero no conocen nada en profundidad. Ahora bien, la carrera científica está considerada de una forma muy pero que muy positiva. No sólo por parte de la administración, que fomenta una carrera de científica de calidad y profesionalizada desde los inicios, sino también de la gente de la calle. No he visto otro sitio donde digas que eres científico y la gente reaccione con esa sorpresa y admiración. A mí me han llegado a dar las gracias de corazón por dedicarme a esto. Imaginad mi careto cuando esas cosas ocurren. El gustico es así como grande.


Pero aunemos el mundo. Vamos a hablar también de las percepciones comunes entre los que toman cañas con tapa y los que se ponen finos a sushi las fiestas de guardar. Da igual que yo le diga que soy Doctor a uno de San Petersburgo, que de Osaka, que a uno de Buenos Aires o de Cuenca. Absolutamente todos se quedan igual de sorprendidos de que un mono como yo se dedique a esto. 

Mejor será que no me pare demasiado a analizar este punto. Que estamos a lunes.

¡Buena semana a todos!

domingo, 24 de febrero de 2013

EL PROBLEMA ES LA COMUNICACIÓN

Demasiada comunicación. Parafraseando a Homer Simpson, uno de los hombres con el que hemos aprendido a relativizar el éxito, andaba yo pensando el otro día en algo que es de capital importancia cuando se respira a muchas millas de la lengua materna. Comunicarse, qué cosa señores.

Un día, hace ya de tres a cuatro lunes, salí yo con lo puesto de mi casa en Albacete. Era un chaval sencillo,  sin malicia, con el poco inglés que el maltrecho sistema educativo español lleva décadas ofreciendo cruelmente a nuestros niños pero, sinceramente, sin demasiado miedo. Así, una vez llegué a Japón, tuve que adaptarme a mi nuevo ecosistema para poder sobrevivir. Se habían acabado las bromas, había que ponerse a hablar sí o sí, y así sucedió casi sin darme cuenta. Pero en este caso había dos tazas de sopa en lugar de una, y si alguna vez quería yo encontrar la sal en los estantes del super, tendría que hacerme con un nivel de japonés al menos básico. Ya estaba bien de comer paella dulce; eso tenía que terminarse inmediatamente.

Entonces es cuando llega el serio momento de hablar con gente. Ya no hay vergüenzas ni historias, hay que intentar decir lo que quieres decir buscando las mañas que sean necesarias y cometiendo los errores garrafales que te enseñarán el camino para no volver a encontrarte con ellos de nuevo. Y es en esa interacción con el interlocutor de turno donde yo encuentro la clave de todo. Hay personas con las que es tremendamente sencillo comunicarse. Saben escuchar, miden las pausas, te corrigen con tacto, se apoyan en su lenguaje corporal, encuentran el modo de ordenar tu desordenada gramática o tienen un jodido don divino. No lo sé. Pero son capaces de hacerte sentir a gusto en un idioma que dista horizontes de ser el tuyo, motivándote en cada frase, ayudándote con refuerzos positivos que no mereces, convirtiéndose al fin y al cabo, en una comprensiva mamá idiomática que te arropa cada noche en tu aprendizaje.

Y como no hay dos sin tres, ni cuatro pies le busques al gato de la vecina, también están los individuos a los que se les negó la comunicación por decreto. No es que no sepan hablar; de hecho en muchas ocasiones son inteligentes, cultos y dominan varios idiomas, sino que se pasan las conversaciones buscando el fallo del que no sabe, puntualizando los errores de manera que roza lo maleducado, riéndose de la pronunciación del que tienen enfrente y, en resumen, frustrando al que aprende y llevando a esa persona con la que hablan a que tenga ganas de callar para no pecar. Personajes impacientes (menos mal que son pocos), que uno juraría que nacieron doctorados y con honores. Así que con esos que hable su padre, que es el único que tiene obligación familiar y moral.

Evaluarse a uno mismo es complicado, pero desde que soy consciente de esta realidad que era ajena a mí hasta hace un tiempo, intento mejorar en ello todo lo posible y cuando hablo con alguien que está aprendiendo español o inglés, procuro parecerme todo lo posible a uno de los buenos, y me invade una empatía que me hace explayarme en ánimos con quién sea que esté charlando.

