
De mi visita por la
región de Kansai me quedó por hablar de esta ciudad que fue capital de Japón durante más de mil años. En la actualidad es el corazón cultural y religioso del país. Y visita obligada. Cosa que hace que esté atestada de turistas que ensombrecen un tanto su gran atractivo. Nosotros solo tuvimos un día para verla pero os recomiendo una visita de dos o tres días porque hay mucho que ver y las distancias no son cortas.

Comenzamos nuestra visita por el templo Kiyomizudera (清水寺) o templo del agua, realizado completamente en madera (foto arriba). Desde aquí hay una gran visita de la ciudad. Los templos cuentan además con unos jardines espectaculares cuidados al detalle. Abajo detalle del jardín Zen del templo Ginkaku-ji (銀閣寺, Templo del Pabellón de Plata), segunda parada de nuestro paseo. Desgraciadamente en obras en ese momento.

Estos jardines están concebidos para la meditación en comunión con la naturaleza y dicen que se pueden experimentar increíbles sensaciones mediante su observación. Casi sin descanso y ya con las últimas luces del día acabamos en el templo Kinkaku-ji (金閣寺, Templo del Pabellón Dorado). El más impresionante en mi opinión.

Por supuesto además de muchos más templos se puede visitar el Palacio Imperial y pasear por sus estrechas calles. Precisamente así tuvimos la suerte de cruzarnos con alguna Maiko (舞子, aprendiz de gheisa). Amablemente una de ellas aceptó posar conmigo para la foto. Estaba más tensa que una estaca.

Vamos, que me gustó mucho la ciudad. Os recomiendo si tenéis un ratejo pasaros por allí.
¡Un abrazo a todos!