lunes, 3 de diciembre de 2012

MI PRIMERA MEDIA MARATÓN

Aunque para entender todo debidamente deberíamos sin duda empezar por otra historia muy distinta. 

Mi amigo Kike me hizo una visita express hace algo más de un año. El país del sol que nace lo dejó perplejo y anonadado, y desde entonces en varias ocasiones me había amenazado con volver. Y este elemento es de los que cuando dice algo, lo cumple. Así, el tío Kike miró a la cara al puente de diciembre y le dijo que era hora de pagar la cuenta. Para repartir la factura decidió liar a otro mono, Antonio (el Sr.Thompson), que a su vez consiguió enrolar en la expedición a un tercer marinero: Chema. El daño estaba hecho; billetes sacados vía Moscú para pasar diez días con el Tío Chiqui en Japón.

No podíamos estar más errados. De repente recibí uno de esos tristes correos; la empresa de Kike le mandaba por trabajo a Brasil exactamente en esos días y tenía que cancelar su visita (previa pérdida del billete). El viaje quedaba descabezado con la baja del promotor, y sólo eran ya dos los elegidos. Menos mal que ni reserva de hoteles ni de nada habían hecho hasta la fecha. Desde Barcelona y Madrid, Chema y Antonio respectivamente cogían sendos vuelos para enlazar con el mismo avión en Moscú. Los problemas no habían hecho más que comenzar; Chema llegaba con retraso y perdía la conexión, por lo que debía esperar 24 horas para coger el siguiente vuelo. Así que el sábado por la tarde, de tres valientes tarados me llegó tan sólo uno (y acabado), el que fuera antes conocido como Sr. Thompson.


Para rizar el rizo, la llegada de los monos me coincidía con la media maratón de Yokohama este domingo, por lo que yo tenía la cabeza en otro sitio bien distinto a la preparación de la carrera. Con todo lo acontecido, las cosas estaban con que tenía a mi amigo sólo, así que, dados sus antecedentes de absurdez y locura, decidí proponerle correr el domingo conmigo, a lo que aceptó encantado sin pensar en las consecuencias y sin preguntar las condiciones. Correría sin dorsal, con unas zapatillas mías que le estaban pequeñas, la camiseta del Albacete Balompié y sin un sólo entreno en sus espaldas las últimas semanas. 

A las seis de la mañana tocaron diana y nos pusimos con el desayuno continental. Teníamos que estar a las ocho en la estación de Kannai para encontrarnos con Dani y Luis, que completaban el quinteto de cuatro corredores españoles. Y digo cinco porque todos teníamos claro que Oskar, que desgraciadamente se había roto un brazo la semana anterior, corría con nosotros ese día desde su casa. El equipo jamás abandona a nadie, y mucho menos, si es uno de los nuestros.





Un poco aturdidos por los nervios nos dirigimos a la salida caminando. Debíamos ser los últimos en llegar, porque aquello estaba ya atestado de gente preparándose con ilusión para el pistoletazo que marcaría el inicio. Y el final de meses de preparación y esfuerzo de todas aquellas personas. Me sorprendió ver a gente calentando más de una hora antes de empezar. Yo decidí ahorrarme todos esos pasos, ya que estaba seguro de que me harían falta más tarde. Buscamos entonces un trozo de suelo para ponernos los dorsales y finiquitar los últimos detalles. Todo estaba listo; camiseta de la selección, banda japonesa, chip en la zapatilla y el saco que había estado llenando con kilómetros de sudor colgado de la pierna izquierda.






Cuando estuvimos preparados nos pusimos en la salida para esperar nuestro turno. Era increíble ver a todo aquella gente sonriendo, ilusionados, aplaudiendo cuando por megafonía iban indicando que quedaban diez minutos, cinco minutos, un minuto.













