miércoles, 22 de enero de 2014

ARRECIFE GRAN HOTEL & SPA, LANZAROTE, ESPAÑA

No puedo evitarlo, me encantan los hoteles, y además me gusta enseñar las entrañas de los mismos, e intentar transmitir lo que uno u establecimiento me inspiran. Lo digo siempre: un alojamiento para mí no es sólo un lugar donde pasar la noche. Es mucho más que eso, es nuestro hogar por unos días, y su personal, la familia que en esas escasas horas nos cuida y nos intenta hacer sentir como en casa. Por eso pienso que una parte importante de las vacaciones, reside en el lugar donde decidimos descansar de tantas nuevas emociones vividas.

Tengo que decir que mi primer encuentro con este hotel no fue el ideal, tuvimos un par de pequeños problemas que, por supuesto, hice saber al personal inmediatamente. No me considero una persona quejica, pero sí exigente, y cuando algo no me cuadra con lo que yo espero de un hotel lo comunico sin complejos. Me pidieron perdón muy educadamente y yo acepté sus disculpas de la misma forma. No tengo ningún problema en entender que todo el mundo puede equivocarse en su trabajo alguna vez, y que lo importante es saber enmendar el error y rectificar de la forma correcta. Así es como se hacen las cosas, si señor.

Así que finalmente pude disfrutar de mi estancia como estaba previsto. Cierto es que los más de veinte grados de Lanzarote en pleno diciembre ayudan mucho, y es que hay que ver qué bien viven en las Canarias y que islas tan bonitas tienenOs dejo a continuación con el vídeo donde muestro una de las habitaciones más impresionantes del hotel; la Suite Agua, situada en la planta 16 y con unas vistas que quitan el hipo. Si estáis con síndrome post-vacacional tal vez deberíais pensarlo dos veces antes de verlo.



Nombre: Arrecife Gran Hotel and Spa (página web)

Precio: 100 euros habitación doble básica (Alojamiento y desayuno)

Valoración: el más urbano de los hoteles de 5 estrellas de Lanzarote, ya que se encuentra en la capital, Arrecife, aunque situado justo enfrente del mar y con una playa a sólo unos metros. Buena relación calidad-precio, internet Wi-Fi gratuita disponible en todas las instalaciones y desayuno (incluido en el precio) bastante variado y bueno. Aparcamiento subterráneo de pago pero económico (5 euros/día). No hay que perderse las vistas sobre el mar desde las habitaciones (no todas tienen), y el Restaurante Altamar de la última planta (me encantaron las croquetas de chipirones en su tinta con plátano frito). 


lunes, 20 de enero de 2014

FOGONES LEJANOS

Así se llamará el programa que decidió grabar una de las clases de cocina española que organizamos en Tokio desde hace ya casi tres años. La cosa vino esta vez por parte de Ikusuki, un chaval así menudillo y muy majo que vive por aquí, y que una vez descolgó el teléfono sin darse cuenta y se lo puso en el pie porque no sabía como funcionaba ese aparato venido del infierno. Él ya había salido en el programa Callejeros, del canal Cuatro, y la misma productora está ahora desarrollando ahora un nuevo formato donde el tema principal es la gastronomía. Oskar les habló de nuestras clases de cocina, y enseguida se pusieron en contacto conmigo para ver si podíamos montar el tinglao durante el tiempo que ellos iban a estar en Japón.


Aunque disponíamos de poco tiempo, contamos con el apoyo del Restaurante Gaudi Gaudi, que nos cedió sus instalaciones de forma gratuita para llevar a cabo el asunto. Nos toca dar las gracias desde aquí a Jose Manuel y Gabriel, que aguantaron que les pusiéramos el bar patas arriba sin perder ni un momento la sonrisa. Era también el momento de agradecerles a los alumnos más fieles su presencia en nuestras clases todos estos años, y así invitamos a los que están siempre ahí, los que nos acompañan receta tras receta desde el primer día. 

