jueves, 24 de febrero de 2011

PA AMB TOMÀQUET

Este título no parece sino la consecuencia de la imparable catalanización de este blog. Todo empezó con unas pequeñas coñas, que no fueron más que inteligentes cuñas de apertura por parte del omnipresente Joel (hijo de Kalel). Se le unieron luego Chimo, Silvia y Xavi desde las montañas del Norte. Y en dos meses es el propio Joel el que escribe las entradas y mi hermano el que las comenta en el idioma de Catalonia. Vivir para ver.

Únete a ellos hasta que sepas como derrrotarlos. Como decíamos ayer, en nuestra visita gastronómica al Restaurante Sant Pau tuvimos una agradable sorpresa. El caso es que todo nos estuvo riquísimo, pero quedamos especialmente impresionados con el sabor del pan casero y del aceite de oliva. Como callarnos no es nunca una opción, preguntamos si nos venderían un poquito de cada cosa. No éramos los primeros curiosos. El aceite, con un sabor intenso como no recuerdo otro, lo vendían en botellitas de 25cl. Eso sí, a casi 60 euros el litro. Así que compramos dos. En cuanto al pan, nuestra simpática camarera Flor, nos informó de que nos había preparado una bolsa con uno de regalo para cada uno. Qué majos.


Esa misma noche, se imponía poner toda la carne en el asador y complementar estos magníficos productos con tomatico, jamón ibérico obsequio de mi madre, y sal de Lanzarote regalo del gran Nicanor.




No os quiero ni contar.



¡Buen fin de semana!

martes, 22 de febrero de 2011

Historia de una camiseta, por JOEL CANO

Cuando Chiqui me llamó para contarme la última ocurrencia acerca de un viaje que le había sobrevenido mientras se "relajaba" en un onsen, sabía perfectamente lo que me iba a pedir. Así nació el nombre y el cartel anunciador de "Albacete-Japón Express".

Pero para cuidar al máximo todos los detalles necesitaba a alguien igual que él que coordinara el viaje desde Albacete. En Nicanor encontró al socio perfecto. El intercambio de correos os digo que es para dedicarle un post entero, pero hoy sólo vamos a contar la parte de la camiseta. Chiqui ya había lanzado el viaje y yo, hecho el cartel; me encontraba en la sombra de la organización. Pero ahí estaba Nica, con otra idea bullendo en su cabeza. Os lo digo, juntar a este par es no descansar ni un momento. Total que envía un mail o puso un mensaje en Facebook, no lo recuerdo, comentando la posibilidad de hacer unas camisetas para el viaje. Por supuesto Chiqui tardó diez segundos en decir que sí.

Durante una semana tuve a Chiqui preguntando por el diseño cada día. "¿Cómo van esas camisetas?" "¡Debería estar listo para ayer!" "Chacho, ¿y esas camisetas?" "Loco, ¡las camisetas!", son ejemplos de los buenos días/tardes (ya sabéis que el tema horario en nuestro caso es aún más surrealista) durante la semana siguiente a la ocurrencia del canario. Chiqui proponía algo con la ya mítica frase "No me canso de equivocarme". En sus propias palabras: un diseño que no diga nada, pero que lo diga todo. ¡Qué majo es cuando quiere! (IRONÍA).

Y yo sin ideas. Hasta que un día se me encendió la bombilla. No sé si recordaréis el post del Hotel Cápsula, pero sin querer me inspiré a mí mismo. En esa entrada comenté la posibilidad de meter a mi amigo Chimo en un horno en lugar de una cama cápsula. Bromas aparte, ¿y si realmente ocurriera? "Chimo, ¿no te cansas de equivocarte?" ¡Ya lo tenía!

Primer paso:
basándome en las fotos del post de Chiqui, diseñé las cápsulas-cama.


Segundo paso:
en lugar de meterlo en un horno, creí que una lavadora podría dar mucho más juego.
Tercer paso: llenar las camas (y la lavadora) con monigotes sencillos. Así que como si estuviera en una clase de recorta y pega, cogí a los monigotes que sirven para anunciar los baños en cualquier bar y dejé volar la imaginación.


Nota: el Quijote lo añadí después, en el último boceto. Fue idea de Nica. A veces aporta algo. ;)

Cuarto paso:
quedaba montar el puzzle, descartar algunas piezas, añadir el nombre del viaje y darle color al asunto. Ah, y por supuesto, añadir la frase alrededor de la cual gira la idea de todo esto.



La frase, literalmente, reza "No paro de equivocarme una y otra vez". Está guapa, ¿eh? :) Espero que os guste. Yo ya tengo la mía. ¡A mi me flipa!





Porque eres uno de los grandes Albaceteños Express o porque tú tampoco te cansas de equivocarte, ahora puedes encargar esta increíble camiseta por el mísero precio de 12 euros. De momento, tenemos Albacete y Tokio como capitales mundiales de distribución del producto. Si eres de Cuenca háznoslo saber y ya veremos cómo hacertela llegar.

+Info y pedidos: ferpisan@hotmail.com

¡Un abrazo!

lunes, 21 de febrero de 2011

SABOR A CASA

No las tenía todas conmigo cuando ví el papel colgando del buzón de la puerta de casa. Un paquete viniendo desde España puede pasar la aduana sin más, o ser intervenido para comprobar que no contiene nada prohibido. En caso de encontrar productos no permitidos, se te manda un comunicado para que decidas si quieres que quemen la parte "contaminada" (jamón, queso, chorizo...) o prefieres que envíen el paquete de vuelta a origen. Triste decisión por donde la mires.