Ya estábamos corriendo entre una marea de gente. La misma marea que no nos dejaba coger el ritmo que habíamos previsto tomar desde el principio. Con el enorme Luis a mi derecha como lo habíamos estado entrenando. Y así fuimos, charlando de todo y nada hasta el ecuador de la prueba, sin casi darnos cuenta de que llevábamos mejor tiempo del que nos hacían saber nuestros pulmones. 49:16 fue nuestro paso por los 10 km. Buen ritmo y buenas sensaciones para afrontar la segunda parte de la carrera. Por detrás, Antonio y Dani venían también juntos y cada vez más motivados.


En el km 14 llegó el temido divorcio. Luis tenía fuerzas para irse a subir el Fuji y yo le allané el camino para que demarrara y me esperará en la meta con un Aquarius y un par de abrazos. Era el momento adecuado para calzarme los cascos, y empezar a escuchar todos esos mensajes de ánimo que desde el miércoles no habían parado de llegar. Y que en ese momento tan buena falta me hacían. Joder, menuda sensación tan extraña la que pude vivir: con un gran cansancio y con las piernas comenzando a doler seriamente, y riéndome y emocionado como un niño con lo que me llegaba por los auriculares. Seguro que  a más de uno que me crucé le debió parecer raro ver a aquel extranjero que sufría y reía al mismo tiempo.

Hubo canciones, hubo chistes, insultos y ánimos. Y cada uno de ellos marcaban para siempre los kilómetros que iban cayendo a mis espaldas...17...18....19. Oí cantar a Merche, y hasta tocar el piano para mí a Diego. Escuché sin aliento el aliento de Emilio, de Rodri, de Eva, de Nur, de Guille, de Andrés, de Iguana, de Elenica, de Felipe, de Dani, de Maty, de Ale y de Marina. Y hasta de un robot viajero. Tuve que afinar mi inglés y japonés para disfrutar de las locuras que me decían Mami, Gami  o Hamano. Me estuve descojonando con las coñas de Oskar, Lorco, Xavi, Bea y Nerea. También con el inconfundible humor manchego de Priscila y Paco. Me tuve que acordar por fuerza de cuando los monos Nica y Joel vinieron a verme hace ya demasiados meses. Me emocioné con las palabras de apoyo de mis sobrinas, de mis primos machos, de  mis hermanicos, de mi padre y de mi madre.

Y con todos vosotros a mis hombros paré el cronómetro en 1:42:20. Acabado pero muy satisfecho. 



Y pensando desplomado en el suelo cuál sería la próxima.

¡Muchísimas gracias por vuestra ayuda!

martes, 27 de noviembre de 2012

¡ÁNIMOS PARA LA MARATÓN DEL DOMINGO!

El aspecto psicológico es un punto que entiendo fundamental a la hora de practicar un deporte. No le daré un porcentaje concreto, pero la cabeza juega un papel básico en el esfuerzo físico, por lo que si sabemos manejar bien nuestros pensamientos e ideas, seguramente conseguiremos optimizar nuestro rendimiento. Para la carrera del domingo (y como ya nos conocemos de lejos), he intentado visualizar cómo regirá mi cerebro para anticiparme en lo posible a sus debilidades. Creo que la adrenalina y los entrenamientos me llevarán casi solos hasta los dos primeros tercios de la media maratón, pero también me temo que los últimos 5 kilómetros puedan hacérseme un poco cuesta arriba.

Todo eso junto en un plato son guarnición, me hizo plantearme lo que fue una idea original de @72kilos (pasad por su blog a disfrutar de sus viñetas) durante la pasada maratón de Tokio, y que Oskar me contó hace sólo unas semanas (abrazos enormes para ti, que te vamos a echar de menos un huevo). Se trata de que amigos y familiares te graben mensajes de voz de ánimo, descargártelos en el ipod, y poder oírlos corriendo durante los momentos que más falta te hagan. Simplemente genial.

Así que eso es lo que os voy a pedir a los que queráis/podáis. La manera más sencilla me ha parecido usando un grabador de voz online que permite enviar las grabaciones por email. Podéis encontrar esta web llamada www.vocaroo.com pinchando aquí. Y vais a parar a la siguiente pantalla.


