domingo, 2 de marzo de 2014

EL VÁTER PARA NO INICIADOS

Uno de los mayores temores del viajero que emprende rumbo a Japón es si va a ser capaz de comprender o, al menos, hacerse entender en este país. Lo más optimista que podría deciros es que sí, pero tampoco sería del todo cierto, así que os diré que de hambre uno no se muere, pero en que ciertos momentos la comunicación es del todo imposible sino hablas japonés. Así, te puedes ver frente a la puertas de unos baños públicos sin saber cual es la puerta de los maromos y cual la de las señoras, porque sólo hay un kanji que tú no entiendes, y ningún símbolo universal que te de una pista de donde debe amerizar tu nave.

Como de todo hay en la viña del señor, hay quien se preocupa de las personas que no dominan el idioma para guiarlas y llevarlas por el buen camino. Y así me encontré yo este artilugio la pasada semana en los servicios de una empresa:


Una consola de mandos para manejar el típico váter japonés, pero en este caso con un esquema en inglés adjunto para explicarte las funciones básicas: apertura y cierre de las tapas (sino ya me contarás tú a mí como empezamos), presión de agua del chorrico (cinco posiciones para trabajos mas y menos arduos), botón para parar (imprescindible en un sistema adictivo como éste), y lo que ellos llaman limpieza frontal (dibujo cara de chica) y limpieza trasera (dibujo del ojete), que no es más que la orientación que seguirá el chorrico en su parábola celestial. Visto así, fácil fácil.

Lo que ocurre es que esto no termina aquí. Este sencillo esquema esconde un sistema mucho más complejo que se descubre abriendo una tapa de la consola que nos deja al descubierto un nuevo mundo incomprensible que estaba ahí, pero que en nuestra bendita ignorancia desconocíamos que existía:


Las funciones básicas siguen estando ahí, pero muchas otras se agolpan a los lados esperando a ser aprovechadas para nuestra propia higiene y beneficio. ¿Sabéis cuáles son esas funciones disfrazadas ahora de kanjis? Pues eso me pasa a mí cada diez minutos en estas tierras dejadas de la mano de Dios.

¡Buena semana majetes!

martes, 25 de febrero de 2014

PLAYA DE BALANGAN, BALI, INDONESIA

Escuchar la palabra Bali nos hace a todos pensar inmediatamente en idílicas playas de arena blanca y aguas turquesas. No porque hayamos ido por allí cada mes de agosto cuando el sol aprieta, sino porque nos lo han vendido así en los medios desde pequeños junto con otros detalles adjuntos e inseparables: lujo asiático, selva frondosa y y perfectos combinados de vivos colores.

Y como suele pasar siempre, sólo parte de lo que nos cuentan es cierto. 




Playa de Balangan

Balangan es una playa ubicada al sur de Kuta y bien conocida por lo amantes del surf. Nosotros llegamos en moto (si no tenéis miedo os recomiendo que alquiléis siempre este medio de transporte en el sudeste asiático para moveros) en unos 30 minutos. Poco más que unos modestos bares regentados por locales (algunos permiten alojarse) y arena nos encontramos al llegar, combinación perfecta para nuestro plan de no hacer nada (con una pizca de cerveza) mientras veíamos a los profesionales cabalgar las olas.

La arena alcanzaba sólo hasta la línea de agua, así que darse un baño resultaba un juego de equilibrio con las resbaladizas piedras del fondo, y eso es demasiado trabajo cuando uno está de vacaciones. A escasos metros de la playa principal, se puede acceder a una pequeña cala donde disfrutar de relax y de aguas en calma. ¡Ojo!, que a última hora de la tarde sube la marea y se hace complicado regresar. La primera foto y la que sigue a este párrafo están hechas desde allí.


Y desde allí, después de otro fantástico día de verano, los intrépidos monos (y la gran Marta) tomamos nuestras motos de nuevo y nos fuimos a contemplar el mejor atardecer de la Isla de Bali, muy cerquita, cosa que os recomiendo no os perdáis para redondear la jornada playera.

