Rezan las voces populares que el hombre es el único animal que es capaz de darse dos veces de bruces con la misma piedra. Dudo mucho que no haya por ahí alguna otra raza de mono que tenga tamaña habilidad, dadas las evidentes similitudes interespecie. Aunque Dios me libre de ir contra el sabio pueblo, que bien sabe como ser soberano.
Allá por marzo de 2011 puse en marcha la que sería conocida como Operación Jabugo. Para los nuevos y profanos en mis operaciones secretas, aquella consistió en intentar introducir un pernil completo en suelo nipón, con insólito resultado. Aquel jamón acabó siendo devorado meses despúes en la habitación de un hotel de la ciudad china de Macau. Para el que no se entere de lo que estoy hablando que lea aquí y aquí.
Antes de embarcar en el vuelo que me devolvería a mi casa, encontré en el aeropuerto de Tokio una advertencia para los osados que se atrevieran a transportar carne a Japón. Parecía que a esos simpáticos perricos les gusta el cerdo ibérico igual o más que a nosotros, así que cuidado. Y aquello se quedó en una esquina de mi cabezón sin que yo me acabara de percatar del todo.
Tras parpadear dos veces me dí cuenta de que se habían terminado mis vacaciones en España. Tiempo para ir a comprarme algunos caprichos de los que no puedo disfrutar en Japón. Enfrascado en una entretenida charla con el charcutero que me cortaba unos trozos de queso manchego, decidí que había llegado el momento de intentarlo de nuevo. - ¿Paletilla entonces al vacío? - me preguntó. - ¡Venga! -, respondí. - Pero, ¿normal o de Jabugo? -, me dice el tío mamón. ¡Qué demonios! ¡Si voy a intentarlo lo intento bien señora!
Y allí estaba yo de nuevo enfrentándome a mis fantasmas, en la cinta esperando mi maleta con varios de los perricos come-carne olisqueando todo lo que se movía alrededor. Maldita sea qué momento tan malo. Sale la mía y la cojo raudo dirigiéndome hacia uno de los controles. Trámites mediante, yo intentaba despistar al policía hablándole cuatro palabras en japonés. Eso fue justo antes de que me dijera que podía pasar sin más. ¡Oh Dios mío! Estaba dentro y mi jamón venía conmigo para ayudarme a pasar los primero momentos de nostalgia patria. Esta vez sí joder.