Pero no perdamos el rumbo con el que salimos de puerto. Volvamos a la paráfrasis que inspiró todo lo anterior. Tan importante considero yo la existencia de comunicación como su parcial ausencia. Y es que en determinadas ocasiones no tener un 100% de comunicación con una persona no sólo es que no sea negativo, sino que puede evitar situaciones desagradables y daños qué solo pueden hacerse con los giros del lenguaje; esas simpáticas y ofensivas puyas que todos usamos alguna vez en nuestro idioma y que aderezadas con mala leche no generan nada bueno.

Pues de todo eso nada, te haces el loco cuando no te interesa, y a otra cosa. Grande Homer.

¡Buena semana a todos!

domingo, 10 de febrero de 2013

EL QUESO MECÁNICO

No faltaban más de diez minutos para que comenzara el partido cuando subíamos con prisa por las escaleras que nos conducían sin remedio a los graderíos del Yokohama Stadium. Y allí estaba yo, con cuatro personas a las que hacía 48 horas no conocía de nada, y con las que me disponía a presenciar la final del mundialito de clubes de la FIFA entre el Corinthians y el Chelsea. Poco más sabía de todo este asunto. Pero las circunstancias, o tal vez un regate habilidoso del destino, habían llevado mis pies hasta allí. Y bien sabía dios que no iba yo a detenerme en ese punto. Puerta oeste, entrada w12, nivel 1, fila 20, asiento 312.  Y allá que nos fuimos.


Parecía además que estaríamos en una de las mejores zonas del campo, en un de los laterales, pero, por lo visto, las sorpresas no habían hecho más que comenzar. Encima de nuestras butacas designadas había un fantástico regalo de bienvenida para luchar contra aquella tremenda noche de diciembre. Una bolsa con cojín, mantica y bolsas de esas que al agitarlas se mantienen calientes un buen rato. 

Esto empezaba a tener una pinta cojonuda.


Pero tocaba centrarse en el fútbol, y aunque el partido no fue el mejor que podía esperarse, los veinte mil brasileños que habían viajado hasta Japón no paraban de animar a su equipo. Qué pasión señores, qué manera de sentir y entender este deporte. Pocos sin embargo eran los aficionados del equipo inglés, que sin duda partía como gran favorito para levantar el trofeo. 


El primer tiempo concluyó sin incidencias reseñables, y con las dos escuadras intentando no perder las formas. Típica final en donde todo parece posponerse, en donde nadie quiere tomar la responsabilidad para no ser el primero en equivocarse. Un partido que seguía el manual al pie de la letra. Seríamos sin embargo nosotros los que conseguiríamos marcar el primer tanto, porque con la entrada, nos habían colgado al cuello una medalla que parecía podía abrirnos las puertas del mismísimo Mordor si hubiera hecho falta.


Silver Lounge señora, cómo se queda. Durante el descanso (y al final del partido), teníamos acceso a una sala donde comer y beber sin fuste ninguno. Vinitos, cañas y un amplio menú de comida se empeñaban en atraparnos en aquel salón. Hay que joderse lo bien qué viven los que viven bien.

Entre charlas con mis compas, me sorprendió escuchar alguien detrás de mí conversando en español. Y allí estaba hablando de fútbol el gran Benito Floro, aquel señor de pelo blanco y voz ruda que llevó al Albacete Balompié en los 90 de segunda división B a primera en tan sólo dos años. Aquel entrenador que hizo historia y convirtió a un equipo modesto en El Queso Mecánico, un conjunto que dio una lección de cómo jugar al fútbol sin un gran presupuesto y que fue temido en muchos estadios españoles. No lo hubiera hecho con casi nadie, pero me tuve que acercar a decirle que yo también era de Albacete, no pude resistirme. Todo un señor con el que estuve conversando durante un rato. Hablamos de fútbol, de ciencia y de vida, y me contó su experiencia de hace muchos años cuando militaba en equipos japoneses. 