El papelote me instaba a recoger algo en las oficinas. Y allí estaba, una caja con aspecto de haber sido abierta, a nombre del tío Chiqui. Con los nervios de un chiquillo el día de reyes me dispongo a descubrir su interior.



Estaba todo lo prometido, nada de hacer una falla aduanera con el regalico que me enviaban mis papis desde casa. Un detallazo que incluye levadura ecológica para mejorar mi pan casero, y unas latas de esas que comía siempre en casa en el aperitivo, y que me ayudarán a estar un poquito más cerca.


Pero la gran joya fue una cajita con las almendras fritas que hace mi padre (según sus propias palabras "las mejores del mundo"), que me olieron a familia, a comidas en El Salobral, que me trajeron de un plumazo docenas de momentos. Y que me supo a gloria compartir con amigos esa misma noche. Con una cerveza, claro.


Alarma desactivada, despensa llena padres.

¡Muchísimas gracias!

sábado, 19 de febrero de 2011

JAPONÍZATE: APARCANDO

Dos premisas a tener en cuenta para estar preparado para una total comprensión del siguiente relato. Una, tener coche aquí es un infierno, porque prácticamente no existe aparcamiento que no sea privado. Dos, si no sabes si algo está prohibido no preguntes, porque seguramente lo estará.

Dicho lo cual, tenemos mucha hambre, aparca Guille o le voy a dar un bocao a un retrovisor. Allí se va uno. Tres sitios consecutivos a las puertas de lo que parece un negocio inmobiliario. Malditos especuladores. Cogemos posición para ocupar el lugar que va a dejar este simpático señor que ya empieza a observarnos extrañado. "¿Tú crees que aquí se puede?". No preguntes. El conductor saliente se ha parado a sólo dos metros y se baja del coche. Nos mira fijamente mientras ejecutamos la maniobra de entrada. Todos los indicios se empeñan en decirnos que no aparquemos ahí, pero no tenemos idea de rendirnos tan fácilmente. Ahora ya hay otra señora que sale a las puertas del local para, parece, llamarnos la atención. Pero tenemos aún tenemos un arma secreta superpotente en estas tierras. Lo van a flipar. Salimos del automóvil con decisión. ¡Ay amigo!, que somos guiris, y con eso no contaban. El efecto de nuestra pacífica ofensiva es inmediato: bloqueo absoluto. Es bastante común, que los japoneses no sepan reaccionar ante la presencia de extranjeros. Reacción como reacción hay (tié que haber), pero la parálisis y la cara de circustancias podría denominarse como reacción inútil o reacción cero. El señor, inmóvil, mira a la dependienta como diciendo díselo tú que a mi me da la risa. La señora no acierta más que a seguir con la mirada nuestra entrada en el restaurante.



Podría pensarse, que la acción lógica lanzada por nuestro comportamiento, daría lugar a una llamada a las fuerzas del orden, con posterior retirada del vehículo. Cosa que, por otro lado, nos mereceríamos. Terminamos nuestra comida y salimos para comprobar que todo sigue tal cual lo dejamos.

No te creas que estábamos preocupados.

Afortunadamente, estaba claro.

¡Buen comienzo de semana!

martes, 15 de febrero de 2011

LAS MIRADAS PERDIDAS

Hace rato que te miro, lo sabes, pero alguien te enseñó que no debemos hablar de esta forma tan furtiva. Venimos de escuelas distintas, nuestros maestros se llamaban diferente, pero es algo que yo siento como necesario. Posiblemente los dos acertemos, los dos estemos equivocados. Ahora compartimos espacio por casualidad, y un tiempo para aprovecharlo aprendiendo, para conocernos mejor, para dedicarnos una sonrisa que haga brotar otras muchas. Hay días que no hace falta nada más. Adiós. No tengo prisa, mañana lo volvemos a intentar.

Menos mal que me quedan los niños. Ellos aún no han tenido tiempo de aprender las normas de esta sociedad estrecha. O tienen permiso especial para saltárselas y jugar conmigo en el patio. Me miran sin tapujos, a veces descaradamente, sorprendidos por lo nuevo. A veces interponiendo a su madre para protegerse de una amenaza imaginada. Siempre contentos cuando les sonrío con normalidad. Qué divertido es que seamos tan distintos y tan iguales, ¿verdad?. Conversamos durante algunos minutos y siguen su camino cargando con una nueva experiencia en la mochila del cole.

Están escondidas en un vagón de metro, en la mesa del fondo de una cafetería de Shibuya o detrás de aquel mostrador, en los ojos de esa preciosa chica. Pasa poco por donde me muevo ahora, pero os he encontrado otras veces y lo voy a volver a hacer. Cuando nos cruzemos de nuevo mírame con descaro, sin miedo, que vea bien que eres una de ellas. Intentaremos entendernos sin hablar el mismo idioma, conversaremos un ratico entre sonrisas y preguntas, y nos iremos cada uno por su lado para no volver a vernos nunca. Y así es como tiene que ser.

Con tanta gente, tan solo.