domingo, 24 de febrero de 2013

EL PROBLEMA ES LA COMUNICACIÓN

Demasiada comunicación. Parafraseando a Homer Simpson, uno de los hombres con el que hemos aprendido a relativizar el éxito, andaba yo pensando el otro día en algo que es de capital importancia cuando se respira a muchas millas de la lengua materna. Comunicarse, qué cosa señores.

Un día, hace ya de tres a cuatro lunes, salí yo con lo puesto de mi casa en Albacete. Era un chaval sencillo,  sin malicia, con el poco inglés que el maltrecho sistema educativo español lleva décadas ofreciendo cruelmente a nuestros niños pero, sinceramente, sin demasiado miedo. Así, una vez llegué a Japón, tuve que adaptarme a mi nuevo ecosistema para poder sobrevivir. Se habían acabado las bromas, había que ponerse a hablar sí o sí, y así sucedió casi sin darme cuenta. Pero en este caso había dos tazas de sopa en lugar de una, y si alguna vez quería yo encontrar la sal en los estantes del super, tendría que hacerme con un nivel de japonés al menos básico. Ya estaba bien de comer paella dulce; eso tenía que terminarse inmediatamente.

Entonces es cuando llega el serio momento de hablar con gente. Ya no hay vergüenzas ni historias, hay que intentar decir lo que quieres decir buscando las mañas que sean necesarias y cometiendo los errores garrafales que te enseñarán el camino para no volver a encontrarte con ellos de nuevo. Y es en esa interacción con el interlocutor de turno donde yo encuentro la clave de todo. Hay personas con las que es tremendamente sencillo comunicarse. Saben escuchar, miden las pausas, te corrigen con tacto, se apoyan en su lenguaje corporal, encuentran el modo de ordenar tu desordenada gramática o tienen un jodido don divino. No lo sé. Pero son capaces de hacerte sentir a gusto en un idioma que dista horizontes de ser el tuyo, motivándote en cada frase, ayudándote con refuerzos positivos que no mereces, convirtiéndose al fin y al cabo, en una comprensiva mamá idiomática que te arropa cada noche en tu aprendizaje.

Y como no hay dos sin tres, ni cuatro pies le busques al gato de la vecina, también están los individuos a los que se les negó la comunicación por decreto. No es que no sepan hablar; de hecho en muchas ocasiones son inteligentes, cultos y dominan varios idiomas, sino que se pasan las conversaciones buscando el fallo del que no sabe, puntualizando los errores de manera que roza lo maleducado, riéndose de la pronunciación del que tienen enfrente y, en resumen, frustrando al que aprende y llevando a esa persona con la que hablan a que tenga ganas de callar para no pecar. Personajes impacientes (menos mal que son pocos), que uno juraría que nacieron doctorados y con honores. Así que con esos que hable su padre, que es el único que tiene obligación familiar y moral.

Evaluarse a uno mismo es complicado, pero desde que soy consciente de esta realidad que era ajena a mí hasta hace un tiempo, intento mejorar en ello todo lo posible y cuando hablo con alguien que está aprendiendo español o inglés, procuro parecerme todo lo posible a uno de los buenos, y me invade una empatía que me hace explayarme en ánimos con quién sea que esté charlando.

Pero no perdamos el rumbo con el que salimos de puerto. Volvamos a la paráfrasis que inspiró todo lo anterior. Tan importante considero yo la existencia de comunicación como su parcial ausencia. Y es que en determinadas ocasiones no tener un 100% de comunicación con una persona no sólo es que no sea negativo, sino que puede evitar situaciones desagradables y daños qué solo pueden hacerse con los giros del lenguaje; esas simpáticas y ofensivas puyas que todos usamos alguna vez en nuestro idioma y que aderezadas con mala leche no generan nada bueno.

Pues de todo eso nada, te haces el loco cuando no te interesa, y a otra cosa. Grande Homer.

¡Buena semana a todos!

miércoles, 20 de febrero de 2013

DESPEGAMOS

Cuando uno afronta la segunda parte de un proyecto que tuvo éxito en su primera edición, es inevitable sentir esa mezcla entre responsabilidad y miedo por hacerlo, al menos, igual de bien que la última vez. Si hubiera sido sólo eso quizás la sangre no habría llegado al río. Pero mi objetivo personal y el espíritu de esta viaje nos obligaban a mejorarlo sí o sí, a hacerlo más completo, más diverso, y a conseguir acercar el corazón de Japón a todos los que decidieran venir con nosotros en esta locura nuestra.

No se nos escapaba la difícil situación económica que atraviesa España, y que mucho y bueno tendríamos que ofrecer para poder conseguir la gente suficiente para realizar el viaje. Y con esas premisas montamos un itinerario mucho más complejo y le pusimos un especial mimo a la hora de reservar los alojamientos, de buscar rincones que dijeran algo, con la idea de regalar una experiencia total a los viajeros. Una vez hecho todo lo anterior, sacamos el proyecto a ojos de todos y esperamos nerviosos la respuesta de la grada.