Hay playas bonitas en Bali señorapero, al menos en la isla principal, son más un paraíso para el surfero que para el hombre de cubo y pala. Si lo que buscáis son playas de estilo caribeño, lo mejor es que os subáis a un barco para, en escasas dos horas, estar disfrutando de las Islas Gili tomar un vuelo a Bruselas, lo que a vosotros os venga más a mano, pero aquí eso de palmeras torcidas y arena fina, nada de nada.


jueves, 13 de febrero de 2014

TOSHIMAEN ONSEN, UN PEQUEÑO RINCÓN PARA VOLAR DE TOKIO

Ya estamos a viernes, y como empieza un nuevo fin de semana os voy a recomendar un sitio para vuestra próxima visita a Japón. Cuando uno viene a este bonito país, no puede dejar pasar la experiencia de probar los famosos baños termales: aguas calientes de origen volcánico con propiedades relajantes y, dicen, en algunos casos curativas. Sea como fuere, lo cierto es que es todo un rito en este país y forma parte de su cultura y tradiciones.

Muchas son las opciones para disfrutarlo repartidas por todo el territorio, aunque si se dispone de tiempo siempre es recomendable irse bien lejos, a un pueblo perdido en la montaña, para exprimir la experiencia al máximo. Para cuando no dispongamos de ese tiempo, los que vivimos en Tokio también tenemos otras buenas opciones y, desde luego, un poco más a mano. Si miráis en cualquier guía de viajes, vuestros huesos darán sin remedio con el onsen Monogatari, situado en la isla artificial de Odaiba. Buen sitio, sin duda, porque Odaiba es visitada obligada por sus vistas sobre la bahía de Tokio, pero con los inconvenientes de la masificación de gente que hay allí y de que encontraréis 3,4 guiris por metro cuadrado.

Pero aquí viene el Tío Chiqui para ofreceos una alternativa saludable y simpática. Toshimaen onsen se encuentra a un paso de Tokio y tiene un concepto similar al Monogatari: baños termales urbanos donde distraerse de la rutina diaria, pero desde luego en un ambiente japonés mucho más auténtico y sin tanta aglomeración de personas.




Una de las principales diferencias es que en este onsen podréis encontrar amplia una zona mixta de piscinas interiores y exteriores, lo que es recomendable si viajáis en pareja. Después se encuentran las áreas separadas por sexos con todo lo indispensable para disfrutar de la experiencia, principalmente si, como fue nuestro caso, vais en un día de frío invierno. Además, dentro de las instalaciones hay restaurante, cafetería, servicio de masajes y una zona donde descansar viendo la televisión o durmiendo una siesta como la que un servidor se pegó a pierna suelta tras degustar un poco de sashimi fresco.





Un pequeño rincón más para relajarse entre el ajetreo de la gran capital japonesa. Ahora sólo tenéis que comprar uno de los vuelos a Tokio y en un ratico estaréis sumergidos en cultura japonesa de la buena.

Nombre: Toshimaen Garden Spa
Dirección: 3 Chome-25-1 Koyama Nerima, Tokyo 176-0022
Web:  http://www.niwanoyu.jp (sólo en japonés)


¡Feliz fin de semana!

domingo, 9 de febrero de 2014

DIEZ COSAS QUE HE APRENDIDO DE LOS JAPONESES

Después de vivir en un lugar nuevo durante algún tiempo, parece de recibo, además de adaptarse a las costumbres propias del sitio, aprender los aspectos positivos de la cultura que te toca compartir. En un principio no resulta sencillo; todo es nuevo y habitualmente eso nos satura. Pero una vez que somos capaces de comprender ciertos comportamientos, sería absurdo no recolectar lo bueno, hacerlo un poco nuestro, y conseguir así el objetivo de mejorar día a día.

En esta ocasión me centraré en lo bueno, pero con esto no quiero decir que no haya descubierto cosas negativas. Las hay, a docenas, pero de esas ya hablaremos otro día. Hoy hablamos de lo que me gusta, de lo que he aprendido y me encanta de aquí. Como ya os haréis una idea, ¡oh! inteligentes lectores, todo ello está basado en mi experiencia personal; lo que he podido aprender en el círculo social en el que me muevo, en la empresa para la que trabajo….por lo que cualquier parecido con la realidad de otro individuo sería, probablemente, mera coincidencia.  