Un día genial de amigos, fútbol y experiencias de esas que sólo se viven una vez. Y es que las casualidades están ahí para llevarnos a lugares que no imaginábamos. Sólo hay que darles la oportunidad para que ocurran. Millones de gracias Paulica.

lunes, 21 de enero de 2013

EL RAMEN-IPHONE


A veces las ideas están ahí, a la vista de todos, pero sólo algunos son capaces de convertirlas en sacos de dinero fresco. Con darse un paseo por Japón, uno podrá ver dos cosas: una, que a la gente le gusta mucho el ramen (yo incluido) y, dos, que prácticamente todo el mundo se pasa la vida consultando el móvil mientras come, viaja en metro o incluso va andando por la calle. Esto es así.

Pues los colegas de Miso Soup Design lo han visto claro y han sacado este prototipo de plato para ramen con apoyo lumbar para nuestro querido y odiado iPhone, y así, ¡oh amigos! tendremos las manos libres para poder degustar tamaña delicia de la gastronomía nipona en condiciones. Ya no habrá que parar de engullir fideos para decirle en un comentario a Xavi en su blog lo que se merece, o para darle a Me Gusta en la foto de esa vecina que está tan fresca y que no deja de subir fotos a Instagram para jodernos la vida. Se ha acabado toda esa historia. La vida va a empezar a ser maravillosa desde ya.


Por supuesto, y como no podía ser de otra forma, el modelo ya tiene muchas peticiones antes incluso de que haya salido a la venta. O eso he leído yo por ahí, vaya usted a saber. Como churros se van a vender los platicos estos con ranura aunque sean absurdamente caros, que ya os prometo yo que lo serán. ¡Las ideas están ahí señora, sólo tiene que ser el primera en verlas!

¡Buena semana a todos!

lunes, 3 de diciembre de 2012

MI PRIMERA MEDIA MARATÓN

Aunque para entender todo debidamente deberíamos sin duda empezar por otra historia muy distinta. 

Mi amigo Kike me hizo una visita express hace algo más de un año. El país del sol que nace lo dejó perplejo y anonadado, y desde entonces en varias ocasiones me había amenazado con volver. Y este elemento es de los que cuando dice algo, lo cumple. Así, el tío Kike miró a la cara al puente de diciembre y le dijo que era hora de pagar la cuenta. Para repartir la factura decidió liar a otro mono, Antonio (el Sr.Thompson), que a su vez consiguió enrolar en la expedición a un tercer marinero: Chema. El daño estaba hecho; billetes sacados vía Moscú para pasar diez días con el Tío Chiqui en Japón.

No podíamos estar más errados. De repente recibí uno de esos tristes correos; la empresa de Kike le mandaba por trabajo a Brasil exactamente en esos días y tenía que cancelar su visita (previa pérdida del billete). El viaje quedaba descabezado con la baja del promotor, y sólo eran ya dos los elegidos. Menos mal que ni reserva de hoteles ni de nada habían hecho hasta la fecha. Desde Barcelona y Madrid, Chema y Antonio respectivamente cogían sendos vuelos para enlazar con el mismo avión en Moscú. Los problemas no habían hecho más que comenzar; Chema llegaba con retraso y perdía la conexión, por lo que debía esperar 24 horas para coger el siguiente vuelo. Así que el sábado por la tarde, de tres valientes tarados me llegó tan sólo uno (y acabado), el que fuera antes conocido como Sr. Thompson.


Para rizar el rizo, la llegada de los monos me coincidía con la media maratón de Yokohama este domingo, por lo que yo tenía la cabeza en otro sitio bien distinto a la preparación de la carrera. Con todo lo acontecido, las cosas estaban con que tenía a mi amigo sólo, así que, dados sus antecedentes de absurdez y locura, decidí proponerle correr el domingo conmigo, a lo que aceptó encantado sin pensar en las consecuencias y sin preguntar las condiciones. Correría sin dorsal, con unas zapatillas mías que le estaban pequeñas, la camiseta del Albacete Balompié y sin un sólo entreno en sus espaldas las últimas semanas. 