Se apuntaba bastante gente los primeros días, aunque yo que ha peleado ya en muchas batallas parecidas, tenía la sensación de que el ritmo era inferior al del pasado año. Íbamos a tener que trabajar duro con la promoción para demostrar que ofrecíamos algo que merecía la pena de verdad. Y allí estuvieron ayudando con sus blogs y sus redes sociales amigos de esos que nunca faltan como Akihabara PrincessXavi, Lorco, Ikusuki, Antonio Milla, Kirai, Alberto, Flapy, Alfonso, Robert, Eva, Donderis, el Pachinko, Miguel Rodrigo, Los Sábaticos, Manuela, Zordor, Emilio, Merche, Mai, JuanGa, Eva Navarro y principalmente Raquel (Serendipity), que se lo ha currado de una manera espectacular. Desde aquí un tremendo GRACIAS a todos.

Gracias porque finalmente este año habrá un gran Albacete Japón Express 2.0 lleno de viajeros  de alma albaceteña descubriendo un país nuevo, disfrutando de gastronomía exótica, sorprendiéndose con los templos rodeados de cerezos en flor y reavivando la llama que dejaron encendida hace ya casi un año los pioneros de toda esta historia.

Pues eso señora, que despegamos otra vez.


domingo, 17 de febrero de 2013

CURSO DE JAPONÉS DE VERANO EN TOKIO

Hace unos pocos días me contaba mi amigo Luis (un auténtico crack de pies a cabeza) el nuevo proyecto con el que está actualmente trabajando. Hoy por hoy es el encargado de llevar toda la parte relacionada con el español de Go! Go! Nihon, una empresa que se dedica a ayudar a personas que quieren venir a Japón a estudiar el idioma japonés. Les buscan escuela, les ayudan a encontrar alojamiento, les solucionan los papeles de la compleja burocracia japonesa y además organizan actividades socio-culturales de todo tipo para una perfecta integración. Y, aunque os parezca mentira, todo ello totalmente gratuito. Ver para creer señora.


En este punto seguramente estaréis pensando que venirse a Japón a estudiar es un paso enorme, o que es demasiado dinero conforme están las calles. Pero la cosa es que ahora Luis y compañía están organizando un curso para estudiar japonés, de entre una y cuatro semanas, este verano en Tokio. Y eso ya es otra asunto mucho más accesible porque requiere de menos papeleo y uno puedo tomarlo como las soñadas vacaciones estivales. Un curso que ya hicieron el verano pasado, que fue un éxito rotundo, y que repiten en 2013 con más ilusión que nunca.

Vamos a ver el vídeo de promoción que han preparado y seguimos hablando. Pero tened cuidado, porque es probable que si ahora le dais al botón del Play, acabéis subiendo a un avión dentro de muy poquito. No será que no os aviso.


Este curso evidentemente no es gratuito, pero he estado revisando detalladamente el programa y tiene unos precios muy razonables, y que varían según la duración de vuestra estancia y las opciones sobre actividades y alojamiento que elijáis.  Cuatro semanazas donde habrá tiempo para estudiar y hablar japonés, pero también para hacer turismo interior, para conocer gente nueva e interesante y para saber más y mejor sobre cultura japonesa. Y nada menos que en Tokio. Y ya nos os cuento de las fiestas que se van a montar, que sé muy bien las que organiza el tío Luis, y os puedo prometer que no os vais a aburrir en absoluto.





Podéis encontrar todos los detalles sobre el curso aquí. Y para este año además lo mejor es que tenéis toda la información en español, y si os quedan preguntas que hacer, seguro estoy de que Luis estará encantado de atenderos en la página oficial en español de facebook o en la dirección de email: info@gogonihon.com

Pero es que os voy a decir más, si os apuntáis y decís que vais de parte del Tío Chiqui, os van a hacer un descuento muy majo para el curso de este verano. Sólo tenéis que poner en la casilla de "Código de Descuento" la palabra CHIQUI y arreglado.

¿Te apetece estudiar japonés en Tokio este verano?

martes, 12 de febrero de 2013

LAS DOS CARAS DE RIO

Después de disfrutar de las playas nada más aterrizar en Brasil, la marea baja trajo consigo la calma necesaria en todo buen viaje. Era el momento de trazar cuidadosamente una hoja de ruta adecuada al tiempo y las ganas de las que por entonces disponíamos. Había que salir a explorar esa brutal ciudad que es Río, y había que decidirse a hacerlo pese a los 35 grados y la humedad que calentaban el asfalto en aquella mañana de diciembre. Y nuestro plan era ambicioso pero posible: ver al gigante carioca desde dos puntos tan opuestos como míticos.

Los pasos de cualquier viajero te llevarán sin remedio a los pies del Cristo Redentor, es parte del legado de los que por allí vagaron antes y un sitio con un atractivo especial. Una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno, y uno de los símbolos más conocidos del planeta. Así que, si no podíamos negar la evidencia, lo mejor sería pasar primero a pagar esa factura. La estatua de más de mil toneladas es visible desde casi cualquier punto de la ciudad, pero la mejor vista de todos la tiene curiosamente ella misma, ya que cuando te sitúas a su vera, toda esa enorme urbe caótica se rinde a tus pies de inmediato. Ese era nuestro primer objetivo del día; teníamos en la saca la primera de las caras que habíamos venido a buscar.