Sentados en primera fila estuvimos impartiendo sabiduría casera española los mismos que empezamos al principio: Oskar, a la rica traducción, Guille, maestro de la sonrisa y la bota, y un servidor, haciendo lo que buenamente puede.




En cuanto al menú, tendréis que esperar a ver el programa para saberlo, pero os diré que tuvimos como invitado estrella a Misaki, cocinero jefe de un restaurante de Tokio. Y que cocinamos gastronomía española clásica, familiar y casera, pero también hicimos fusión (de la buena) con gastronomía japonesa. Y yo creo que quedó todo muy bonico; veremos con qué nos sorprenden el día que lo emitan. 


¡A pasar buena semana majos!

martes, 14 de enero de 2014

VOLAR EN TURISTA vs VOLAR EN BUSINESS

La mayoría de los mortales entendemos volar en clase Turista como la única de las opciones posibles a la hora de viajar. Y es normal. Buscamos el destino en cuestión e intentamos ajustarnos a la tarifa más económica que nos ofertan ya que, aún así, volar sigue siendo en general algo que se considera caro en la actualidad.

Así lo he hecho yo siempre, pero recientemente he tenido la oportunidad de volar en clase Business en mi vuelta desde España. Tenía acumuladas suficientes millas en la tarjeta de Emirates, y decidí darme el capricho, y de paso comprobar de primera mano cómo viajan esos a los que miro con odio mientras me dirijo a mi asiento en la parte trasera del avión. 

Basándome en esta experiencia os voy a contar las diferencias que yo encontré. Me centraré concretamente en la compañía aérea Emirates (ya que he volado con ella en ambas clases, por lo que con otras compañías lo que digo podría variar ligeramente), y en un vuelo intercontinental (los vuelos de corta duración no suelen contar con los mismos servicios).

FACTURACIÓN

Hasta que llegamos al aeropuerto todos somos iguales, pero a la hora del check-in comienzan las diferencias. Existe un mostrador especial para la clase Business, que además normalmente está vacío, por lo que la espera para facturar es cero. Esto nos permite llegar al aeropuerto con menos antelación de la habitual. En mi caso llegué una hora y media antes y me sobró tiempo. 

Además, tendréis derecho a facturar una segunda maleta sin coste adicional y a disfrutar de más peso en el equipaje de mano. Os etiquetarán la maleta con un cartelito donde pone Priority, lo que hará que vuestra maleta salga la primera en las cintas al llegar a destino.

En Turista deberemos esperar una cola considerable para facturar, tiempo que debemos calcular para llegar antes al aeropuerto, y sólo tendremos derecho a facturar una maleta, que normalmente tarda una eternidad en salir de la cinta. Con Emirates, al menos, tendremos hasta 30 kilos de peso por maleta facturada, cuando lo habitual son de 20 a 23 kilos en otras compañías.



CONTROL DE SEGURIDAD

Al pasar por el mostrador de facturación, con las tarjetas de embarque de Business nos entregarán un pase especial para el control de seguridad (en inglés el llamado Fast Track), que nos permite pasar por un control distinto y exclusivo para las clases Business y First Class. Una vez más encontraremos que no hay que hacer espera alguna, pasando a la zona de embarque en menos de un minuto.

Los pasajeros en Turista pasan por el control normal, que en ocasiones tiene unas colas tremendas y puede darnos un susto si vamos con el tiempo demasiado pegado. Os lo digo porque me ha pasado.

SALA DE ESPERA

Nuestro billete de Business nos da derecho a disfrutar de la Sala VIP que Emirates tiene en casi todos los aeropuerto importantes. Allí nos esperan cómodos sofás, bebidas y comidas de cierta calidad gratuitas, internet Wi-Fi, prensa, revistas y un ambiente relajado para pasar los momentos previos al vuelo.

En Turista no nos dan nada de nada. No nos queda más que esperar frente a la puerta viendo como algunos viajeros se ponen incomprensiblemente en cola mucho antes de que empiece el embarque sin saber muy bien por qué. Y eso que tienen su asiento reservado y les esperan interminables horas en el avión. Y es que hay gente pa´ tó.