1.- Respeto y responsabilidad

El respeto es el icono de los japoneses en todo el mundo, y esto no va a pillar por sorpresa a nadie. Pero aunque bien sabido, no deja de ser un gustazo poder disfrutarlo cada día. Hay mucho (mucho, mucho) más respeto en este país que en ningún otro donde haya estado. En el trabajo, entre amigos, en la propia calle e incluso, por ejemplo, practicando deporte. No oirás un tono de móvil en el metro, ni te molestará nadie por la calle con alguna milonga. Aquí todo el mundo es igual de importante, y no se debe molestar al vecino por el beneficio propio. Eso no quita que haya excepciones puntuales: irrespetuosos haberlos, haylos.

De la mano de ese respeto pasea la responsabilidad nipona. No recuerdo haber tenido que dar mi tarjeta de crédito para reservar un hotel nunca. Ni reservando para mí, ni cuando lo hago para treinta personas. Si digo que voy, es que voy, y si no puedo ir aviso con suficiente antelación. Cuando eso pasa, te dan las gracias por la cancelación y te invitan a acompañarles en otra ocasión. Estas situaciones sólo pueden funcionar cuando la mayoría de la gente es responsable y respeta el oficio y el esfuerzo de los demás. Y doy fe de que la cosa funciona y que es un placer que las cosas sean así.

2.- Perfección en el servicio 

Seguro que no os resulta rara la situación de ir a tomar un café a un bar cualquiera, o a echar gasolina en el coche, y encontraos al típico dependiente maleducado con cara de vinagre al que parece que le haces un favor por comprar en su comercio. No es lo habitual, pero pasa en muchos sitios del mundo con más frecuencia de la debida. Gente que debería atender al cliente correctamente y en lugar de eso te estropea el día con un detalle desagradable. Pues amigos, eso creo que en Japón no me ha pasado todavía. Aquí casi todo el mundo es muy profesional sea cual sea el trabajo que desempeñe. Vas a una cafetería y tienes 5 personas corriendo como descosidos para servirte el café cuanto antes, en las mejores condiciones, con una educación envidiable y, si ese día tienes suerte, con una bonita sonrisa de oreja a oreja.

Os contaré una anécdota del primer viaje Albacete-Japón Express que explica muy bien a lo que me refiero. Cuando llegamos al hotel tradicional de Nikko, el director del establecimiento pasó a saludarnos antes de empezar la cena. Lo sorprendente del asunto es que se había preparado un pequeño discurso de bienvenida ¡en español!. Y sin haber estudiado jamás una palabra en nuestro idioma se las arregló para estar un par de minutos hablando. Increíble.

3.- Te digo que no sin decírtelo

Término conocido como Haragei (leer este artículo de Japonismo), y que yo considero más un arte que una habilidad. Se trata de una  parte de la comunicación japonesa mediante gestos o insinuaciones pero sin expresar lo que se siente con claridad. Las primeras veces me las comí con patatas claro. Pedía ayuda a un compañero de trabajo para un experimento y él me decía "sí, sí….creo que mañana puedo…aunque es un poco difícil…" mientras ladeaba su cabezón 36 grados este. Y al día siguiente a la hora acordada estaba yo allí sólo haciendo el curro porque resulta que mi compa, que me había dicho que sí, en realidad me estaba mandando a Cuenca, por la parte sur concretamente. Pero ahora ya no, ahora ya domino la técnica milenaria de "me río de tí y no te das cuenta", y la utilizo a mi favor cuando alguien me pide algo incómodo de hacer. Y oye, va la mar de bien.