Después de semejantes panorámicas, decidimos bajar caminando para intentar dar con un restaurante que conocía mi amiga Bruna, y que según ella tenía una comida y unas vistas que dejaban sin aliento. No se equivocaba en absoluto. Tremendo festín nos dimos, donde no pudo faltar como acompañamiento una botella de vino blanco espumoso para no desentonar con lo encantador del paisaje. Turismo sí, pero sin prisas.



Una vez recuperadas las fuerzas, era momento de acometer el segundo objetivo de la jornada. Cogimos rumbo a la costa y, más concretamente, hacia el Pao de Acúcar (Pan de Azúcar), una formación rocosa de 400 metros de altura frente al mar (ver la foto de arriba y la panorámica). Una vez escaláramos aquel imponente montículo conseguiríamos lo que llevábamos todo el día buscando: la segunda de esas caras de Río de Janeiro; el lugar desde donde observar como dios manda al Cristo Redentor.

Y así es como pinta la cosa desde la montañica de azúcar.






Diez horas de pateo por las calles para ir a parar a este tremendo lugar que bien merece una visita. Para terminar el día con nuestro objetivo más que cumplido. Y para descubrir una manera fantástica de cogerle la medida a esta gran ciudad.

domingo, 10 de febrero de 2013

EL QUESO MECÁNICO

No faltaban más de diez minutos para que comenzara el partido cuando subíamos con prisa por las escaleras que nos conducían sin remedio a los graderíos del Yokohama Stadium. Y allí estaba yo, con cuatro personas a las que hacía 48 horas no conocía de nada, y con las que me disponía a presenciar la final del mundialito de clubes de la FIFA entre el Corinthians y el Chelsea. Poco más sabía de todo este asunto. Pero las circunstancias, o tal vez un regate habilidoso del destino, habían llevado mis pies hasta allí. Y bien sabía dios que no iba yo a detenerme en ese punto. Puerta oeste, entrada w12, nivel 1, fila 20, asiento 312.  Y allá que nos fuimos.


Parecía además que estaríamos en una de las mejores zonas del campo, en un de los laterales, pero, por lo visto, las sorpresas no habían hecho más que comenzar. Encima de nuestras butacas designadas había un fantástico regalo de bienvenida para luchar contra aquella tremenda noche de diciembre. Una bolsa con cojín, mantica y bolsas de esas que al agitarlas se mantienen calientes un buen rato. 

Esto empezaba a tener una pinta cojonuda.


Pero tocaba centrarse en el fútbol, y aunque el partido no fue el mejor que podía esperarse, los veinte mil brasileños que habían viajado hasta Japón no paraban de animar a su equipo. Qué pasión señores, qué manera de sentir y entender este deporte. Pocos sin embargo eran los aficionados del equipo inglés, que sin duda partía como gran favorito para levantar el trofeo. 


El primer tiempo concluyó sin incidencias reseñables, y con las dos escuadras intentando no perder las formas. Típica final en donde todo parece posponerse, en donde nadie quiere tomar la responsabilidad para no ser el primero en equivocarse. Un partido que seguía el manual al pie de la letra. Seríamos sin embargo nosotros los que conseguiríamos marcar el primer tanto, porque con la entrada, nos habían colgado al cuello una medalla que parecía podía abrirnos las puertas del mismísimo Mordor si hubiera hecho falta.


Silver Lounge señora, cómo se queda. Durante el descanso (y al final del partido), teníamos acceso a una sala donde comer y beber sin fuste ninguno. Vinitos, cañas y un amplio menú de comida se empeñaban en atraparnos en aquel salón. Hay que joderse lo bien qué viven los que viven bien.

Entre charlas con mis compas, me sorprendió escuchar alguien detrás de mí conversando en español. Y allí estaba hablando de fútbol el gran Benito Floro, aquel señor de pelo blanco y voz ruda que llevó al Albacete Balompié en los 90 de segunda división B a primera en tan sólo dos años. Aquel entrenador que hizo historia y convirtió a un equipo modesto en El Queso Mecánico, un conjunto que dio una lección de cómo jugar al fútbol sin un gran presupuesto y que fue temido en muchos estadios españoles. No lo hubiera hecho con casi nadie, pero me tuve que acercar a decirle que yo también era de Albacete, no pude resistirme. Todo un señor con el que estuve conversando durante un rato. Hablamos de fútbol, de ciencia y de vida, y me contó su experiencia de hace muchos años cuando militaba en equipos japoneses. 


Un día genial de amigos, fútbol y experiencias de esas que sólo se viven una vez. Y es que las casualidades están ahí para llevarnos a lugares que no imaginábamos. Sólo hay que darles la oportunidad para que ocurran. Millones de gracias Paulica.