EMBARQUE

Los primeros en subir al avión son los pasajeros de clases superiores, una vez más el tiempo de acceso desde Business es prácticamente cero. En dos minutos estás en tu asiento sin problemas de espacio para dejar tu equipaje de mano. Tienes varios compartimentos para guardar tus pertenencias personales, e incluso un hueco para dejar tus zapatos.

En Turista tendrás que esperar un ratico para subir y luego te tocará pelearte a codazos con esa señora tan pesada que se piensa que lo de las maletas es sólo para ella. Esos momentos de entrada y salida del avión los odio especialmente. Pero eso es una cosa mía porque lo de estar parado en una cola esperando es algo que mi mente no terminar de aceptar.



DENTRO DEL AVIÓN

Aquí es donde empieza la fiesta de verdad, la juerga flamenca, lo de antes no era más que una pequeña broma. Por este motivo divido el asunto en las distintas partes a tener en cuenta una vez sentados y preparados para un largo vuelo.

ASIENTO

Sin duda el punto más fuerte para mí de la clase Business. No sabría decir cuánto espacio más que en Turista hay, pero es mucho muchísimo más. Da igual lo grande que seas (aunque no es el caso), podrás estirar las piernas y no tocarás el asiento de delante. Además de eso, el sillón es más cómodo, tiene función de masaje de cuerpo entero, todo se controla electrónicamente y, lo que es más importante, hay separación física (con una pequeña mampara opaca) entre cada pasajero, lo que te da privacidad, si es que la quieres.








Pero lo mejor viene a la hora del descanso, ya que el asiento se hace completamente cama. No estoy diciendo que se recline mucho, no, es que se hace una cama donde puedes dormir a pierna suelta. No os digo más que la azafata me tuvo que despertar como si fuera mi madre un domingo por la mañana, porque estábamos aterrizando y yo seguía durmiendo como un chiquillo pequeño.

En Turista ya sabéis bien como es la cosa: poco espacio y, si no tienes suerte, encajonado entre asientos. Dormir, duermes, pero llegas con un dolor de espalda tremendo. Y eso que Emirates tiene una de las mejoras clase turista que he probado.


SERVICIO Y COMIDAS

En Business hay distinción entre azafatas y servicio de restauración, es decir, hay camareros propiamente duchos para servir las comidas y bebida en vuelo, y además están bien preparados. Desde el momento que subes al avión te llaman por tu nombre, te dan la bienvenida con una copa de champagne y te indican que por favor pidas lo que necesites.

Tras el despegue comienza lo bueno. La cena no se sirve como en Turista, aquí la cosa lleva su tiempo (unas 2 horas en total) y todo está preparado para que el tiempo de vuelo se haga más ameno. Hay carta de vinos y otras bebidas, y también se puede elegir la comida entre varias opciones. Esta es la parte que yo encuentro más floja. La comida es mejor sin duda, pero no tiene nada de especial, y no es acorde al resto de servicios. Es una de las grandes tareas pendientes de las compañías aéreas, aunque están dando pasos hacia el buen camino últimamente con la contratación de grandes cocineros. Lo mejor sin embargo es que consiguen que el tiempo se pase casi sin darte cuenta: una copa de vino por aquí, un pequeño aperitivo, y así se ve la vida de otra manera.

ACCESORIOS

Emirates ya tiene detalles en Turista con sus clientes, regalándole una pequeña bolsa de aseo con cepillo de dientes, calcetines de descanso y antifaz. Se dispone también de una pantallas (y auriculares) con un sistema de entretenimiento de música, televisión, juegos y películas muy completo.

Como no podía ser de otra manera, en Business la cosa mejora: la bolsa de aseo es mejor que la mía, las mantas son más suaves, y hasta las almohadas están más mullidas. Menudo gustico. Además se dispone de espacio de sobra para dejar el equipaje, con servicio de guardarropa incluido, para que las chaquetas y abrigos lleguen impolutos a destino. La pantalla de televisión también es mucho mayor y los cascos con mejor sonido. Las películas son las mismas, pero no es igual ver una película que ver una película. Esto es así.





