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domingo, 24 de abril de 2011

MALAS NOTICIAS

Tranquilidad. Nadie dice nada que altere la normalidad existente, así que todo parece seguir según lo previsto en la hoja de ruta. Estuvieran las cosas como estuvieran ayer, si no hay buena nueva es que al menos no están peor. Paradigma universal.

Recibo en mi buzón una misiva de la oficina que gestiona mi bloque de apartamentos. En la cabecera reza: "Modificación del servicio de internet". Mal rollo. Nuestra conexión depende de una empresa externa que cada uno contrata de forma individual y privada, pero siempre a través de la agencia gestora. Eso se ha terminado. Resulta que a partir de ya, se anulan esos contratos y la empresa nos ofrece internet gratuito a todos los residentes.

No creo que sea mi culpa. Todo lo que tenga que ver con burocracia siempre trae consigo malos augurios. De ahí mi pensamiento inicial catastrofista. Pero no te confíes, no bajes la guardia. Un optimista papelote no va a acabar de un plumazo con duros años de entrenamiento. Seguro que lo próximo será el doble de jodido.

Tres semanas después llega el segundo asalto. Esto si que ya no parecen risas. Título del documento: "Nuevas tarifas de alquiler". La explicación es escueta; la cosa cambia a fecha 1 de abril. Me dirijo al personal encargado para que me lo expliquen con más detalle. Con motivo del inicio del año fiscal, han revisado y reajustado los precios de todas las viviendas. "¿Y cuánto me cuesta a mí esta fiesta?", le pregunto a la atractiva empleada mientras agacho la cabeza para recibir el sartenazo. "No señor, no tiene que pagar más, sino ¡menos!". Me reducen el precio casi a la mitad por diversos motivos administrativos que no me interesan en absoluto. Agradecido y estupefacto salgo del lugar pensando en lo ocurrido.


Dos cartas, dos tazas para aprender algo nuevo.

domingo, 6 de marzo de 2011

TAXI DRIVER


Le indico a este simpático conductor, ataviado con guantes blancos, el lugar al que me dirijo. Como suele ser norma, vamos en un automóvil nuevo pero de corte clásico. Unas horribles fundas de ganchillo recubren los asientos. Sí, de esas que ponía tu abuela en los sillones. En todos y cada uno sin excepción. Que sea habitual no significa nada, es más feo que pegarle a tu padre en nochebuena.

Al pasar un cruce me habla (¡oh dios mío!). Me informa de que el camino que debería tomar para llegar a mi destino se encuentra impracticable, por lo que va a coger uno más largo pero más seguro. Una conversación de este tipo con un taxista de Barajas haría temblar a cualquier valiente pasajero. Qué estacazo que me voy a llevar en los riñones. Malditos taxistas.

Poco después vuelve a llamar mi atención. Para el taxímetro y me indica que exactamente esa es la tarifa que se aplica por el camino más rápido. Aún en marcha imprime el recibo y lo guarda. Cinco minutos más tarde llegamos. Aún flipando con su honestidad, le pago lo acordado dándole tres veces las gracias. Intento abrir la puerta para salir. Error. En Japón las puertas de los taxis se abren automáticamente, no las toques coño.

Pero yo no paro de equivocarme una y otra vez.

lunes, 28 de febrero de 2011

CAMBIO DE NORMAS 禁煙


Hace frío y hasta chispea. Veinte personas paradas en medio de la calle fumando; el 90% hombres. Estas imágenes son habituales en el centro de Tokio debido a la prohibición (bajo multa) de fumar en la calle. Entendiendo la obvia excepción de los puntos de fumadores, cenicero mediante, que existen en distintas zonas de la ciudad.

Si añado que en algunas comunidades de vecinos también se prohibe fumar dentro de los domicilios, todo nos llevará a pensar en una estricta ley que oprime a los viciosos en este país. Pero no. En el otro lado del río, se permite el tabaco en casi todos los bares y restaurantes, por lo que las autoridades sólo protegen a los no fumadores en los espacios públicos. En mi edificio, existe una triste silla de madera en un rincón para satisfacer las necesidades nicotínicas de todos mis vecinos. Te cagas.

