Siendo el deporte nacional aquí, parece que estaba feo no ir a un partido de beisbol. Mi amiga Yoshiko, osakeña orgullosa, me propuso entonces ir a ver a su equipo: los Hanshin Tigers, los temidos Tigres de Osaka.
Es bien sabido que el carácter de los habitantes de Kansai es muy diferente al de lo tokiotas. Fama tienen de bromistas y fiesteros, y no defraudaron. Siendo un partido en Tokio, la mitad del estadio estaba lleno de aficionados de los Tigers.
La cosa va como sigue: la afición del equipo que batea es la encargada de animar, mientras que la que recibe se mantiene en silencio. Cuando hay cambio, se tornan los papeles. Y así todo el partido. Sencillo. Me sorprendió mucho ver como se respetaba este turno a rajatabla, cosa que no puedo ni imaginar en otros escenarios. Ni insultos entre aficiones, ni silbidos, ni reproches al árbitro. De locos.
Un deporte un poco lento de ritmo para mí, pero con un gran ambiente que no deja que te aburras. También parecían ayudar los cientos de vendedores de cerveza que se paseaban escaleras arriba por las gradas aplacando la sed de los asistentes. A este de Sapporo le dimos el coñazo unas cuantas pares veces.
Y es que como dijo el sabio Homer Simpson (mientras contemplaba un partido de besibol) en otro arrebato de genialidad:
"No me había dado cuenta de lo aburrido que es este deporte sin cerveza"
¡Un abrazo!

