domingo, 13 de marzo de 2011

MI TERREMOTO

Son las 14:45 del 11 de marzo de 2011. Un viernes feliz como casi todos los viernes. Un capítulo de Los Simpson me hace más entretenido mi plato de acelgas con gambas. Siento un pequeño temblor. Hasta me alegro porque normalmente nunca los noto. Qué curioso esto de los terremotos. Se mantiene en intensidad durante unos diez segundos, lo que hace mover las botellas de vino que tengo sobre el armario. Mi primera reacción es rescatarlas, son un regalo de mi hermana Llanos y mi amigo Nicanor y no quiero perderlas. Antes de conseguir dejarlas sobre la moqueta todo se empieza a mover bruscamente. Esto ya no es una broma, yo me piro fuera.

En el exterior ya esperan varios vecinos con caras amargas. Todavía entre risas forzadas pregunto si es normal. No. Nunca son así. Empiezo a acojonarme un poco y simplemente no sé que hacer. Quieto, inmóvil, en silencio, vivo el terremoto más grande medido en la historia de Japón. Son dos minutos de gritos ahogados. No pienso en tragedias ni muerte. Sólo intento analizar lo que estoy viviendo, nuevo, desconocido para mí. Mi casa se mueve de lado a lado, como el resto de edificios colindantes. La brusquedad incial, de paso a un vaivén armónico que recuerda a la sensación de navegar en barco. No tendré conciencia de lo sucedido hasta muchas horas después.

Entro en casa; puertas abiertas, cosas tiradas y vasos rotos. Asimilo a la vez que termino mi rancho. Homer me mira impasible, sin dejar de decir genialidades. No pongo el capítulo por donde lo había dejado. Sigo hacia delante. No sé por qué. Varias réplicas posteriores me hacen salir de nuevo. Vuelvo al trabajo. Antes de entrar al edificio pregunto si todo está bien. Ahora sí, sentado frente a mi ordenador, sintiendo como mi silla tiembla cada poco, despierto y tomo conciencia de la situación. La adrenalina no me deja hacer nada. Muchos medios de comunicación intentan contactar, pero los teléfonos no funcionan e internet se convierte de nuevo en el refugio de la información. Por Skype hago las primeras entrevistas, primero con cadena SER, aunque luego vendrán muchas más.









Me voy a casa seis horas tras el suceso. Mucha gente no podrá volver a casa por que los transportes públicos no funcionan. Hay mantas y comida en las oficinas. Paso el tiempo hasta la madrugada hablando con amigos y familia, tranquilizando lo que los medios no dejan de agitar sobre la situación en Tokio.

Señores, lo gordo ha pasado en el norte del país. Centremos ahora nuestras fuerzas en ayudar en lo posible a los afectados y en dejar de hacer sonar alarmas donde no son necesarias. Siento defraudar al que vino buscando otras cosas. Ni ví pasar mi vida delante de mis ojos, ni lloré desconsoladamente, ni pensé en que el momento de mi muerte había llegado. Me acojoné como todo buen hijo de vecino, y se me pusieron de corbata de doble nudo durante unos instantes. Entiendo todas las reacciones, pero no fue mi caso. Intentemos entre todos hacer un ejercicio necesario de responsabilidad social y de buena conducta humana.

Tokio es hoy una ciudad que recupera la calma con paso firme, y que se solidariza enormemente con Sendai y con todas las poblaciones afectadas por el desastre. Los japoneses son un pueblo único para esto.

Cada uno que tome el camino que guste. Yo me pido seguir viviendo.





jueves, 10 de marzo de 2011

SATURACIÓN

NUEVA ACTUALIZACIÓN: De momento seguimos sin salir del parón general. Los planazos del finde ya se reducen al 50% y van camino de quedarse en nada, así que ni saturación ni na de na. Las réplicas a estas horas del sábado siguen sucediéndose. En la siesta me pareció contar tres. Esto es como estar montado en un barco, llevo una mareazo que te cagas

Un viernes por la mañana sólo permite pensar en lo que nos depararán los dos días más felices de la semana. Y este viene fresco. O fregggco fregggco, que diría el señor Bono. Esta noche de madrugada me embarco en una excursión que no puede pintar más atractiva; visitar un onsen desde el que puedes contemplar amanecer el monte Fuji mientras te remojas en agua calentica.


Una vez saludado el sol, desayuno con diamantes y vuelta para Tokio, donde nos vamos al doblaje del anime japonés. Aquí, un pequeño avance de este corto ambientado en Barcelona. ¿Quién seré yo Señorrr?...¿quién?.




Varias alcachofas más tarde toca coger el metro y dirigirse a una de las famosas reuniones del Club del Filetaco. No puedo decir más. La primera norma del Club del Filetaco es que no se habla del Club del Filetaco.


Sin tiempo para digerir todo lo vivido, el domingo hay que levantarse para apagar las farolas y aprovechar para ir a pasar el día a la montaña. Jornada de esquí donde recibí aquel regalaco de cumpleaños, con posterior onsen y cena.



Cansa hasta pensarlo. Tenía que haberme quedado unos días más en Mamada.

martes, 8 de marzo de 2011

ME BAJO EN LA PRÓXIMA




*Visto en la línea Shonan-Shinjuku, dirección norte.

lunes, 7 de marzo de 2011

PASEA POR MIYAJIMA

Que sí, que la puerta es muy bonica. Pero esta minúscula isla tiene mucho más que ver que los tres palos rojos plantados en el mar. Si te quedan tiempo y ganas, sube hacia la montaña. El punto más alto se encuentra a una hora andando. Pero no sufras, si eres un poco vago (como fue el caso) tienes un teleférico que te sube y te baja por unos cuantos maravedíes.




No es de extrañar que sea uno de los sitios más populares de Japón, ya que siendo una isla realmente pequeña, puedes pasarte horas contemplando una maravilla tras otra. Un paraíso para los amantes de la fotografía.








Madre mía, si es que son clavados....¿a quién se parecen los amiguitos de la última foto?.

¡Un abrazo!

domingo, 6 de marzo de 2011

TAXI DRIVER


Le indico a este simpático conductor, ataviado con guantes blancos, el lugar al que me dirijo. Como suele ser norma, vamos en un automóvil nuevo pero de corte clásico. Unas horribles fundas de ganchillo recubren los asientos. Sí, de esas que ponía tu abuela en los sillones. En todos y cada uno sin excepción. Que sea habitual no significa nada, es más feo que pegarle a tu padre en nochebuena.

Al pasar un cruce me habla (¡oh dios mío!). Me informa de que el camino que debería tomar para llegar a mi destino se encuentra impracticable, por lo que va a coger uno más largo pero más seguro. Una conversación de este tipo con un taxista de Barajas haría temblar a cualquier valiente pasajero. Qué estacazo que me voy a llevar en los riñones. Malditos taxistas.

Poco después vuelve a llamar mi atención. Para el taxímetro y me indica que exactamente esa es la tarifa que se aplica por el camino más rápido. Aún en marcha imprime el recibo y lo guarda. Cinco minutos más tarde llegamos. Aún flipando con su honestidad, le pago lo acordado dándole tres veces las gracias. Intento abrir la puerta para salir. Error. En Japón las puertas de los taxis se abren automáticamente, no las toques coño.

Pero yo no paro de equivocarme una y otra vez.