¿Por qué no se puede fumar en la calle? Muchas son las teorías propuestas. Según mi punto de vista todas son ciertas y falsas. Con un poco de cada tierra hicimos el camino. No molestar con el humo a los viandantes, evitar quemaduras involuntarias debido a la omnipresente aglomeración de gente en las vías públicas de las grandes ciudades y mantener las calles libres de suciedad por cigarros y cenizas.

Sea como fuere, una forma distinta de entender lo mismo. Aunque como no fumador preferiría que fumaran en la calle libremente, y dejaran los locales cerrados libres de humos. Pero quién soy yo para opinar.

sábado, 19 de febrero de 2011

JAPONÍZATE: APARCANDO

Dos premisas a tener en cuenta para estar preparado para una total comprensión del siguiente relato. Una, tener coche aquí es un infierno, porque prácticamente no existe aparcamiento que no sea privado. Dos, si no sabes si algo está prohibido no preguntes, porque seguramente lo estará.

Dicho lo cual, tenemos mucha hambre, aparca Guille o le voy a dar un bocao a un retrovisor. Allí se va uno. Tres sitios consecutivos a las puertas de lo que parece un negocio inmobiliario. Malditos especuladores. Cogemos posición para ocupar el lugar que va a dejar este simpático señor que ya empieza a observarnos extrañado. "¿Tú crees que aquí se puede?". No preguntes. El conductor saliente se ha parado a sólo dos metros y se baja del coche. Nos mira fijamente mientras ejecutamos la maniobra de entrada. Todos los indicios se empeñan en decirnos que no aparquemos ahí, pero no tenemos idea de rendirnos tan fácilmente. Ahora ya hay otra señora que sale a las puertas del local para, parece, llamarnos la atención. Pero tenemos aún tenemos un arma secreta superpotente en estas tierras. Lo van a flipar. Salimos del automóvil con decisión. ¡Ay amigo!, que somos guiris, y con eso no contaban. El efecto de nuestra pacífica ofensiva es inmediato: bloqueo absoluto. Es bastante común, que los japoneses no sepan reaccionar ante la presencia de extranjeros. Reacción como reacción hay (tié que haber), pero la parálisis y la cara de circustancias podría denominarse como reacción inútil o reacción cero. El señor, inmóvil, mira a la dependienta como diciendo díselo tú que a mi me da la risa. La señora no acierta más que a seguir con la mirada nuestra entrada en el restaurante.



Podría pensarse, que la acción lógica lanzada por nuestro comportamiento, daría lugar a una llamada a las fuerzas del orden, con posterior retirada del vehículo. Cosa que, por otro lado, nos mereceríamos. Terminamos nuestra comida y salimos para comprobar que todo sigue tal cual lo dejamos.

No te creas que estábamos preocupados.

Afortunadamente, estaba claro.

¡Buen comienzo de semana!

lunes, 20 de diciembre de 2010

SILENCIO 黙る

Espero mi turno a la distancia adecuada, con la postura precisa, en absoluto silencio. Cada uno tiene su espacio y la necesidad de saber gestionarlo, y has de saber medir las normas que aquí rigen. Fíjate bien, tu desconocimiento no implica más que la prueba de tu ignorancia. Podría parecer incómodo y frívolo, pero en general te acostumbras al buen devenir de lo que alrededor te acontece, ordenado al milímetro por el respeto a lo colectivo. Ni mucho menos perfecto. El fallo en sí es vital para cualquier de nuestros sistemas, como consecuencia de la imperfección inherente a cada ser humano.

Acostumbrado a estar muy lejos de la tranquilidad, a kilómetros, lo que más me impresiona es el silencio. En mi trabajo a cualquier hora, en la cafetería compartiendo sala con doscientas personas y, especialmente, en los trasportes públicos. Por supuesto, nadie habla por teléfono en un vagón de metro y nadie dice nada de nada. Total y absoluto silencio. Me temo que podría llegar a volverme loco algún día. Más aún si cabe.

Ya me toca. Estoy de suerte, este chico habla inglés. Me dice que no quedan billetes normales. Sólo me puede ofrecer plaza en el "Silence Car" y me entrega una tarjeta al tiempo.




Es coña, le doy la vuelta para traducción simultánea.