OTROS PUNTOS CURIOSOS A TENER EN CUENTA

- Si viajas mucho en Business serás pronto más gordo y más alcohólico, pero la culpa no será tuya. No hay forma de decir que no a tantas cosas ricas y al Cardhu de 12 años conservado en barrica que te ofrecen como si fueran piruletas.

- En general, se tiene la opinión de que la gente que viaja en clases superiores es una estirada. Como casi todas las generalidades es una estupidez, tontos (como en tu pueblo) hay en todas las zonas del avión (y probablemente en  la misma proporción). Yo mismo cuando me había bebido dos vinos buenos, me vine arriba y entablé conversación con mi vecino de la izquierda, y era un tío que parecía rico sí, pero también muy majo.

- El 30% de la gente que va en Turista y pasa por los asientos de business dice algún comentario del tipo "¿de verdad nos tienen que pasar por aquí? o "¡qué putada ver esto!" o "si hay asientos libres deberían aprovecharlos y pasar a alguien a esta zona". Somos humanos y eso me mola.

- Todos ellos tienen razón. Es una absoluta crueldad hacer pasar a la gente por esa zona antes de estabularte cual res en Turista, aunque la labor de esa acción de marketing es innegable. TODO el mundo quiere viajar ahí.

- Cuando eres tú el que estás sentado viendo pasar a la gente te sientes tremendamente observado, y tú pones cara como de no darle ninguna importancia, como si fuera lo más normal, aunque estés flipando y te mole mucho tu nuevo asiento de rico. Y además le das pequeños sorbos a la copa de champagne como si supieras lo que haces.

- Incluso las clases superiores (incluida First Class) deben pasara a recoger su equipaje por la cinta. En el último vuelo de ida a España estaba yo esperando el mío cuando me di cuenta de que el elemento que estaba a mi lado era Fernando Alonso, y allí estaba como todo hijo de vecino para coger su maleta de Ferrari.

- Viajar en Business cuesta aproximadamente 3 veces más que hacerlo en Turista. Si merece la pena pagarlo o no, dependerá de cada persona, del dinero que tenga y de en qué prefiera gastarlo. Me parece que yo ya me he despedido de ello hasta dentro de unos años. Maldita sea.

- Un amigo mío decía: "la buena vida es cara, pero lo otro ni es vida ni es nada".


miércoles, 8 de enero de 2014

2014

Os escribo aún desde las tenebrosas tinieblas del jet lag, ese invisible enemigo al que, al menos yo, no logro doblegar ni lo más mínimo. Una y otra vez se presenta de la misma manera; puntual, tedioso y molesto, haciendo que durante dos o tres jornadas no pueda ser ni una sombra de mí mismo. Ya que son escasas las horas que me quedan a su lado, voy a aprovechar para salir simultáneamente de este molesto desfase horario y del año que dejamos atrás (que también cuesta lo suyo). Al fin y al cabo es algo que antes o después todos debemos que hacer. El 2013 se ha terminado.

Aeropuerto de Narita, Japón

Estas vacaciones en España han servido para recargar la despensa emocional de momentos familiares, de recuerdos de vidas pasadas, de alegrías compartidas con amigos a los que ahora veo de uvas a peras, pero con los que nada cambia pese al paso del tiempo y lo poco que conseguimos vernos. Cada uno ha cogido su camino, pero todos parecen estar bien. Parecen        estar        bien.

Cada vez se hace más raro volver.

Porque la que creías tu casa lo es menos cuanto más tiempo llevas viviendo en tu nuevo hogar. Nada cambia allí de donde vengo, me encuentro todo tal cual lo dejé en mi última visita, pero yo ya no soy el mismo que se fue. Ese es el problema. Si es que eso es un problema para alguien. Tengo la impresión de que ya no podría volver aunque quisiera, o al menos no de la misma forma.