Aquí es donde se graba el asunto (pulsando Click to Record para empezar y Click to Stop cuando estéis  satisfechos de insultarme). En ese punto podéis escuchar el mensaje que habéis grabado (Listen) y si os cuadra que está ya bien así pinchar abajo en la derecha en Click here to save.


Se mostrarán unas nuevas opciones donde debéis seleccionar Email, donde se abrirá una nueva ventana y llegaréis al último paso para que yo reciba vuestros mensajes en mi correo. Ponéis mi dirección en destinatario (ferpisan(arroba)hotmail.com) y el vuestro como remitente, copiáis la palabra de seguridad en el recuadro y le dáis a SEND. Y arreglao el asunto.


Sentid la libertad de decid lo que os salga de ahí mismo, no hay límite de tiempo ni censura de ningún tipo. La única norma me la impongo yo, ya que no oiré nada de lo que allí digáis hasta el mismo día de la carrera durante los últimos 5 kilómetros. Y sobre todo no olvidéis decir quién sois porque yo andaré un poco perjudicao en esos momentos para reconocer nada.

¡Un abrazo y millones de gracias por adelantado por esos empujones para llegar a la meta!

domingo, 25 de noviembre de 2012

DIARIO DE UN ATRAPADO (Tercera parte. Y última)

Estoy sentado en total silencio en un asiento colgante hecho de madera, con los piernas encogidas, como queriendo volver a ser niño. El suave contoneo en círculos me hace olvidar por un momento que lleva todo el santo día lloviendo. Esta mañana al levantarme maldije mi mala suerte no menos de treinta veces, aunque aquello no había sido consecuencia más que de la ceguera que me provocaba la densa neblina de este inoportuno y traicionero monzón.

Tengo un zumo de limón recién exprimido sobre la mesa, un buen libro entre mis manos,  y música relajante mezclada con el coro en re menor de los bichos de la selva tailandesa, a la que doy la espalda a pesar de lo bien que me ha tratado desde que llegué en el atardecer de ayer a esta isla de Koh Chang. Respirando profundamente me hago la firme promesa de no caer en la queja fácil cuando no hay algo de lo que preocuparse realmente. Y funciona. Estoy exactamente en el mismo sitio que hace unos minutos, en idénticas condiciones, pero lo encuentro todo deliciosamente apacible. De hecho es el primer momento de felicidad plena en este viaje en solitario; y me lo he tenido que trabajar porque se escondía tras la espesa maleza como un esquivo camaleón.

Mientras disfruto, la lluvia cesa de repente recompensando mi revelación anterior, como parte de su plan de refuerzo positivo hacia buenas sensaciones y momentos mágicos. Mensaje recibido; lo siento y gracias. Aprovecho el impulso recibido para apurar la limonada y saltar de mi balancín y dirigirme al pequeño comercio situado en la acera de enfrente. Hay docenas como éste por aquí, pero me ha parecido que la sonrisa del dependiente de ésta es la más sincera de todas. Es un señor menudo, con un bigotillo cómico y de piel morena y castigada, que lleva toda la mañana haciendo lo mismo que yo: nada de nada.

- Buenos días, quería alquilar uno moto. ¿Cuánto cuesta?

- 24 horas, 250 bahts - me responde sabedor de que debemos negociar esa primera oferta.

- Te doy la mitad por día, pero te la alquilo cuatro días, ¿vale? - le  contesto.

- De acuerdo - acepta encantado con un gesto claro de que no he sabido regatear en absoluto.

- Quiero esa - le digo señalándole una de color blanca que parece robusta.

- Pues cógela tú mismo que lleva las llaves puestas. Ya me pagarás a la vuelta.

- ¿Te tengo que firmar algo? ¿Necesitas mi carnet de conducir? - le insisto ante su evidente despreocupación.

- No, no - me contesta riéndose sin disimular de mis absurdas ideas occidentales, como si le estuviera hablando de complicados trámites burocráticos.

