Ganar dinero. Ni el precio moral, ni las trabas éticas, deben ser un obstáculo para conseguir tocar tu meta con éxito. Tenlo presente, el objetivo es claro y sencillo: llega hasta donde tengas que llegar, haz que tiemble el cielo, dale la vuelta al infierno, pero consíguelo. Y cuanto más mejor.
Asco. De haber tenido confirmación de que la información no es un derecho, sino un lujo por el que debemos pelear. De ver manipulaciones descaradas, titulares abultados con los que se busca una moneda más para la montaña. No es que piense en abiesas y retorcidas intenciones, ni hablar, ya dejo eso para los amantes de las intrincandas conspiraciones secretas. Veo que no se busca la alarma social y la desinformación, éstas no son más que daños colaterales que los grandes grupos de comunicación aceptan como parte del circo. Lo he visto muchas veces; al lado de un texto simple ponen una imagen falsamente relacionada, pero que sólo busca sugestionarnos y despertar nuestra angustia. Asqueroso. De ninguna manera me permito generalizar entre el gremio de los periodistas, que supongo repleto de excelentes profesionales. Intuyo que los mejores comparten destino con los buenos políticos, que no siendo saludables para el sistema, son apartados para que realicen tareas menores, son silenciados para que dejen de molestar. Mis respetos para esa resistencia refugiada en el exilio.
Miedo. De comprobar que carecemos del gran valor del pensamiento libre, del que ridículamente presumimos. De entrar al juego con la excusa de vivir en sociedad. De tener la certeza de caminar en la dirección del viento que marcan, con otros miles a mi lado formando el gran rebaño. No luchamos, ni siquiera hacemos por ponerlo difícil. Miedo al ver el miedo en ojos ajenos, a no entender la razón que otros me exponen, porque no veo lo que ellos ven, o tal vez porque me niego a imaginar lo que inventan. De ver como convierten molinos en gigantes, que se hacen infinitos cuanto más invisibles los vemos. Aunque también a equivocarme, a acostumbrarme al engaño, a no ser lo suficientemente prudente y responsable a la hora de administrar todo lo que me llega.
Mis disculpas por salir del redil y no hablar hoy del rescate de Portugal, que es lo que toca.
¿O sí hablamos de eso?