4.- Las cosas no son lo que parecen

Y es que cada cultura es un mundo. Los gestos tienen diferente significado en distintos países: la manera de contar con los dedos, la forma de señalarse a uno mismo, la de expresar conformidad o, la tan manida costumbre de hacerle saber a alguien "que se puede ir a tomar por culo en cuanto tenga un ratejo". De la misma forma la percepción de los colores puede ser también diferente. Para los japoneses el color que nos da paso en un semáforo es azul (ao-青) y no nuestro verde que te quiero verde (midori-緑). Ocurre lo mismo cuando nos referimos a una fruta inmadura, para nosotros está verde, y para nuestros coleguitas orientales es azul. Todo ello tiene una historia fantástica, que podéis leer con detalle en este artículo de Kirai.

5.- Hospitalidad

Es otro de los tópicos al hablar de cultura japonesa, pero una vez más no debemos pasarlo por alto sólo porque sea conocido. Por lo general se es amable y cordial con el extranjero y, además de por la entendible curiosidad por lo exótico, tienden siempre a hacer que nos sintamos cómodos en un país que no es el nuestro. No os extrañe estar en un bar tomando una cerveza y que se os acerque alguien simplemente para saber más de vosotros, o simplemente por poder tener una conversación con las tres o cuatro palabras que conocen de otro idioma. Al contrario de lo que podría parecer, no resultan pesados ni molestos, ya que normalmente aplican aquí también la educación y el respeto de los que hablábamos anteriormente. Antes de acercarse y después de haberse ido, os pedirán disculpas trescientas veces pares por si os han molestado en algún momento. Haciendo además repetidas veces lo que explico en el siguiente punto.

6.- Sanas costumbres: agachar el lomo y descalzarse

Me encanta el asunto de las reverencias, ya que me parece una forma muy elegante de mostrar respeto a la persona que tienes delante. Lo hago a todas horas: cuando alguien me abre una puerta, cuando me presentan gente nueva o cuando le cedo a una señora el asiento en el tren. Tened cuidado porque una vez que te picas puedes quedar enganchado para siempre. Y así me podéis ver en situaciones cómicas agachando el lomo cuando voy conduciendo en la moto y alguien me cede el paso (o devolviendo el gesto a la señora a la que dejo cruzar en un paso de cebra), o hablando por teléfono o por skype pegando unos cabezazos que ni en mis mejores tiempos mozos.

Quitarse los zapatos antes de entrar a una casa o un restaurante es otro acierto en todos los sentidos. Por un lado, consigues no introducir la suciedad de la calle, y por otro, es más cómodo caminar descalzo cuadro te acostumbras a ello. Y todo hay que decirlo, de rebote uno cuida bastante más la integridad de sus calcetines, por aquello de la vergüenza.

7.- Gastronomía

Tengo el pico fino, eso es así. Siempre me ha gustado comer bien, y es algo que me viene de fábrica. No necesito mucho; prefiero calidad a cantidad. Tampoco tengo problemas con ningún alimento, pruebo lo que me pongan en el plato, y ya decido después si me gusta más o menos. Antes de venir había comido poca comida japonesa, pero desde que estoy aquí soy un adicto a comer japonés. No hay semana que no coma sushi o sashimi; me flipa el ramen, el udon, la tempura, el okonomiyaki, el kusiage, las gyoza y prácticamente cualquier plato de su gastronomía. Antes los comía porque vine aquí a vivir y es lo que había, pero ahora disfruto de ello tanto como de la gastronomía española. Y también me ha dado por el té verde (cosa que en la vida imaginaba que pasaría) y por algunos tipos de sake. Los japoneses disfrutan muchísimo de la comida (propia y ajena) y forma parte importante de sus vidas. Así que yo, igual.



8.- Relaciones laborales

Esto es algo más a título personal, porque depende de la experiencia de cada cual, pero al fin y al cabo es algo que he aprendido aquí. En el país donde la jerarquía en el trabajo es un referente, a mí me han tocado los dos mejores jefes a los que uno puede aspirar en cuanto se refiere al trato personal. Ni haciendo un esfuerzo hercúleo podría recordar una sola vez que me hayan faltado al respeto en estos tres años. 