Me encanta este tío.












FIN

martes, 20 de noviembre de 2012

UN GEEK EN JAPÓN: EL LIBRO PARA INICIARSE EN LA CULTURA JAPONESA


Después de 4 ediciones traducidas en varios idiomas, el libro Un Geek en Japón del gran Héctor García, conocido por todos como Kirai, ha salido por fin a la venta una versión ampliada y revisada a la que no le falta detalle. Dos años de trabajo que culminan hoy con la presentación de un trabajo con el sello de calidad de este pedazo de señor.

El libro está ya a la venta en Fnac, Casa del Libro y Normaeditorial.es, y en estos momentos se encuentra en el top 20 de ventas de amazon.es. ¡Vamos a ver si entre todos ponemos este ejemplar en el top 10 antes de que acabe el día!

¡Un abrazo!

lunes, 19 de noviembre de 2012

LO DE LA MEDIA MARATÓN DE YOKOHAMA

Andaba ya bostezando julio cuando un mail de Dani irrumpió en mi escritorio para proponer un lío de esos de los buenos. ¿Y si nos apuntamos a la maratón de Yokohama? - decía rotundo. Tras 22 largos segundos de consultas internas sólo se me pudo venir a la cabeza un inspirador en esto de agitar las patejas: Ikusuki, al que reenvíe mensaje e intenciones para ver si quería que hiciéramos un buen trío. 


Y es que uno siempre sabe a quien enviar ciertas cosas, y en poco menos que más ya teníamos el equipo español de atletismo que participaría con más gloria que pena en la carrera popular que se celebrará el próximo 2 de diciembre en la ciudad sede del prestigioso cuadro futbolero del Yokohama Marinos, equipo que jamás volvió a ser el mismo desde que nuestro artista Julio Salinas decidió ser su delantero centro matador.

El daño estaba hecho, nos registramos en el evento hace ya un par de meses y ayer mismo recibía en casa una carta con el dorsal que me me distinguiría como el ovejo número 4326 dentro de ese enorme rebaño de atletas. Da hasta gustico ser marcado como si fueras ganado.


Ahora, una cosa es decir y otra muy distinta acabar haciendo. Y es que prepararse para una carrera así conlleva un esfuerzo y una disciplina semanal que no tenía yo muy claro que estuviera entre mis aptitudes. Los comienzos fueron duros, cuando uno se da cuenta de que es imposible que lo consiga, porque después de correr cinco kilómetros tiene que pasarse dos días para recobrar el ánimo y las piernas.

Pero había algo con lo que ellos no contaban, y es que soy terco como una mula, con lo que desistí de desistir y seguí con entrenamientos cada vez más largos y duros, y procurando llevar una rutina adecuada. Eso sí, sin imponerme reglas demasiado estrictas para no fallar a mi nueva política de administración vital. ¡Sufrimiento cero señora!


El sábado pasado era mi ensayo general, mi prueba de fuego; tenía el entreno más largo de la hoja de ruta. Me esperaban quince kilómetros alrededor del Palacio Imperial bajo un aguacero de justicia. Pero no estaba sólo; Oskar, Dani y Luis (porque el Lorco se tiró cobardemente del barco a última hora) me acompañaban. Y fue bien. Me encontré con fuerzas y logré acabar, en buena parte gracias a la conversación que me fue dando el gran Luis. Un tío que os prometo que se subió el Monte Fuji desde el bosque de los suicidios (los humanos lo subimos desde la quinta estación a dos mil metros de altura) y al bajar, 24 horas después de echar a andar, se fue a la playa de Enoshima a pasar el día de dominguero. Una bestia sin límites.


Veremos que nos deparan los 21 kilómetros del día de la carrera dentro de dos semanas. La idea continúa siendo disfrutar del camino y poder terminarla, sin agobios y sin pensar en tiempos ni marcas. Pidan por nosotros en sus plegarias nocturnas.

¡Buena semana a todos!