A las seis de la mañana tocaron diana y nos pusimos con el desayuno continental. Teníamos que estar a las ocho en la estación de Kannai para encontrarnos con Dani y Luis, que completaban el quinteto de cuatro corredores españoles. Y digo cinco porque todos teníamos claro que Oskar, que desgraciadamente se había roto un brazo la semana anterior, corría con nosotros ese día desde su casa. El equipo jamás abandona a nadie, y mucho menos, si es uno de los nuestros.





Un poco aturdidos por los nervios nos dirigimos a la salida caminando. Debíamos ser los últimos en llegar, porque aquello estaba ya atestado de gente preparándose con ilusión para el pistoletazo que marcaría el inicio. Y el final de meses de preparación y esfuerzo de todas aquellas personas. Me sorprendió ver a gente calentando más de una hora antes de empezar. Yo decidí ahorrarme todos esos pasos, ya que estaba seguro de que me harían falta más tarde. Buscamos entonces un trozo de suelo para ponernos los dorsales y finiquitar los últimos detalles. Todo estaba listo; camiseta de la selección, banda japonesa, chip en la zapatilla y el saco que había estado llenando con kilómetros de sudor colgado de la pierna izquierda.






Cuando estuvimos preparados nos pusimos en la salida para esperar nuestro turno. Era increíble ver a todo aquella gente sonriendo, ilusionados, aplaudiendo cuando por megafonía iban indicando que quedaban diez minutos, cinco minutos, un minuto.













Ya estábamos corriendo entre una marea de gente. La misma marea que no nos dejaba coger el ritmo que habíamos previsto tomar desde el principio. Con el enorme Luis a mi derecha como lo habíamos estado entrenando. Y así fuimos, charlando de todo y nada hasta el ecuador de la prueba, sin casi darnos cuenta de que llevábamos mejor tiempo del que nos hacían saber nuestros pulmones. 49:16 fue nuestro paso por los 10 km. Buen ritmo y buenas sensaciones para afrontar la segunda parte de la carrera. Por detrás, Antonio y Dani venían también juntos y cada vez más motivados.


En el km 14 llegó el temido divorcio. Luis tenía fuerzas para irse a subir el Fuji y yo le allané el camino para que demarrara y me esperará en la meta con un Aquarius y un par de abrazos. Era el momento adecuado para calzarme los cascos, y empezar a escuchar todos esos mensajes de ánimo que desde el miércoles no habían parado de llegar. Y que en ese momento tan buena falta me hacían. Joder, menuda sensación tan extraña la que pude vivir: con un gran cansancio y con las piernas comenzando a doler seriamente, y riéndome y emocionado como un niño con lo que me llegaba por los auriculares. Seguro que  a más de uno que me crucé le debió parecer raro ver a aquel extranjero que sufría y reía al mismo tiempo.

Hubo canciones, hubo chistes, insultos y ánimos. Y cada uno de ellos marcaban para siempre los kilómetros que iban cayendo a mis espaldas...17...18....19. Oí cantar a Merche, y hasta tocar el piano para mí a Diego. Escuché sin aliento el aliento de Emilio, de Rodri, de Eva, de Nur, de Guille, de Andrés, de Iguana, de Elenica, de Felipe, de Dani, de Maty, de Ale y de Marina. Y hasta de un robot viajero. Tuve que afinar mi inglés y japonés para disfrutar de las locuras que me decían Mami, Gami  o Hamano. Me estuve descojonando con las coñas de Oskar, Lorco, Xavi, Bea y Nerea. También con el inconfundible humor manchego de Priscila y Paco. Me tuve que acordar por fuerza de cuando los monos Nica y Joel vinieron a verme hace ya demasiados meses. Me emocioné con las palabras de apoyo de mis sobrinas, de mis primos machos, de  mis hermanicos, de mi padre y de mi madre.

Y con todos vosotros a mis hombros paré el cronómetro en 1:42:20. Acabado pero muy satisfecho. 



Y pensando desplomado en el suelo cuál sería la próxima.

¡Muchísimas gracias por vuestra ayuda!