Atardecer en Albacete, España

Es hora de verse las caras con el nuevo año. Como es ya habitual, propósitos imposibles, proyectos eternos y sueños (y los sueños, sueños son) inundan nuestros pensamientos durante estos primeros días de Enero. Hay que tener cuidado, porque si no lo evitamos, todas esas fantásticas ideas se esfumarán tan rápido como vinieron para no volver hasta que se dejen ver las primeras luces de 2015. Y en esas estamos en estos momentos.

En intentar no dormirme para conseguir que 2014 traiga una cosecha diferente y prolífica a partes iguales. Un año que venga lleno de viajes, de aventuras, de cambios que me permitan ilusionarme y emprender nuevos caminos que tan difícil son de tomar. Por el momento voy a ordenar y desempaquetar planes, que los tengo todos apilados en cajas viejas de supermercado.

Y veremos a ver de qué soy capaz en estos próximos meses.

Jameos del Agua en Lanzarote, España

¡Feliz 2014!

martes, 17 de diciembre de 2013

¡FELICES RARAS NAVIDADES!

Cuando uno decide cambiar su vida radicalmente, lo normal es que nada relacionado con ella quede ajeno a ese cambio. Es como mover un vaso con fuerza y pretender que sólo se agite lo que nos interese que esté dentro de éste. Imposible. Así, cuando en el ya lejano 2010 viré noventa grados rumbo nipón, y me vine a vivir a Tokio, las cosas empezaron a moverse rápidamente. Y es que en esta nueva vida todo va mucho más deprisa; las escenas se suceden al triple de velocidad de lo que lo hacían en la película de antes, la gente que toca conocer se multiplica, las experiencias se acumulan en dulces montones, esperando ser procesadas con calma cuando lleguen tiempos menos revueltos. Y eso no es algo ni bueno ni malo, y ni siquiera es algo que pueda ni quiera cambiar.

En el contrato que firmé entonces se nos quedaron algunos detalles sin concretar. Ya lo iríamos viendo por el camino, usaríamos el mítico "ya se verá" que tan bien suele funcionar. Uno de esos flecos no comentados sería el cómo se celebrarían las fiestas. Siempre he pasado las Navidades en casa, todo muy tradicional, cenas especiales en familia, amigos y todo lo que se entiende como normal en nuestra cultura. Pero hace tres años las fiestas se convirtieron en algo novedoso, que aunque al principio cuesta aceptar, luego resulta ser aire fresco que sólo trae cosas positivas.

PRIMER AÑO POST-CAMBIO: la familia Picazo desembarca en Japón. Nos pegamos un pedazo de viaje entre templos y ryokanes, cenamos sushi y sashimi en Nochebuena y Nochevieja, y discutimos en yukata cada cinco minutos. Fue increíble enseñarles mi nuevo hogar.





TERCER AÑO POST-CAMBIO: para acabar de remover a mi sosegada familia, mi hermana pequeña también decide emigrar a Argentina. Y no te creas que se fue cerca, nada menos que a Ushuaia, al conocido como Fin del Mundo, a sólo veinte mil kilómetros de Tokio. Y entre las playas de Río de Janeiro, las avenidas de Buenos Aires y las montañas de Tierra de Fuego pasamos las fiestas el año pasado, en otra experiencia difícil de olvidar por muchos motivos.


Pues bien, este 2013 como gran novedad voy a volver a la rutina. Viajo a casa para disfrutar de unas vacaciones tradicionales y en familia. Aunque como ahora ya no podemos estarnos quietos, vamos a pasar este fin de año en la preciosa isla de Lanzarote, para que no se nos olvide que lo de este año de tranquilidad es una excepción, que tenemos que ir pensando en cómo y donde daremos el primer paso de 2015. No veo el momento de bañarme en la piscina en pleno diciembre.

A vosotros, amiguetes, os deseo que lo disfrutéis con salud y humor de una u otra manera. Nos vemos el año que viene. Sed buenos.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!