Me dice que si me importa ir en ese vagón, pero no contesto. Mi cabeza está aún intentando comprender qué puede significar un coche silencioso en este país. ¿Van a apagar las luces y nos van a obligar a dormir la siesta como en el colegio? ¿Nos van a amordazar y a atarnos de pies y manos mientars nos golpean repetidamente en boca y nariz? Pues nada de eso. Después de probarlo, es básicamente igual que cualquier otro. Ni un alma se oye, oye.

Ya me callo.

martes, 12 de octubre de 2010

PRECIOS EN CAÍDA LIBRE

Se acerca la hora de cierre y se apuran las últimas compras. Es un día cualquiera, de un mes cualquiera, de cualquier año, en un supermercado de barrio. Pues bien, no será porque el método necesite de un genio a los mandos: los precios de los productos perecederos van descendiendo conforme se aproxima su fecha de caducidad.


Así, carnes, verduras, pero sobre todo pescados frescos y comidas preparadas, alcanzan la mitad o menos de su valor inicial, aunque normalmente los descuentos oscilan entre el 10 y el 50 por ciento, dependiendo del tiempo que haga que se vió el sol por última vez.





Y son productos en perfecto estado, la calidad no disminuye en absoluto. Nunca he entendido como a las puertas de algunos supermercados puede verse esa cantidad de alimentos desperciados en los contenedores. ¿No sería más lógico un sistema que aproveche y optimice todos los recursos? Si se va a caducar rebájalo y si nadie lo compra ofréceselo gratis a quien lo necesite.

Es de sentido común, joder.

¡Un abrazo!

lunes, 4 de octubre de 2010

JAPONÍZATE: SURFEROS

Reflexionando de nuevo. En los aledaños de una playa observo una cantidad ingente de personas dispuestas a practicar surf. Totalmente equipados, grupos de jóvenes se preparan para disfrutar de un soleado día de septiembre. No sabía que hubiera esta afición aquí, pero me gusta porque es algo que quiero hacer algún día. Pero continuamos después de ver el siguiente vídeo. Pónmelo chiquitíns.



No hay olas. No hay pocas olas no, es que no hay olas. Miro de nuevo. No las hay. Sólo calma chicha. Pacientemente ellos aguardan que llegue como esperanzados por una profecía que anunciara la llegada de la grande, cosa que no ocurriría durante nuestra estancia de dos horas, pero quién sabe oye. Yo soy más de secano que el trigo, pero si en ese sitio hay oleaje, desde luego no iba a ser ese día. Pero allí seguían, impasibles pero tensionados, impacientes pero esperanzados.

Así, nos quedamos sin saber quién era The Big kahuna de la zona sur de Shimoda.

Una penica.

jueves, 23 de septiembre de 2010

JAPONÍZATE: LA TIENDA DE LAS PLANTICAS

Abro sección. Desde esta plataforma reflexionaré sobre situaciones en las que he tenido o tengo pensamientos encontrados en una cultura distinta a la mía. Es sólo mi opinión personal, cualquier parecido con la globalidad del raciocinio humano podría ser fruto del caprichoso azar. De esta forma, intentaré japonizarme para husmear en los rincones y resquicios de esta milenaria cultura. ¿Te japonizas conmigo?

Situémonos. Cascadas de Kawazu, península de Izu. En el camino de acceso a las siete cascadas nos encontramos el siguiente comercio.


Pero estudiémoslo con más detalle.

Bien. Todo muy normal. Sigo mirando y después de examinar un rato comprendo como funciona la cosa:

1) La tienda llama tu atención porque te gustan las plantas, curioseas el género.


2) Decides que un día es un día y que te vas a comprar una. Eliges la que más te mola.


3) Coges una bolsa para transportarla.


4) Depositas los 500 yenes en la caja destinada al efecto.


¿Hay dependiente? ¿Existen cámaras de seguridad? ¿Alguien te obliga a pagar? Pues no, nada de eso. Es tan sencillo como imposible de entender en otros lugares. Pero aquí funciona y eso es suficiente.

Prueba de ello es que nuestra querida Nerea se hizo con una de las planticas siguiendo todos los pasos antes descritos.



¿O no la pagó?

¡Un abrazo!