Los dos son completamente diferentes: uno de ellos es afable, educado, cariñoso y se desvive porque te encuentres cómodo trabajando. El otro es más despistado e independiente, pero no oirás jamás una mala palabra de su boca, es muy natural y posee el don de la empatía: si yo estoy contento o disfrutando por algún motivo, se alegra instantáneamente por ello y además me lo hace saber, por si no me había enterado. Estos jefes no son de los que deciden que hay reunión a las cuatro y punto y se acabó, sino que te preguntan educadamente qué tal te iría sobre las cuatro, y que si tienes algo que hacer buscamos otro momento sin más problema. Estos jefes son de los que te dicen que si estás cansado, que te vayas a casa que lo primero es sentirse bien. Estos jefes son de los que disfrutan cuando les cuentas lo bien que fueron tus vacaciones, en lugar de ponerte todas las trabas y malas caras del mundo cuando quieres cogértelas. Estos jefes son los JEFES, y los quiero mucho y jamás podré estar lo suficientemente agradecido por todo lo que han hecho y siguen haciendo por mí.

9.- El chorrico

Es inconcebible que el váter japonés no haya ya conquistado el mundo entero. Aunque por lo general provoca algún recelo entre los que lo prueban por primera vez, la mayoría acaba rendido a un invento tan simple como higiénico. Muchas son las funciones novedosas que presenta este artilugio creado por los dioses: tapa que se abre y cierra automáticamente (que evita la eterna discusión entre sexos), música ambiental para amortiguar los incómodos sonidos corporales, chorro de agua de posición y temperatura regulables (según la ubicación del ojete de cada cual), asiento con calefacción para las crudas mañanas invernales o aire caliente para dejarte listo y limpio para el resto de la jornada.



10.- Tranquilidad

Dejo el último punto para lo que más me gusta de vivir aquí: la tranquilidad. Esa es la sensación que tengo el 99% del tiempo. El índice de delincuencia es tan bajo, que en este tiempo aquí no he podido siquiera percibirlo. Nunca pasa nada malo: no te roban, nadie te intimida y, en general, se puede disfrutar de la vida sin incidentes importantes.

Mi moto está siempre aparcada sin candado en la calle y en ocasiones (por desgracia demasiadas) con las llaves puestas porque se me olvida cogerlas. La puerta de casa muchas veces se queda abierta y por allí no entra ni un gato pardo, y mi portátil se queda en las mesas de la cafetería mientras yo voy a pedir algo o al baño sin amo que le cuide. También puedes dormir plácidamente en el metro sin miedo a que te roben (ver foto). Todas estas cosas y muchas más hacen que vayas relajándote poco a poco, que desaparezca el estrés, y que entres en un estado superior de confianza que va genial para el día a día.



Y eso, no tiene precio.

lunes, 27 de enero de 2014

REPLETOS DE AGRADECIMIENTO

Y no podía ser de otra forma. Porque por tercer año consecutivo Albacete-Japón Express vuelve a estar lleno de viajeros con ganas de que llegue el 12 de abril para subirse a ese avión que les traerá a descubrir Japón. Alguna parte de culpa del éxito debe ser de los que organizamos, no las tengo yo todas conmigo, pero lo que es seguro es que hay muchos de vosotros que lo hacéis posible ayudándonos con la difusión del asunto.

Y tengo post para demostrarlo:





Eurowon (¡con anuncio y todo incluido!) -- http://www.eurowon.com

Y junto a ellos, muchos otros que compartieron en redes sociales como Pau, de El Pachinko, la incombustible SerendipityAlberto (no os perdáis su blog de viajes en Asia). Millones de gracias por estar siempre ahí cuando se os pide ayuda. Y lo digo desde el gustico más sincero.

Otra gente que tiene algo que ver, me temo, son los viajeros de pasadas ediciones. Más de un correo me ha llegado diciendo que alguien le había contado que en estos viajes la liamos parda y morena. Así que como estamos de enhorabuena, aprovechamos para trasladaos también nuestro agradecimiento a vosotros, viajeros, no sólo por formar parte de esta comunidad (que ya empieza a hacerse grande), sino por ayudarnos a transmitir el espíritu de esta aventura que cada mes de abril nos hace ver la vida de otra manera.


Albacete Japón Express (2012)


Albacete Japón Express 2.0 (2013)

ありがとうございます :)